#TEMP
martes. 16.08.2022

Sí, es el territorio en la parte sur de los Estados Unidos, donde se suceden la mayoría de los problemas de inmigración que han desatado la xenofobia, no sólo de parte de los blancos sino, también, de parte de los afroamericanos y latinos. No podemos equivocarnos, quienes se han subido a la barca, no quieren que otros semejantes se suban para no correr riesgos de naufragio o simplemente, para no correr riesgos de incomodarse. Entonces, como en el cuento de algún autor, quien asume el mando, manda cortar las manos de otros, u otras, que quieran subirse.

Tejas; así se pronuncia. Perteneció al Virreynato de Nueva España, en la época del Imperio Español, antes de la Independencia, aniversario que celebramos con mucho bombo y poco contenido. Sobre todo, cuando nos hacemos la incómoda consideración- pregunta:Independencia, ¿para qué? Pero, bueno; esto es tema para otro escrito.

El hecho es que Tejas pasó a ser parte de México (=Méjico), que lo perdió en el proceso de expansión de las Trece Colonias Anglosajonas, como Colombia perdió a Panamá, España a Puerto Rico y las Filipinas y, América Latina toda, la vergüenza.¿Frente a qué? A un proceso histórico en el cual quedó convertida en las arandelas económicas de los imperios, británico primero y, americano, después. Otro escrito lo ampliará.

Morir en Texas… O en esa gran Texas en que se han convertido los Estados Unidos de Norteamérica.

Cuando vi la noticia del reciente asesinato allí, de los niños, niñas y maestras (lo cual, ya casi no es noticia), me acordé que hay una joven y gran escritora española, Marina Perezagua, que tiene un libro que se llama "Seis formas de morir en Texas" mismo que tocó mis más sensibles fibras, de tal modo que sentí vergüenza de ser humano.

Como si fuera poco, ahora la Corte Suprema ha fallado que la Segunda enmienda protege el derecho de los ciudadanos a portar armas fuera del hogar, o sea en público

Trata del corredor de la muerte, en el Estado de Texas, ese espacio-situación en que se encuentran los condenados a muerte, y del comercio de órganos semi-vivos, obtenidos de seres humanos semimuertos, condenados a muerte en la China llamada comunista, que de comunismo no tiene nada.

Pero, como siempre, el lenguaje sirve para enmascarar, o desenmascarar; liberar o dominar, según quien lo use. O, como lo use. La protagonista que es una mujer de treinta y dos años, fue condenada a muerte cuando tenía dieciséis. Desde los siete había quedado ciega en un accidente y, una noche, llegó tarde a la casa donde vivía con su madre. Como siempre, entró a tientas, temblando de miedo y con alguna droga en su cuerpo. Notó que la puerta estaba abierta, llegó hasta la cama de su madre, la llamó y no le respondió, la palpó de arriba abajo y se dio cuenta de que estaba en un charco de sangre y de que le habían arrancado el corazón… Sin testigos que corroboraran su historia, las autoridades, fieles a su fácil quehacer de encontrar, no al culpable, sino a un culpable, la condenaron a muerte. Ahora tiene treinta y dos. No la habían ejecutado porque era ciega. Veamos.

"El caso es que no está permitido ejecutar a nadie que esté enfermo, por eso antes de la ejecución el recluso debe pasar por un examen médico que certifique que se encuentra en buen estado de salud. Puede resultar una contradicción, pero el sistema es perverso en cada átomo, y se basa en el hecho de que cuanto más vivo esté el vivo, más viva, más hiriente, más incisiva será su muerte" (Seis formas de morir en Texas página 35)

Ahora está sana porque su padre apareció y le donó sus córneas. Ya puede ir a la muerte. Sus órganos serán donados.

En cuanto al lucrativo comercio chino, dice la autora, citando documentos, que el valor de un corazón, de un condenado a muerte en US$160.000, resulta muy rentable y que “La cosecha de órganos es posible por una doble vía: el odio hacia un colectivo indefenso [los miembros de Falun Gong, un grupo que busca la relajación y la paz espiritual], y la avaricia”. (Op. cit. págs. 150 y 155).

Otra forma de morir en Texas es, por supuesto, usando el A-R15, producto estrella de la Asociación Nacional del Rifle (ANR), organización que defiende, a muerte, la venta de armas, casi de todo tipo, acudiendo a la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que dice:

“Una milicia bien organizada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no será infringido”

Como si fuera poco, ahora la Corte Suprema ha fallado que la Segunda enmienda protege el derecho de los ciudadanos a portar armas fuera del hogar, o sea en público. Esto responde a una demanda respaldada por la ANR. El juez Thomas, responsable del dictamen, dice que los jueces tienen que acudir a la historia, o sea al momento de elaboración de la Constitución, para regular el porte de armas.

Es un viaje por el túnel del tiempo, hacia atrás, mientras la gente está matándose hoy, 200 años después, con armas infernales que los constitucionalistas no soñaron. No tiene de raro que, muy pronto, nos obliguen a vestir como en dicha época. Pero bueno, ahí tenemos una manera muy fácil de morir en Texas. En esta gran Texas que componen los Estados de la Unión Americana.

Si, por ejemplo, estás aburrido con la vida y piensas abandonarla, puedes pensar, también, que es justo, elegante, histórico,”instacrameable”, llevarte un montón de humanos por delante, porque tú, consideras que será tu mejor obra final, y escoges, por ejemplo, un mall, un concierto, o un colegio. Niños, ¡qué mejor!, ¿verdad? Entrarás a uno de esos jardines de la vida, la que ya te tiene aburrido.

Las leyes son tan flexibles y tolerantes que has podido comprar tu A-R15; has podido entrar al colegio sin problemas, y has rociado con plomo a las niñas, niños y maestras, como si fuera lanzando agua a las plantas pero, en este caso, para segar sus vidas. No tienes problemas. Lo haces con calma, con esa calma con que actúa el criminal lleno de sadismo porque, además, los policías han llegado tarde y, cuando llegaron, no quisieron exponer su vida a tus balas de tal manera que continuaste tu masacre. Luego, si no te matan, te matas tú mismo y asunto concluido.

Los investigadores preguntarán a tus amigos, algunos de los cuales contestarán que eras muy tranquilo, ejemplar, que están sorprendidos. Otros dirán que habías puesto avisos en la red de que querías cometer una matanza pero, las autoridades no pusieron atención, o no te creyeron capaz. Tus padres, si no se habían separado dejándote abandonado con la abuela, a la que habrás matado, para probar tu arma, antes de ir al colegio, dirán que te habías vuelto difícil, que no podían controlarte y que lo sienten por las víctimas.

Los políticos que  habrán favorecido el porte libre de armas, también dirán que lo sienten y que elevan sus oraciones al Señor por las víctimas pero que los A-R15 no se disparan solos. Que hay que dar formación a los muchachos, mientras, ellos siguen viendo chorrear la sangre de sus televisores por los cada vez más violentos programas donde el héroe es el que más mata, pero, qué vamos a hacer, eso es fruto de la libre expresión… Y, así, hasta la siguiente matanza, con los mismos discos rayados. Y, mientras algunos padres protestan por la miserable muerte de sus hijos, otros van a comprar más armas porque ¡son las armas las que nos garantizan la vida! ¡Y la Libertad! Esa estatua que, situada en los bordes del mar neoyorquino, Bertold Brecht quería destruir para que la libertad dejara de ser una estatua…

Entonces, retomemos tus proyectos de matanza que te liberará de los demonios de la vida. Es lo que tú crees, en medio de esta sociedad enferma (con visos de terminal). Entras a una de esas tiendas llamativas, que enseñan en sus vitrinas, y en sus paredes, como en relicarios, las últimas maravillas para hacer carnicerías en el menor tiempo posible.Carnicerías impactantes que provocarán llanto, quejas, depresión, protestas que se llevará el viento, ya acostumbrado a eso y, también, oraciones, hasta de los mismos vendedores del producto mortal.

Además, será parte de la savia que alimenta las noticias de primera plana, en la televisión, los diarios, la radio y la red. Si logras batir un record, mejor. Si te matan, mucho mejor; así nadie responderá, ni tus papás, ni tus familiares a los que quizás mataste antes de ir al Gran Templo de los sacrificios, ni los que venden las armas, ni las autoridades que alcahuetean y respaldan; ni la policía que llegó tarde, ni los legisladores lobistas financiados por el entramado mortífero, ni los otros legisladores que defenderán la libertad a como dé lugar. Congreso y cementerios; libertad y muerte: las dos caras de una misma moneda.

Vivimos en la feria de la muerte: las ayudas que se dan a los países, comienzan por ser armas; el expresidente Trump cosecha aplausos en el Congreso de la ANR, pidiendo más armas para armar a los maestros hasta los dientes. Maestros que tendrán que caminar en el salón de clase con la tiza en una mano y el AR-15 en la otra, y con el seguro descargado. No, tendrá que ser un AR-20, porque debe ser superior al del supuesto matón para evitar la matanza. Aunque, ni ese sea el oficio del maestro, o que en el posible tiroteo cruzado mueran muchos más…

No hay duda que será una educación cargada de emotividad.

Hagamos una leve digresión, pero no fuera del tema:

El presidente de Ucrania que ha visto masacrar a miles de sus compatriotas, civiles y militares, muchachos y viejos, y muchachos rusos del otro bando, en una guerra absurda que pudo evitarse negociando, sin disparar un tiro, pide más armas para seguir la guerra. Y es que debe ser hermoso  morir con dignidad, cuando no es uno el que muere porque está en los estudios de televisión “generando patriotismo”, o en las oficinas financieras donde se atiza la guerra, y suben en las bolsas las acciones de la muerte…

Entras pues, a la tienda, y con la cabeza flotando en la negritud de la desgracia que te atormenta, y los ojos desorbitados, le dices al dependiente: quiero un AR-15 de última generación, con 780 cartuchos. Has escogido lo mejor, hijo, te dice el dependiente, un señor setentón de abultado abdomen. ¿Cuántos años tienes? Ya cumplí 18, contestas. Y tu nombre, ¿cuál es? ¿es necesario decirlo?, afirmas con disgusto. Bueno, es una pequeña formalidad, nada más, contesta el dependiente. Entonces se lo dices en voz baja, como con timidez. Ves, que el dependiente pone tu nombre en el computador, que lee y que, en algún momento, abre los ojos. Fue cuando leyó que habías hecho amenazas de hacer alguna matanza; también afirmaciones con frases de odio y amenazas a maestros pero que la policía no te había considerado un peligro social.

¿Algún problema? Preguntas con tono cortante. No, ninguno, contesta el dependiente. Y agrega: un momento, por favor.

Entra a un cuarto y en dos minutos aparece con un resplandeciente AR-15 capaz de realizar 750 disparos por minuto, con los cartuchos pedidos y su empaque respectivo. Los observas con cuidado; cargas y descargas el fusil para ver su funcionamiento, lo cual no es difícil para ti pues tu papá, antes de separarse, te lo había enseñado, desde cuando tenías 12 años. Para ti, es como meter unas gafas en un estuche, lo cual arranca admiración y una sonrisa de parte del dependiente. Muy serio, pagas en efectivo, le das unas gracias rituales al señor,que te desea mucha suerte. La tuviste porque te mataron. La sociedad, para desgracia de tantas vidas, no la tuvo.

Llevas tu mortífero instrumento a tu carro donde lo acomodas en el asiento trasero, debajo de una chaqueta. Vas a tu casa y tratas de matar a tu abuela que, quizás, te había desesperado con su cantaleta, buscando que fueras un hombre de bien. Con el ataque a la viejita, pruebas el fusil a la vez que, sientas una protesta subliminal contra alguien que había contribuido  a hacer posible tu vida.Luego te diriges a tu objetivo principal: el colegio. Llegaste allí, y entraste sin ningún problema. Escogiste un salón y por la ventana regaste plomo a tu acomodo, tal como lo soñaste, sobre niños, niñas, y maestra. Luego, desde otra ventana, en otro salón, seguiste el mismo tenebroso ritual para lo cual tuviste todo el tiempo del mundo pues, los policías, afuera, te tuvieron miedo y cuidaron más su propia vida, hasta cuando, más tarde, llegaron los de combate que te llenaron de balas y acabaron con el sinsentido de tu vida, el mismo de esa sociedad del vacío a la que perteneciste y que está hundiéndose en las arenas movedizas de la pérdida de los valores que tienen que ver con la vida y  la identidad humanas y, enredada en la ahistórica interpretación de las letras de la Segunda Enmienda.

Y… hay más de cinco maneras de morir en Texas. ¡Créanme!

Jorge R. Mora Forero| Doctor en Historia.El Colegio de México.Exdocente universitario.Autor de libros y ensayos.

Morir en Texas