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miércoles. 10.08.2022

El Papa Francisco y los pueblos indígenas

Desde los crímenes de la Iglesia católica durante la colonización española hasta los crímenes contra las "primeras naciones" en Canadá. El Papa Francisco pide perdón a los pueblos indígenas -y guarda silencio sobre un genocidio en Argentina-.

pontifex

El Papa Francisco no ceja en su empeño. A pesar de los feroces ataques de la derecha española y sus medios de comunicación contra este "papa comunista", el año pasado, desencadenados por su petición de perdón por los crímenes cometidos durante la colonización española -con lo que atendió a una petición del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador- ahora ha vuelto a pedir perdón, esta vez en Canadá, y de nuevo por los crímenes cometidos por la Iglesia católica contra los pueblos indígenas. Al fin y al cabo, en un congreso celebrado en 1980, las 634 culturas indias de Canadá (con 50 lenguas) se autodenominaron "first nations" (primeras naciones) y proclamaron así una clara reivindicación histórica. El Papa Francisco acepta de nuevo ser sospechoso de simpatizar con el "indigenismo", según sus opositores una nueva variante del comunismo.

Sorprendentemente, el mismo Papa, este argentino cuyo nombre civil es Jorge Mario Bergoglio, hasta ahora no ha comentado públicamente uno de los peores genocidios de la historia reciente, y en su propio país. Se trata de la llamada "Campaña al Desierto", que tuvo lugar entre 1878 y 1884. Lo que llama la atención del viajero en Argentina es que el tema de los pueblos indígenas en realidad no existe y, salvo escasos encuentros en la Patagonia o en la provincia noroccidental de Salta, por ejemplo en el altiplano de la Puna Atacama, uno no da con ningún "indígena". Sin embargo, antes de la llegada de los colonizadores españoles, el país estaba poblado por indígenas, al igual que Estados Unidos lo estaba por indios. Así que uno se pregunta dónde han quedado los indígenas de Argentina.

El sur de Argentina, especialmente la actual Patagonia, estaba poblado por mapuches, ranqueles y tehuelches en aquella época, junto con muchas culturas indígenas menores. Su presencia en sus territorios tribales puso límites a la expansión de los terratenientes españoles y criollos y a la aplicación de la autoridad estatal. A diferencia de la guerra de los inmigrantes estadounidenses contra los indios, que establecieron reservas para los vencidos, donde al menos formalmente tenían la oportunidad de conservar un remanente de su identidad cultural, el gobierno y los militares de Argentina habían decidido destruir a los indígenas no sólo culturalmente, sino también físicamente. El jefe militar Julio Argentino Roca habló explícitamente de un necesario "exterminio".

Durante más de cien años se guardó silencio sobre este genocidio argentino. Sólo tras el fin de la última dictadura militar argentina se han producido cautelosos intentos de asumir estos crímenes

Muchos miles de guerreros indígenas fueron liquidados y más de 2000 guerreros y más de 10.000 mujeres y niños fueron hechos prisioneros. Estos, alojados en campos de concentración con alambre de espino, en un principio fueron utilizados en la Patagonia como trabajadores agrícolas forzados. Más de 3.000 de ellos llegaron a Buenos Aires en barco después de una marcha pie de más de 1.000 kilómetros. Allí desfilaron por las calles, encadenados y embobados por el público. Más tarde, las mujeres y los hombres fueron estrictamente separados entre sí para evitar su procreación, otros por precaución fueron castrados. Los hombres indígenas acabaron como trabajadores forzados en condiciones brutales repartidos por todo el país, y las mujeres como esclavas domésticas o prostitutas de la burguesía rica, organizadas por la "Sociedad de Beneficencia" de origen católico. La mayoría de los guerreros capturados fueron llevados a la isla de Martín García, donde pronto perecieron en condiciones míseras. Roca, el líder militar de la "Campaña del Desierto", posteriormente se hizo presidente argentino. 

Las atrocidades, que ya fueron calificadas de "genocidio" por algunos valientes periódicos argentinos de la época, culminaron con el traslado de familias enteras de indígenas al museo "La Plata" de Buenos Aires, donde fueron expuestas al público. Más tarde, fallecidos, podían verse conservados en vitrinas. Una horda de "investigadores de la raza" argentinos, animados por el director del museo Francisco P. Moreno, dedicaron estudios racistas a estos indígenas vivos y, más tarde, a sus restos mortales como ejemplares de una "raza inferior", de acuerdo con la tendencia de la época.

Durante más de cien años se guardó silencio sobre este genocidio argentino. Sólo tras el fin de la última dictadura militar argentina se han producido cautelosos intentos de asumir estos crímenes. Tal vez el Papa Francisco también saque algo sobre este tema.


Traducción del autor | NachDenksEiten

El Papa Francisco y los pueblos indígenas