COLOMBIA

El Plan B de Gustavo Petro: ¿revolución institucional o ruptura democrática en Colombia?

Movilización en apoyo de la consulta popular en Colombia.
Colombia se encuentra en un punto de inflexión y Petro no parece dispuesto a rendirse sin dar la batalla.

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Si analizamos las acciones políticas recientes del presidente Gustavo Petro, es evidente un cambio de discurso y estrategia respecto a los primeros dos años de su gobierno, un período que bien podríamos denominar como su "Plan A".

Durante esta fase inicial, Petro hizo un esfuerzo sin precedentes por construir un gobierno de coalición, buscando convergencias políticas alrededor de lo que llamó "un acuerdo sobre lo fundamental". Este planteamiento, basado en la idea de priorizar intereses nacionales por encima de ideologías, pretendía avanzar en áreas críticas como salud, educación, trabajo y el cumplimiento del acuerdo de paz. 

Para lograrlo, siguió el manual clásico de la política: compartió el poder, asignando ministerios y entes del Estado a figuras que, aunque cercanas ideológicamente, habían sido sus opositores en campaña. Nombres como Alejandro Gaviria en Educación, Cecilia López en Agricultura o José Antonio Ocampo en Hacienda fueron ejemplos de esta estrategia.

Sin embargo, el resultado fue decepcionante. Lejos de sumar fuerzas, muchos de estos funcionarios se convirtieron en obstáculos para los cambios prometidos, mientras los medios de comunicación mantuvieron una crítica feroz e implacable hacia el gobierno. 

La respuesta de Petro no se hizo esperar: inició una recomposición del gabinete, incorporando figuras más afines a su proyecto. Aunque esto mejoró la coordinación interna, el segundo año de su mandato se vio marcado por la inercia y la falta de audacia en la ejecución de reformas clave.

El 2025 llegó con un escenario aún más adverso. El divorcio con la clase política es total, simbolizado por la carta de Álvaro Leyva, su excanciller. Las Cortes y el Congreso han bloqueado sus iniciativas, la Ley de Financiamiento fue hundida, y el Banco de la República se niega a bajar las tasas de interés, ahogando el crecimiento económico. Ante este cerco institucional, Petro ha optado por un giro radical: el Plan B.

¿En qué consiste el Plan B?

Las señales son claras. Petro ha reforzado su conexión con las bases populares, que lo reciben con fervor en cada rincón del país. Su retórica se ha vuelto más incisiva: "Yo voy hasta donde el pueblo diga", repite en sus discursos, y en la Costa Atlántica añadió: "Soy un revolucionario; seguiré si el pueblo hace una revolución". Estas declaraciones no son casuales. ¿Está Petro preparando el terreno para algo más grande?

El reciente nombramiento de un militar cercano como ministro de Defensa, la purga de generales afines al uribismo al inicio de su gobierno, y las mejoras en las condiciones de las Fuerzas Armadas y la Policía sugieren un posible respaldo castrense. Si a esto sumamos el respaldo popular y la consolidación de la izquierda en un solo partido, el escenario se vuelve intrigante.

La Consulta Popular emerge como la primera jugada del Plan B. Petro gana políticamente, independientemente de si el Congreso la aprueba o la rechaza

La Consulta Popular emerge como la primera jugada del Plan B. Petro gana políticamente, independientemente de si el Congreso la aprueba o la rechaza. Un rechazo podría ser la chispa que encienda el descontento social. Ante un acorralamiento institucional, ¿optará Petro por medidas más drásticas, como suspender elecciones y convocar una Constituyente? Daniel Quintero ya ha hablado de un "reset político"; ¿será este el guion que se está preparando?

El reciente nombramiento de Petro como presidente de la CELAC añade otro elemento clave: respaldo internacional para narrativas de "democracia secuestrada por una oligarquía". Las condiciones internas y externas parecen alinearse para un posible rompimiento institucional en nombre de una "democracia real".

El Plan B de Petro ya está en marcha. Lo que viene podría ser una revolución pacífica o un choque frontal con las élites tradicionales. En cualquier caso, Colombia se encuentra en un punto de inflexión, y Petro no parece dispuesto a rendirse sin dar la batalla. El tiempo dirá si este giro radical logra transformar el país o si, por el contrario, profundizará la polarización. Una cosa es clara: el tablero político colombiano nunca volverá a ser el mismo.

Eduardo Serrano Rojas