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lunes. 26.09.2022
arguelles

Agustín de Argüelles fue un destacado político asturiano, protagonista indiscutible de la Revolución Liberal en España, y cuyo apellido terminó por dar nombre a un importante barrio madrileño. Fue conocido como el “Divino Argüelles” por su brillante oratoria

Argüelles nació en Ribadesella en 1776, cursando leyes en Oviedo. Fue nombrado secretario de la Junta Real de Hacienda y Legislación en septiembre de 1809, organismo que había creado la Junta Central. Fue diputado por Asturias en las Cortes de Cádiz, donde fue designado para pertenecer a la comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución. En agosto de 1811 leyó en las Cortes el Discurso Preliminar del Proyecto de Constitución que él mismo había redactado. El texto es importante porque constituye una justificación sobre la necesidad de una Constitución en España, además de condensar el espíritu liberal que debía inspirar el texto constitucional. Argüelles se destacó en la discusión y redacción de gran parte del articulado, por lo que puede ser considerado uno de los padres de la primera Constitución española. A Argüelles se debe la abolición del tormento como medio de prueba en el proceso judicial, algo propio de los procesos en el Antiguo Régimen. También se preocupó por el reconocimiento del derecho de la libertad de imprenta (de expresión, en nuestra terminología actual) y contra la trata de esclavos. Argüelles puede ser considerado uno de los liberales más prototípicos del primer liberalismo español por su intensa preocupación por terminar con la sociedad estamental y con el Antiguo Régimen, en general. En este sentido defendió la abolición de los señoríos, especialmente de los jurisdiccionales, porque atentarían contra el principio de igualdad ante la ley y la centralización judicial y administrativa del Estado. También fue un firme defensor de la propiedad y de su libre uso contra las vinculaciones propias del Antiguo Régimen. En esa misma línea, criticó las cortapisas legales e institucionales a la libertad de contratación y del comercio. Argüelles era consecuente en sus ideas liberales políticas y económicas.

La restauración del absolutismo con el regreso de Fernando VII tuvo que afectar necesariamente a la situación de un liberal tan destacado. Fue detenido y condenado a servir como soldado en Ceuta, pero al ser declarado inútil fue encarcelado en Alcudia. Estuvo encerrado hasta el triunfo de Riego y el establecimiento del Trienio Liberal. En este intenso período volvió a la primera plana política, ya que fue nombrado ministro de Gobernación en el primer gobierno liberal. Como es sabido, en el Trienio comenzó la división en el seno de liberalismo español, entre los moderados y los exaltados, que en el reinado de Isabel II se consolidaría entre moderados y progresistas. Pues bien, Argüelles optó por la familia moderada, ocupando un puesto de liderazgo en la misma. Prueba de ello es que persiguió a las Sociedades Patrióticas, baluarte del liberalismo exaltado. Tuvo que dimitir muy pronto, por el conocido como el escándalo de la “coletilla” añadida por el rey en el discurso de apertura de las Cortes en 1821. Entre 1822 y 1823 fue diputado por Asturias, y apoyó al gobierno de Martínez de la Rosa, uno de los líderes del inicial moderantismo liberal español.

El fin del Trienio y la vuelta al absolutismo en 1823 y, ante la experiencia vivida en el pasado, motivaron que Argüelles optase por el exilio. Se marchó a Inglaterra. Regresó a España con la muerte de Fernando VII y la instauración del régimen del Estatuto Real de 1834 de Martínez de la Rosa en la Regencia de la Reina Gobernadora. Fue elegido procurador de las Cortes. Argüelles había evolucionado políticamente y ahora se inclinaba hacia el liberalismo progresista. Prueba de ello fue su apoyo a la desamortización emprendida por Mendizábal, uno de los puntales del liberalismo progresista de aquellos momentos.

Después de la sublevación de los Sargentos de La Granja de 1836 y la reposición de la Constitución de 1812, Argüelles fue elegido diputado en las Cortes Constituyentes que elaboraron la Constitución de 1837, siendo uno de sus padres también. Argüelles fue uno de los responsables del carácter mixto de esta Constitución que aunaba aspectos del progresismo con otros del moderantismo.

El nombre de Argüelles se tuvo en cuenta para reemplazar a la Reina Gobernadora en la Regencia cuando María Cristina renunció en 1840. Un importante sector del progresismo temía a Espartero, planteando una especie de Regencia con tres miembros, y pensaron que Argüelles podía participar en la misma, pero, como es sabido, el elegido como Regente único fue el general Espartero. En todo caso, no dejó de tener protagonismo político porque en 1841 fue elegido para presidir el Congreso y fue designado tutor de la reina Isabel II por decisión de las Cortes. Desde París la reina María Cristina consideró que aquello era una verdadera usurpación. Argüelles murió en el año 1844.

Por fin, Argüelles llegó a altos grados en la Masonería española.

Entre las obras que escribió citamos las siguientes: Introducción a la Constitución de 1812, Examen histórico de la reforma constitucional, que hicieron las Cortes generales y extraordinarias desde que se instalaron en la Isla de León el día 24 de Septiembre de 1810, hasta que cerraron en Cádiz sus sesiones en 14 del propio mes de 1813, y Memoria acerca de la administración de la Real Casa y Patrimonio de S. M. en 1812.

Un concurrido barrio madrileño, que comenzó a construirse en el ensanche noroeste de la ciudad unos años después de su muerte, fue bautizado con su nombre. Una estatua lo inmortaliza en la confluencia de las calles Ferraz y Paseo de Rosales.

Agustín de Argüelles, “el Divino”