lunes. 17.06.2024
Ding Liren

A finales de abril se ha proclamado nuevo campeón del mundo de ajedrez el jugador chino Ding Liren (30 años). Se enfrentaba al ruso Nepomniachtchi (32 años) y tras empatar –mejor dicho, entablar– 14 partidas a ritmo normal o clásico, se ha jugado el desempate a ritmo rápido (25 minutos más 10 segundos por jugador) y en la cuarta de estas partidas el chino ha construido una obra de arte –aunque no exenta de algún error táctico como es natural según los expertos– y ha reemplazado como campeón al que lo era hasta ahora el sueco Magnus Carlsen (32 años).

A diferencia de la anterior disputa entre este mismo ruso y el sueco que sí defraudaron en parte y, sobre todo, el decepcionante encuentro anterior por el mismo título entre Carlsen y el italo-americano Fabiano Caruana, que entablaron todas las partidas a ritmo clásico, esta vez ruso y chino ganaron 3 partidas cada uno más algún empate emocionante en las partidas a ritmo clásico. Y la cuarta partida a ritmo rápido –entablaron las 3 primeras– que le ha dado el título a Ding Liren ya forma parte de la historia del ajedrez por el formidable juego de ambos, pero que el chino, con una confianza en sí mismo extraordinaria, superó al ruso; especialmente notable una jugada en la que se autoclava una torre a tiro de dos movimientos del peón de torre del lado del rey y que hubiera provocado la pérdida de la misma.

Pero es que el jugador chino tuvo que ver toda la secuencia y otras variantes con ¡menos de dos minutos! para salvarla y ganar la partida. Aún así el ruso cometió algunos errores para su nivel –para los aficionados hubieran sido incluso aciertos– que le hubieran dado las tablas. Sin embargo, a este nivel si no juegas la mejor dentro de una estrategia, te puede llevar a la pérdida de la partida o, como máximo, a conseguir las tablas. El ruso tuvo sus oportunidades al menos de entablar esta cuarta partida cuando ya no dominaba y no lo vio. Se cumplió el aforismo de otro jugador histórico como fue Tartakower, que decía que quien gana una partida es el que comete el penúltimo error.

¿Es con este título en la mano y en la testa de Ding Liren el mejor jugado del mundo? Creo que ese título oficioso se lo va a tener que ganar a partir de ahora. En primer lugar el jugador con más ELO –el sistema de puntuación en ajedrez análogo pero no igual al del tenis– sigue siendo el sueco Carlsen y, si sigue jugando, no va a ser fácil superarlo. Además sueco y chino tienen similares edades, por lo que envejecerán al mismo tiempo, a diferencia de Karpov y Kasparov, donde el primero le sacaba –y le saca– 11 años al segundo, o a diferencia de Viswanathan Anand y con el que era hasta hace menos de una semana campeón, es decir, con Carlsen, que le sacaba el primero a éste 22 años cuando disputaron el título. Nepomniachtchi ya jugado, por tanto, 2 veces para el campeonato del mundo y no lo ha conseguido, pero ha estado ahí y sigue siendo un tremendo jugador. Quizá su punto débil, según los expertos, es su temperamento, que le hace jugar innecesariamente deprisa y a estos niveles suele ser un factor negativo. El chino, en cambio, parece de hielo, aunque esto es engañoso porque, como dice el refrán religioso, la procesión va por dentro.

También pone todo esto en cuestión el anacronismo de seguir disputando el campeonato del mundo mediante este sistema, cuando lo más lógico en los tiempos actuales sería hacerlo en un torneo donde se enfrentaran los mejores del mundo a doble vuelta (para jugar cada uno contra los adversarios dos veces, una con blancas y otras con negras). Pero la FIDE sigue anclada en el pasado. Creo que la situación actual de tener a un campeón del mundo con menos ELO que otro –que ni siquiera ha querido presentarse a la disputa– puede ayudar a meditar a los burócratas de la Federación Internacional.

Sigue habiendo problemas en el ajedrez como es la ventaja de jugar con blancas, que puede ser paliada o combatida de varias maneras; también es un problema que se permita a jugadores jugar por otros países, como es el caso de Francia alistando en sus filas al iraní Alireza Firouzja o el de USA, país que disputó la olimpiada con cuatro jugadores ninguno nacidos en el país de Fischer (un filipino, un cubano, un italo-americano y un armenio). Es verdad que España tiene a Shirov que es de origen ruso aunque hace tiempo nacionalizado español y que llegó a disputar la corona mundial con Kasparov, pero creo que va a ser por poco tiempo porque nuestro país tiene formidables jugadores –que los medios de comunicación ni se han enterado salvo El País con Leontxo García– como Paco Vallejo, David Antón, Jaime Santos, Miguel Santos, Iván Salgado, Daniil Yuffa, junto con otros jóvenes (Pedro Ginés), y Shirov ya pasa de la cincuentena. En cuanto a las chicas, es verdad que tienen menos nivel que los chicos, pero al menos en Europa son de las mejores, como se ha visto en las últimas clasificaciones de la olimpiada y del campeonato del mundo. España tuvo no hace mucho el mejor torneo del mundo (Linares) y hace un siglo el mejor lugar del mundo para el juego de los 64 escaques que fue San Sebastián.

Y eso es todo, pero los aficionados hemos disfrutado como… como aficionados, que no pudimos en su día dejar de serlo por falta de talento para pasar a mayores, pero nos consuela saber que sin aficionados –como cualquier deporte, por ejemplo– no habría torneos de ajedrez. Hablando de deportes, siempre se discute si el ajedrez  es un juego o eso, un deporte y mi opinión no hay duda: es un juego, un juego maravilloso y que demuestra la alta performance del cerebro humano, pero sólo un juego.

Y eso lo demuestra que hoy día las máquinas son imbatibles incluso para los grandes maestros y, que yo sepa, las máquinas no van a ningún gimnasio ni compiten para saber quién es el más rápido, el que salta más o el que lanza más lejos, porque el ajedrez es pura lógica, lógica construida con unas reglas determinadas: con otras reglas sería otra lógica, como el resto de los juegos (el go chino, el dominó, el parchís, los juegos de cartas, el cubo de Rubik, etc.). Y ahora sí acabo.

Madrid, 2 de mayo del 2023.

Habemus nuevo campeón del mundo