martes 16.07.2019

La guerra en tiempos de Napoleón

Napoleón contó con un ejército muy potente. Su núcleo principal era la Grande Armée, que en julio de 1812 llegó a contar con casi 600.000 soldados.

Francia contó con la colaboración en muchos países de personas y sectores sociales partidarios de las reformas napoleónicas: afrancesados, filojacobinos, ilustrados...

Entre 1792 y 1815 la guerra fue constante en Europa: entre Francia y las potencias europeas, aunque en distintas combinaciones. Francia se enfrentó a otros estados pero, además, abanderando los cambios revolucionarios, cuando sus ejércitos conquistaban un territorio, sus nuevas autoridades emprendían profundas reformas para abolir el Antiguo Régimen.

Es importante destacar que los éxitos militares napoleónicos fueron tan importantes porque las batallas se libraban contra ejércitos del Antiguo Régimen y porque Francia contó con la colaboración en muchos países de personas y sectores sociales partidarios de las reformas napoleónicas: afrancesados, filojacobinos, ilustrados etc.. Las élites intelectuales europeas fueron afines a lo que pretendía Napoleón, aunque con el tiempo se produjo un divorcio en esta relación ante la deriva tiránica del emperador.

Napoleón contó con un ejército muy potente. Su núcleo principal era la Grande Armée, que en julio de 1812 llegó a contar con casi 600.000 soldados. En este ejército fue muy importante la participación de cuerpos de soldados extranjeros: italianos, alemanes y polacos destacaron en la colaboración. Además, Napoleón introdujo importantes cambios en la forma de hacer la guerra. El emperador creía en la movilización de grandes formaciones militares a través de grandes espacios, una gran velocidad para maniobrar y llevar a las formaciones al lugar necesario de la batalla con el fin de sorprender a los enemigos cuando estaban separados o separarlos cuando estaban reunidos. Por eso era importante moverse por la noche, produciendo la sorpresa al amanecer.

El ejército debía dividirse en tres líneas: la primera iniciaba el combate muy dispersada, apoyada por la caballería y la artillería; la segunda actuaba en masa, concentrando las fuerzas en los puntos donde la penetración era más fácil; y la tercera intervenía para rematar el ataque en el momento decisivo.

La concentración de las fuerzas en un punto es otro aspecto importante en la teoría de la guerra napoleónica porque provocaría la superioridad numérica en un lugar fundamental de la batalla. No había que atender todos los puntos, sino concentrarse donde el enemigo parecía más débil y atacar con todas las fuerzas para abrir una brecha.

Por fin, estaba la táctica de las maniobras. Napoleón creía en dos tipos de maniobras.

La lista de éxitos militares franceses es muy larga: Austerlitz contra austriacos y rusos en 1805; Jena, contra los prusianos (1806); Eylau y Friedland contra los rusos (1807); Wagram, contra austriacos (1809), etc..

El conflicto con Gran Bretaña, siempre presente en las coaliciones contra Napoleón, obedecía más a causas económicas y de equilibrio internacional de poderes, que a cuestiones ideológicas, que animaban más a los reyes y emperadores absolutos europeos continentales. Tenemos que tener en cuenta que Napoleón intentó desafiar el poderío comercial y marítimo de Gran Bretaña. Para ello, decretó el bloqueo continental el 21 de noviembre de 1806, que prohibía el comercio de cualquier país europeo con Gran Bretaña. El objetivo era hundir la economía británica y también se deseaba potenciar la industria francesa al hacerse con los mercados que tendrían que abandonar los británicos. El bloqueo tuvo dos fases, con el año 1810 como punto de inflexión. En la primera se buscó la aplicación rigurosa del bloqueo pero Napoleón tuvo que aflojarlo porque comprobó que también se resentía la economía francesa, de ahí la segunda etapa. Por otro lado, la aplicación del bloqueo presentó tres grandes problemas. En primer lugar, había que obligar a países neutrales a cumplirlo, de ahí que, hubiera que emprender empresas militares de gran envergadura como en Italia y la invasión de Portugal. El problema que no tenía solución lo representaban los Estados Unidos. El contrabando fue el segundo problema. En el Mediterráneo y en el Báltico se pudo más o menos controlar. Napoleón presionó a la Hansa y vigiló el Elba, pero en el mar del Norte fracasó claramente por el poder inglés en la zona. Por fin, el estallido de la guerra en España dio un claro respiro y salvó al comercio británico. Junto con la presencia del ejército de Wellington llegaron los productos ingleses y hacerse con algunas materias primas. Además penetró claramente en el comercio con las colonias españolas y portuguesas americanas. El cáncer que suponía para Napoleón el conflicto español le obligó a retirar tropas en la Confederación Germánica, disparando el contrabando en el mar Báltico, ya mucho menos controlado. La guerra en Rusia remató finalmente el bloque continental.

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