sábado. 13.04.2024
Xi Jinping y Lula da Silva
Xi Jinping y Lula da Silva

Resonaban todavía las declaraciones de Macron a favor de la autonomía estratégica de Europa y la necesidad de no verse atrapados en conflictos no elegidos, cuando la onda de choque sobre la cohesión del mundo occidental se replicaba desde otras latitudes y ubicaciones geoestratégicas. La pretensión norteamericana de alinear al discutiblemente llamado “mundo libre” bajo su liderazgo, frente a la “amenaza” rusa y al “desafío” chino parece hoy una quimera.

El presidente de Brasil acudió a la Casa Blanca para agradecer el apoyo de Biden en la crisis inaugural de su tercer mandato (revuelta desordenada de seguidores de Bolsonaro frente al complejo institucional de Brasilia el 8 de enero) y suscribir una declaración de compromiso con el “fortalecimiento de las instituciones democráticas”. Pero luego viajó a China para respaldar un plan de paz para Ucrania, que Pekín codifica en una docena de puntos ambiguos e interpretables. Días después, Lula recibió al jefe de la diplomacia rusa, para dejar claro que, como su colega francés, el líder del país más grande del patio trasero norteamericano tampoco quiere dejarse en peleas que no elige o en las que percibe que sólo puede perder (1).

De manera simultánea a estos acontecimientos, se desataba el penúltimo (habrá pronto otro, sin duda) caso de filtraciones que desvelan inconsistencias y contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, lo que se piensa y lo que se proclama en política internacional. En realidad, sorpresas conceptuales, ninguna. Solo los adeptos o los ingenuos pueden sorprenderse o escandalizarse. 

Macron y Lula no pueden ser más distintos y, sin embargo, están más de acuerdo de lo que quizás ellos mismos están dispuestos a admitir

Tampoco es una novedad que las alianzas internacionales son menos sólidas de lo que sus dirigentes pretenden hacernos creer y las lealtades mucho más difusas y dependientes de la geometría variable de intereses cruzados, interdependencias inevitables y desconfianzas tan viejas como la convivencia/hostilidad entre naciones, clases y religiones.

EL MODELO DE LOS BRICS

Macron y Lula no pueden ser más distintos y, sin embargo, están más de acuerdo de lo que quizás ellos mismos están dispuestos a admitir. Representan a dos mundos diferentes, con dos trayectorias históricas incluso opuestas (colonial, el primero; colonizado, el segundo). Ambos dependen de Estados Unidos, aunque en medidas asimétricas, para garantizar íntegramente su seguridad. Pero los dos aspiran a ejercer su parcela de liderazgo regional sin apenas cortapisas.

Las palabras pronunciadas por Lula en la toma de posesión de Dilma Rousseff como nueva Presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo son elocuentes: “Cada noche me preguntó por qué todos los países del mundo tienen que realizar sus transacciones comerciales en dólares. ¿Por qué no podemos emplear nuestra propia moneda? ¿Por qué no innovar? ¿Quién ha decidido que la moneda sería el dólar, después de desaparecer el patrón oro?” (2).

El Nuevo Banco de Desarrollo es la institución financiera creada por los BRICS para asentar su coordinación ante los retos de la economía internacional. Las estimaciones de algunos de sus principales economistas indican que este grupo de países emergentes reunirán más del 50% del PIB mundial al final de esta década. Eso quiere decir que Brasil (B), Rusia (R), India (I), China (C) y Suráfrica (S) son ya un actor indesplazable en la escena internacional. Son cinco todavía pero ya se perfilan nuevos socios, a los que sólo falta formalizar su solicitud de adhesión y que se definan sus condiciones de ingreso.

Las estimaciones de algunos de sus principales economistas indican que este grupo de países emergentes reunirán más del 50% del PIB mundial al final de esta década

Los BRICS no aceptan ser considerados como un bloque. No comparten los mismos sistemas políticos, ni la misma cultura. Discrepan en muchas cosas, e incluso, como en el caso de India y China, tienen disputas bilaterales no menores que han provocado choques militares. Pero la dinámica internacional de confrontación los acerca, aunque no de manera uniforme o simétrica. La “amistad sin límites” declarada por rusos y chinos no esconde diferencias incluso territoriales a lo largo de sus 4.000 kilómetros de frontera, por no hablar de una desconfianza recíproca desde los años sesenta, al menos.

Lo que une a estos países es la voluntad de no dejarse condicionar por un orden internacional basado en supuestos valores universales. La desaparición de la URSS proyectó una nueva visión del “mundo feliz” (el final de la Historia, dijeron otros) bajo tutela norteamericana, con la ayuda sustancial de sus socios principales en Europa, Asia y Oceanía. El sistema liberal democrático es la coartada que transforma en valores universales los instrumentos de preservación del equilibrio actual, tanto económicos como militares.

En los BRICS de ahora, o en la composición resultante de futuras incorporaciones, sobresale, naturalmente, China. Su dimensión es superior, según algunas magnitudes, a la del resto de socios conjuntamente. Y si miramos a ese Sur Global, como se dice ahora, no puede pasar desapercibido que Pekín es el acreedor de una deuda de casi 1 billón de dólares. Es decir, estaríamos ante el espejo inverso del Orden liberal. Con la diferencia de que los BRICS no mantienen una alianza militar formal ni un sistema de valores políticos condicionantes. Nada de obligación contractual de apoyo mutuo que caracteriza a la OTAN, en Europa, y la que aún está por dibujar en AUKUS, en el Pacífico. Los emergentes, en cambio, se adaptan a una geometría estratégica flexible y variable, cuya única norma es el respeto a las realidades políticas de cada cual. Sin interferencias, al menos expresas (3). 

No puede pasar desapercibido que Pekín es el acreedor de una deuda de casi 1 billón de dólares

ESCALENO, NO EQUILÁTERO

La flexibilidad que caracteriza a los BRICS+X permite acuerdos de distinta dimensión e intensidad con Occidente y con países terceros que se mueven en un terreno menos definido de la escena  Ello da lugar a un mundo triangular, que presenta formas distintas según el caso y el momento. No se trata de un triángulo equilátero, sino escaleno, con lados desiguales y movibles.

India es un buen ejemplo de esta abstracción geométrica que define su comportamiento internacional. Es capaz de acordar estrategias con tres potencias del bloque occidental como Estados Unidos, Japón y Australia en el marco del esquema QUAD, que vigila el desafío chino en la zona Indo-Pacífico, y al mismo tiempo mantiene el diálogo bilateral con Pekín para controlar el diferendo en el Himalaya y el mercado militar con Rusia, sin renunciar a la cooperación nuclear embrionaria con Estados Unidos. El ministro indio de exteriores ha sido muy agudo al replicar a las críticas por la “neutralidad” de su país en la guerra Ucrania: “Los europeos creen que los problemas de Europa son los problemas del mundo, pero los problemas del mundo no son los problemas de Europa” (4).

Otros aspirantes se apuntan de buen grado a esta diplomacia triangular de India. Es el caso de Arabia Saudí y de Egipto, hasta hace poco socios imprescindibles de EE.UU en Oriente Medio y seducidos hoy por la triangulación de maniobras a intereses. La petromonarquía ha aceptado de mil amores la mediación china para empezar a poner fin a la sangría de Yemen y encuadrar de forma razonable su enemistad con Irán (5). Y ello sin renunciar al establecimiento de relaciones con Israel, en el marco de los acuerdos Abraham, inspirados por Washington. Si las cosas se torcieran, el reino saudí cree poder contar aún con el paraguas de seguridad norteamericano, sin que ello signifique abandonar proyectos de cooperación económica con China y el precioso instrumento de concertación con Rusia para definir el mercado petrolero mundial (6).

Arabia Saudí y de Egipto, hasta hace poco socios imprescindibles de EE.UU en Oriente Medio y seducidos hoy por la triangulación de maniobras a intereses

En el caso de Egipto, la debilidad de su estructura económica y la explosividad de su realidad social obligan a sus patrones militares a no hacer ascos a las inversiones chinas, el mercado de armas ruso y la protección norteamericana frente a la sedicente amenaza islamista (7). Que ese triángulo es a veces esquivo o díscolo lo demuestra uno de los episodios de la última filtración aludida. Al Sisi y sus colegas uniformados se creían liberados de seguir a rajatabla la pauta americana en Ucrania. Negociaron el suministro de armas de oportunidad a Moscú y cuando Washington se percató les hizo “comprender” las ventajas de cambiar de cliente y fabricar munición para Ucrania (8). El Cairo ha compartido con Rusia estrategias de actuación en Libia, a favor de “soluciones” autocráticas dispuestas a borrar de un plumazo las alternativas islamistas apoyadas por Turquía, otro país que practica con fruición las dinámicas triangulares con Washington y Moscú, con Israel y Palestina, con Arabia o Irán, o en el Cáucaso. 

Ante esta realidad creciente, la estrategia norteamericana de dibujar dos mundos en conflicto, el democrático liberal y el autocrático liberticida, se antoja poco operativo. Si bien es verdad que también Washington, cuando la necesidad y la oportunidad lo demandan, se evade de ese paradigma para practicar su particular versión de la diplomacia triangular. Sin ir más lejos con China, con la que no ha perdido el objetivo de alcanzar grandes compromisos en desafíos globales (emergencia climática, terrorismo, migración...). Y bilaterales: el año pasado, a pesar de las sanciones comerciales de Trump, que Biden ha mantenido, el volumen de las transacciones ha alcanzado un nuevo récord, próximo a los 700 mil millones de dólares.


NOTAS

(1) “Brazil’s Lula reaches out to China and Russia, stoking U.S. unease”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 19 de abril; “Brazil’s Lula meets Xi in China as they seek path to peace in Ukraine”. KEITH BRADSHER. THE NEW YORK TIMES, 14 de abril
(2) “Le visite du président brésilen Lula en Chine illustre les ambitions et les limites des BRICS”. LE MONDE, 15 de abril; 
(3) “The Nonaligned World” (Dossier de artículos y análisis de varios autores). FOREIGN AFFAIRS, mayo-junio 2023.
(4) “How the Ukraine war has divided the world”. GIDEON RACHMAN. FINANCIAL TIMES, 17 de abril.
(5) En Arabie Saoudite, la nouvelle diplomatie opportuniste de Mohammed Ben Salman. BENJAMIN BARTHE. LE MONDE, 21 de marzo.
(6) ”A new order in the Middle East? Iran and Saudi Arabia’s rapprochement could transform the Region”. MARIA FANTAPPIE Y VALI NASR. FOREIGN AFFAIRS, 22 de marzo
(7) “Beijing reaffirms ties with Cairo” NOSMOT GBADAMOSI. FOREIGN POLICY, 17 de enero.
(8) “Egypt nearly supplied rockets to Russia, agreed to arm Ukraine instead, leak show”. THE WASHINGTON POST, 17 de abril.

Un mundo triangular