jueves. 04.06.2026
HISTORIA PARA HOY

Del reparto de África al siglo XXI: cuando los imperios reciclan sus argumentos

Lo que hoy ocurre en el sistema internacional no puede entenderse sin una mirada histórica.
Caricatura sobre la Conferencia de Berlín 1
Caricatura sobre la Conferencia de Berlín.

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Lo que hoy ocurre en el sistema internacional no puede entenderse sin una mirada histórica. Las comparaciones con el reparto de África por parte de las potencias europeas en el siglo XIX no son un ejercicio retórico exagerado, sino una advertencia necesaria. Cambian los escenarios y el vocabulario, pero los argumentos de legitimación del poder imperial permanecen inquietantemente intactos.

En 1884, durante la Conferencia de Berlín, las potencias europeas se atribuyeron el derecho de dividir un continente entero sin la presencia de un solo africano en la mesa. Lo hicieron invocando razones que se presentaban como racionales y moralmente superiores: llevar civilización, imponer el orden, garantizar la seguridad y promover el progreso. Aquella narrativa ocultaba intereses económicos, control de recursos y una jerarquía internacional que asumía como natural que unos pocos decidieran por el resto.

Más de un siglo después, el lenguaje ha cambiado, pero la lógica es la misma. Ya no se habla de misión civilizadora, sino de defensa de la democracia, seguridad regional, estabilidad internacional o protección de los derechos humanos. Sin embargo, el razonamiento de fondo se repite: se presenta la intervención de las grandes potencias como una necesidad histórica frente a Estados considerados incapaces de gobernarse.

América Latina ha sido uno de los espacios donde esta lógica imperial se ha aplicado con mayor persistencia. La Doctrina Monroe, formulada en 1823, terminó funcionando como marco ideológico de hegemonía. Durante la Guerra Fría, esta lógica se tradujo en golpes de Estado, dictaduras y guerras internas.

Guatemala en 1954, Chile en 1973, El Salvador y Nicaragua en los años ochenta no fueron excepciones, sino parte de una doctrina sistemática de control. El resultado fue devastación social, violencia política y negación de la soberanía.

El mayor peligro del momento actual es la normalización de la excepción: aceptar que el derecho internacional pueda incumplirse según intereses de poder. Esto habilita a otras potencias como China y Rusia a replicar la misma lógica imperial en sus áreas de influencia.

El multilateralismo surgió como respuesta ética y política a este desastre histórico. Willy Brandt defendió que la paz no se construye desde el miedo ni la humillación, sino desde el reconocimiento, el diálogo y la justicia global. En el Informe Brandt dejó claro que la desigualdad y la dominación generan conflicto estructural.

Desde otra tradición política, Dwight D. Eisenhower advirtió que mientras los países se teman entre sí no habrá paz posible. El miedo alimenta el militarismo, y el militarismo destruye la estabilidad internacional. No hay multilateralismo posible si se acepta la excepción permanente.

No hay paz duradera si la fuerza sustituye al derecho. Repetir los errores del pasado no sería ignorancia, sino una decisión política consciente.

Vicente Baeza | Director de ciudadanía activa de Movimiento por la Paz- MPDI

Del reparto de África al siglo XXI: cuando los imperios reciclan sus argumentos