domingo. 23.06.2024
Inmigrantes europeos desembarcando en Argentina en el siglo XIX. Foto: Wikipedia

Al acercarme a las tradiciones, me fui enterando que es muy difícil poder hablar de Tradición (una y determinante). Siempre se presentan en racimo, agrupadas por alguna característica similar que permite participar con mayor entidad en ese mundo de conceptos y de prácticas sociales que se han venido produciendo, desde antaño, sobre la base del tiempo: ideas no discutidas y fe de los creyentes que permiten el paso de generaciones pasadas a generaciones futuras.

Es verdad que las tradiciones mantienen relaciones de cooperación y conflicto, al menos, con la Historia, la Religión, el Mito y la Identidad Nacional. La Tradición, producto social como la cultura, se enriquece a medida que va encarnando en protagonistas y defensores pero mueren a manos del olvido.

La Argentinapaís de doscientos años, se ha visto obligada a conformar un menú de tradiciones en buena parte importadas o mestizadas con los que estaban ahí desde siempre. Podría agregarse, al chascarrillo de “En Argentina el hombre desciende de los barcos”, aquello de “En los últimos cincuenta años los argentinos huyen en avión”.

Hace tiempo que me atrae el fenómeno del Destierro y su complemento la Emigración política: habiendo padecido, en persona, el primero.

Aunque ambos terminan con ciudadanos obligados a vivir en países que no son el suyo, en el primer caso la expulsión del ciudadano se produce por la existencia de una resolución oficial que hace pública la Institución y los dirigentes políticos dueños del poder. La Emigración se produce cuando el ciudadano, sujeto a persecución y otras formas de presión personal que obligan al ciudadano a emigrar, “fruto de una decisión personal”, para evitar la prisión, la tortura y la muerte. Esta es la versión más conveniente para los poderosos.

La Argentina, país de doscientos años, se ha visto obligada a conformar un menú de tradiciones en buena parte importadas o mestizadas con los que estaban ahí desde siempre

Irse a los toldos” o “salirse al desierto”. A las tolderías de los Ranqueles, araucanos que venían cruzando la Cordillera de Los Andes desde tiempos atrás y consolidaron una presencia física, social, política y militar que les permitió mantener un conflicto armado durante un siglo con el Estado Argentino y a la vez otorgar asilo a militares derrotados y perseguidos como consecuencia de las guerras civiles entre argentinos.

Manuel Baigorria, un militar que se ha mantenido en la memoria como ejemplo de esta tradición, no sólo se integró en la realidad ranquelina sino que obtuvo el respeto otorgado a los caciques.

Hay otro ejemplo, en este caso literario, el Martín Fierro. También traspasaban la frontera delincuentes y maleantes hasta que Miguel Hernández publica el Martín Fierro, tiene un éxito extraordinario que le permite propalar argumentos de hondo contenido emocional para cambiar la imagen de vagos y mal entretenidos de las grandes soledades verdes y reinventa el gaucho; suma de todos los calificativos positivos que alimentan el mítico arquetipo nacional

Las formas concretas de las distintas experiencias hace innecesario detallar una evolución lineal, pues el lector comprenderá que los ejemplos permiten hacerse una idea muy cercana a la realidad.

Y ahí estaba Sarmiento, joven, en su Provincia natal, entretenido en publicar, en su modesto periódico, la gestión presupuestaria del Gobierno Provincial, aportando críticas que el activo opositor entendía como una aportación importante al crecimiento de la democracia. El General Benavides pensaba lo contrario y lo invitó a cruzar la Cordillera asistido por dos guardias con escaso conocimiento de lenguas extranjeras. El desterrado, haciendo gala de su afán propagandístico, grabó con una piedra, en muro de similar consistencia, la siguiente consigna que hasta hoy mantiene su fuerza ideológica y política: “On ne tue pas les idées”.

Él creía en la perdurabilidad de las ideas, pero también que no estaba en condiciones de seguir el ejemplo de Sócrates, así que dejó su huella y pudo llegar a Chile sin mayores contratiempos. Allá encontró refugio, pero no fue tranquila su estadía. Cada tanto, estudiantes de la Universidad marchaban hacia el río para arrojar a la corriente retratos suyos de diversa consistencia. A pesar de todo, tuvo la posibilidad de publicar las más efectivas denuncias contra la Dictadura de Rosas.

También se ocupó de atender las necesidades de los refugiados, Unitarios y Federales, que de todos había en el avispero de 25 años de guerras civiles. Entre otros el Chacho Peñaloza y Felipe Varela, envejecidos en batallas de triunfo o derrota y eran reticentes a retornar. De su destierro quedó la siguiente contestación a un periodista; “Cuando hay enque no hay conque y cuando hay conque no hay enque”.

Si a finales del XIX los que partían al exilio eran mayoritariamente dirigentes políticos; en los primeros decenios del siglo XX, el destierro se puso en marcha contra dirigentes obreros

Montevideo. Durante años, la Dictadura de Rosas la convirtió, de hecho, en la capital de los exiliados argentinos; incluido Garibaldi que con algunos reclutas fichados en Brasil se ejercitó en acciones de corsario. Rosas contaba con grupos especiales para forzar la emigración de numerosos opositores. El degüello, era el argumento más eficaz, ejecutado con largos y filosos facones por la Mazorca, grupo que hoy definiríamos como genocida o terrorista de Estado.

El crecimiento de la inmigración, producto de la principal política de desarrollo puesta en marcha a finales del silgo XIX y principios del XX, basada en la exportación de productos agrícola–ganaderos que propició importantes cambios de tipo económico, social, poblacional y cultural.

Si a finales del XIX los que partían al exilio eran mayoritariamente dirigentes políticos que disputaban el poder haciendo uso de las armas; en los primeros decenios del siglo XX, el destierro se puso en marcha contra dirigentes obreros a través de la Ley llamada de Residencia que no ofrecía ninguna posibilidad de vivir en el país esperando la expulsión o la muerte.

La Ley fue aprobada en una época de incentivación de los conflictos sociales y sindicales. Facilitaba al Gobierno encauzar sin aportación de pruebas y contando a su favor el hecho de que muchos de los dirigentes principales eran nacidos en Italia, España o Alemania y otros. Con ser extranjeros ya tenían media condena al empezar los juicios. Y como no los querían en Argentina, les dictaron expulsiones. Pues la ley iba claramente orientada contra los extranjeros. En el texto de la Ley puede leerse: “extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. 

Estudioso de esa época, un historiador nos hace el regalo de la siguiente consigna: “Maldita esa maldita costumbre de perseguir y matar”.

En 1914, con la aprobación de la Ley Sáenz Peña, que instauró el voto universal para los varones (En San Juan el voto femenino se aprobó en 1924) hubo una recuperación de facultades por parte de las Provincias en la materia que nos ocupa, pero los Gobiernos Nacionales recurrieron a la implantación de las intervenciones Federales, en mayor medida justificadas en inestabilidad institucional y para dar cobertura a sus partidarios. 

Esto revirtió la afiliación de los perseguidos y perseguidores. En 1921, en la Provincia de San Juan, fueron asesinados en plena calle de un pequeño pueblo (La Rinconada), el Interventor Federal, Amable Jones, y sus acompañantes, al mejor estilo mafioso. 

Los Gobernadores, en todos los casos actuaban según a que bando pertenecían los Interventores

En 1929, en Mendoza, fue asesinado el Senador Carlos Washington Lencinas, jefe del partido mayoritario en la Provincia, mientras daba un discurso en un acto electoral.

Como puede verse, quienes contaban con mayor poder, orientaban sus iniciativas a dispersar las direcciones de los Partidos opositores, que huían hacia otras provincias para evitar la persecución violenta, de cara a facilitar el fraude electoral. Para mejor explicación, una anécdota: Un responsable conservador en una zona asignada para dirigir la campaña electoral, envía un telegrama a su Comite Central en que decía “Triunfo asegurado. El enemigo huye despavorido”.

Pautas y hechos que demuestran la permanencia histórica de la violencia política y el destierro como una tradición incorporada socialmente

Otra anécdota ilustrativa; Un miembro del sector antipersonalista del radicalismo provincial fue sometido a persecución que culminó en lo insólito de la advertencia que le comunicaron tapiando –de noche– todas las aberturas que daban a la calle. Ese señor, tenía trece hijos. Es fácil imaginar la sorpresa en la mañana y consiguiente temor suscitado en aquella familia. Su decisión, recoger unos cuantos enseres y llegarse a la estación ferroviaria para partir hacia Buenos Aires.

Durante el primer Gobierno Peronista, se repitió el proceso de emigración forzada concentrándose en Montevideo y algún otro país, en busca de la seguridad del asilo. Principalmente se trataba de Socialistas, encabezados por su Secretario General Rodolfo Gioldi que sufrió la quema de la sede partidaria y la Biblioteca de incalculable valor. También de Radicales y Liberales no adscriptos a partidos. 

Con la caída de dicho gobierno, a manos de un Golpe de Estado, el proceso de emigración se intensificó, cambiando el signo político de los emigrados. Durante el Régimen militar se procedió al fusilamiento de altos mandos leales a la legalidad democrática, aplicación de ley de fuga a cuadros militantes de la izquierda peronista y al encarcelamiento de funcionarios y dirigentes políticos en la cárcel de Ushuaia y numerosas instalaciones penitenciarias y policiales del país.

Lo de siempre, dejar claro que cada ciudadano tenía que decidir someterse o ir pensando en dejar el país, al menos por un tiempo.

Cuando se aplica el Estado de Sitio la Constitución Nacional prevé una actuación preventiva a llevar a cabo por el Poder Ejecutivo, en este caso el Presidente de la Nación, poner a disposición del Poder Ejecutivo y arresto de un ciudadano en alguna institución pública o indicarle que sería obligado a residir en alguna Provincia diferente a la de su residencia. En este caso la Constitución concede el derecho constitucional de optar entre la aceptación de la propuesta del Presidente o dejar el país mientras continúe el Estado de Sitio o se levante su puesta a disposición del Presidente.

Durante las últimas dos dictaduras militares, la del General Onganía y la del General Videla se produjo la primera utilización de esta fórmula que ofrece un alto grado de protección al ciudadano,

Primero, que todo el proceso es público. Segundo, que la puesta a disposición termina cuando se levanta el Estado de Sitio y este no puede durar sin fecha fija o tiempo excesivo. En estos últimos casos una permanencia temporal en el exterior se transformaría en Destierro, concepto no amparado por la Constitución.

Durante la Dictadura 1976 a 1983 se arrestaron bajo este sistema, 8.625 personas Es elocuente una intensificación en el primer año del Régimen Militar: 3.485 en nueve meses de 1976 y una disminución evidente en el año 1977: 1.264 arrestados.

La Dictadura se dio cuenta que el reconocimiento y cumplimiento de la Puesta a Disposición era de negativo impacto represivo. La sistemática desaparición, asesinatos y encarcelamientos masivos daban mejores resultados

Sólo 1.050 ciudadanos pudieron obtener el permiso para salir al exterior. La Dictadura no se basaba en Derechos Constitucionales de los ciudadanos y reglamentó la norma constitucional por Decreto. Además, parece que se dieron cuenta que el reconocimiento y cumplimiento de la Puesta a Disposición era de negativo impacto represivo. La sistemática desaparición, asesinatos y encarcelamientos masivos daban mejores resultados.

Tengo la convicción que la Dictadura, con la concesión de destierros trataba de apaciguar la presión del Presidente de EEUU, Jimmy Carter, en favor de los Derechos Humanos. 

No me han llegado cifras sobre la aplicación de la Puesta a Disposición por parte de la Dictadura de Onganía y sus herederos en los primeros 70, pero tengo la impresión que fueron más moderados en el número y la gestión del ejercicio del derecho constitucional a la Opción. Onganía se proponía instaurar una organización del Estado en términos de modelo corporativo franco-mussoliniano y Lanusse conseguir dirigir la transición democrática.

Para terminar decir que este no es un ensayo sino, tan sólo, un artículo dando algunas pautas y hechos que demuestran la permanencia histórica de la violencia política y el destierro como una tradición incorporada socialmente, aunque muchos crean que no es más que una invención del autor.

Una vez escuché que cuando el libro de los viajes de Marco Polo se publicó le llovieron las críticas y lo acusaron de mentiroso. El se defendió diciendo algo semejante a esto: “Mi libro es producto de lecturas, narraciones de otros que vivieron los hechos o las escucharon de otros más allá y mis propias experiencias personales. La conclusión no puede ser otra que el libro es verdadero”.

Tradiciones argentinas: violencia política y destierro