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"Resistir es vencer".
Juan Negrín López.
(Presidente del último Gobierno Republicano, antes del final de la Guerra Civil).
"La argumentación según la cual aquellos que no estuvimos
presentes en los acontecimientos no podemos
juzgar parece convencer a la mayoría, en cualquier lugar del
mundo, pese a que es evidente que, si fuera justa, tanto la
administración de justicia como la labor del historiador no
serían posibles".
Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén (1963).
(Filósofa, escritora, historiadora, profesora universitaria alemana)
"Lo condujeron de una pobreza a la siguiente;
satisfecho con este juego
que acabó por llevarlo de nuevo al norte,
al lugar agradable,
donde la diferencia era cruel
donde la pobreza que aún no había llegado
sería mucho más cruel".
Tarek Eltayeb. El terror de la pobreza.
(Escritor, poeta y profesor universitario, nacido en El Cairo de padres sudaneses)
Excelentísimo Sr. Embajador de Palestina, Husni Abdel Wahed; dignos representantes diplomáticos y consulares en España:
He visto, recientemente, una imagen fotoperiodística de gran impacto para mí. Irremediablemente, el dolor humano y la calidad de la instantánea que transpira la representación de las figuras- tres -, suponen como el trasunto o metáfora simbólica del sufrimiento de un pueblo oprimido, de una maldita alegoría sobre su diáspora y un destino continuado surcado de muerte, destrucción y acoso continuado, criminal.
Es como si Caravaggio hubiera pintado y vivido hoy en Gaza. Un territorio de 360 Km2, 41 Km de largo por, entre 6 y 12 Km de ancho, para 1,8 millones de personas. La cárcel más grande, al aire libre, del mundo.
Los tres personajes de la composición están en primer plano, con una disposición triangular de menos de tres cuartos de su figura. En el centro, la imagen principal, es una mujer gazatí, con velo negro, agachada, intuyo que de rodillas, transida de dolor, con un llanto incontenible, ligeramente ladeada hacia la derecha según la perspectiva del observador, con la cara desencajada por la atrición, sus mejillas carmesís, los ojos arrasados por las lágrimas, la vista dirigida hacia el suelo, donde, con toda seguridad yacen los cadáveres de sus deudos asesinados, un velo negro que la cubre la totalidad de su cuerpo dejando ver sólo sus manos cruzadas sobre un pecho en actitud de desesperación y desamparo.
En escorzo, a derecha y a izquierda se presentan dos protagonistas más, que intentan mantener una actitud de ayuda, consuelo, empatía y dignidad ante la atormentada mujer. En ambos casos, se encuentran encorvados de medio cuerpo y sus caras se muestran veladas para la persona que contempla la composición.
A la izquierda, según la mirada del espectador, se encuentra un hombre maduro que sujeta con firmeza y fuerza por lo hombros a la desolada imagen protagonista de la fotografía. Lleva el varón una prenda negra que, a mi modo de ver, aumenta el patetismo del conjunto, y nos deja ver la imagen la estampa de su calvicie incipiente. A la derecha una mujer, que se me antoja joven, de la cual tampoco observamos su cara; apenas su nariz, parte de sus mejillas, y el arranque de su flequillo negro que escasamente sobresale de un velo color marrón claro, con pliegues que le cubren toda la cabeza. Ella rodea con su mano izquierda el brazo de nuestra protagonista. La atmósfera que rodea la plenitud de la composición es obscura, y las manchas de color que nos vienen a iluminar la dramática escena, están compuestas por la cara de nuestra dolorosa gazatí, el velo del personaje femenino de la derecha, la parte superior de su cabeza y lateral izquierdo de la mejilla del hombre, además de las manos de los tres personajes.
A mí, personalmente, me sugiere una suerte de Dolorosa. Imágenes religiosas éstas, que se han constituido en temas recurrentes Renacentistas y Barrocos en el Arte Sacro Occidental: la Virgen ante el Nazareno descendido de la cruz y ya inerte, después de su agonía.
La imagen fotoperiodística desprende ese mismo halo sombrío, negro, lúgubre tiznado por el patetismo conmovedor y la llamada a una contemplación serena, solidaria, reflexiva e introspectiva.
Con todo el respeto y la admiración remito este sentido y sincero texto, para subrayar el dolor de esta mujer palestina que evoco en la descripción anterior. Vayan por delante mis respetos por sus difuntos, en la ceremonia mortuoria (ar-dafin), consideración que hago extensiva a ella, sus familiares y amigos.
Palestinae pia matrem suam. (Madre amantísima Palestina):
¿Qué le puedo decir, qué puedo acometer, atender, consolar y llorar ante su dolor inveterado, de madre, esposa, abuela gazatí, o cisjordana? Sí, yo soy uno de esos teóricos progresistas e izquierdistas, ingenuos y bienintencionados que claman en el desierto de su patria (España, la Unión Europea), que protestan cerca del frigorífico, la comida caliente, la cama confortable.
Estoy a 3.384,63 km de donde le golpean las bombas del enemigo sionista, donde mueren los tuyos, del lugar en el que el cinismo del mundo se hace más patente y abominable; y aún tengo la disposición de ánimo de espetarte, dentro de una cárcel a cielo abierto: “¿quién dijo que todo está perdido?; yo vengo a ofrecer mi corazón” (Fito Páez, cantautor argentino). “Vamos haciendo la nueva canción, la de la derrota que crea primaveras” (Daniel Viglietti, cantautor uruguayo). Lo único que me asiste es una loca esperanza de Paz, Piedad y Perdón (Manuel Azaña, último Presidente de la República Española).
Firmo papeles, cartas, denuncias, asisto a manifestaciones, actos de protesta, porto pancartas, doy gritos dirigidos al cielo de Madrid; saludo dando la mano al Sr. Embajador de Palestina en España, Husni Abdel Wahed; acudo a académicos discursos para infórmame de los graves diagnósticos y de la ignominia que sufre su pueblo, Madre, cansado ya de los fracasos de lo pretendidamente nuevo, de las promesas de Paz hechas añicos, de más de 77 años de sufrimiento y miedo (1948-2025). Tengo la consciencia irrefutable, la convicción de que los que hoy mueren en Yan Yunis (2025), son los mismos que morían en la masacre de Deir Yassin, (9 al 11 de abril de 1948).
Llevo la vergüenza adosada a mis manos. ¡Qué tiempos estos, en los que ya no existen las Brigadas Internacionales!; sino centenares de admirables voluntarios, militantes de la vida, que tratan de ayudaros (médicos, enfermeras, conductores, maestros, periodistas, trabajadores de la UNRWA, logistas, etc…) sufriendo vuestro propio destino; desviviéndose, a veces, desgraciadamente, desmuriéndose.
Es imposible ya hombres comprometidos y de fuste, soldados voluntarios, como los que vinieron a defender a la República Española. Personas voluntarias y firmes con un alma sin fronteras, todos aquellos que nunca fueron mercenarios, cada uno de los que lucharon con las armas en la mano contra el fascismo, que quisieron apaciguar la sed de las panteras (Miguel Hernández, poeta español); en estos malditos y terribles tiempos de armas inteligentes de destrucción masiva y muerte teledirigida.
No, no necesita tu pueblo, Madre Dolorosa, escaladas bélicas o rearmes; precisa lo que los cínicos gobernantes europeos “democráticos”, pretendidos valedores y defensores del orden jurídico internacional os niegan: Justicia, Defensa y Seguridad; es decir: una acción, una voluntad política valiente y decidida de lo que le cuadraría y correspondería a un pensamiento crítico, a gentes que saben dónde asirse: sanciones económicas, un embargo total de armas, la aplicación del Derecho Internacional, además del aislamiento diplomático e internacional al régimen sionistas, al Estado de Israel.
Pero hay mucho ruido, demasiado ruido Si se callase el ruido bronco y cacofónico, podríamos oír la lluvia caer, porque aún tiene que llover a cántaros. Descansaríamos de noticias falsas, bulos, necedades y demás intoxicaciones sonoras que nos afectan. Nuestro sensible cerebro agradecería el final de tanta cháchara inmunda de esos políticos europeos “democráticos” confusos, contradictorios, hipócritas, o incluso cómplices de vuestras penurias, esos que hablan sin respirar. Podría dedicarse uno a escuchar el encanto sonoro de la música (Himno a la Vida en Tierra Santa de Fernando Arbex), esa que más nos deleite y acompañe, de escuchar a los que, desgraciadamente, no tienen voz. Solazarse con el sonido del mar mediterráneo, allí al alcance de la mano; persuadirnos, una vez más, que la poesía es un arma cargada de futuro, un puente sobre aguas turbulentas. Tal vez, simplemente, experimentar el silencio atronador de la reflexión o, por qué no, de la ausencia de cualquier diálogo interno. La Paz transmutada en silencio, que no añora voces, sino caricias. “La solidaridad es la ternura de los pueblos” (Gioconda Belli).
Si mi insignia, con la bandera palestina, valiera un ápice de tu lucha secular, de tu transido duelo ante la mortandad, tu desesperación ante el hambre, la sed, la desesperación que asola a los tuyos en la búsqueda infructuosa de un lugar seguro, que no existe, donde guarecerse; ya me daría yo por satisfecho.
Madre amantísima palestina (Palestinae pia matrem suam):
Tu sufrimiento inaudito e inenarrable, insufrible para tu persona ante los cadáveres, ¿quién sabe?: tus hijos, esposo, nietos u otros familiares; me sobrecoge el ánimo, y sólo puedo ofrecerte cuatro versos, tan escaso y misérrimo es mi legado:
“Dolorosa madre amantísima palestina, /
en Gaza y Cisjordania /
tus hijos no saben dónde caerse vivos, /
para no erguir otro muerto”.
¡Viva Palestina Libre! ¡Viva la lucha del Pueblo Palestino!





