jueves. 13.06.2024
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Javier Milei y Elon Musk.

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Puede que el psicoanálisis sea la religión de los ateos: creer en algo sin la necesidad de un Dios. Me gusta la idea, parece que podría estar bien, pero no me convence del todo. Yo soy muy anticlerical (más por estética que por ética), por lo que desconfío de todo grupo de más de uno (exacto, tampoco me van las parejas). Es verdad que el psicoanálisis tiene un seductor aire vintage, al estilo del marxismo o de las boinas newsboy, pero menos agresivo, más adecuado al "pensamiento débil" dominante, como un gorrito de lana retro en un día de invierno: una mezcla sutil de coquetería intelectual y provocación izquierdista.

Una puede decir que lee a Freud o Lacan, porque está preocupada por los problemas de "salud mental", suyos o "de-la-sociedad" (mejor siempre lo segundo, eso te hace parecer mejor persona, lo otro te hace parecer una loca peligrosa), y por eso le interesa el psicoanálisis, al fin y al cabo todo lo que empieza por el prefijo psi es un poquito de "derechas". Pero decir que lees a Marx o a Lenin ya es más problemático.

En realidad, creo que de leer a Lacan se puede sacar una mirada pesimista muy de moda, algo así como; todo es una puta mierda y la gente es gilipollas. Sin embargo, de leer a Lenin se saca lo mismo, pero con un matiz muy peligroso: leyendo a Lenin te entran ganas de hacer algo, alguna estupidez, una revolución o un artículo para un digital. Traducido: leyendo a Lacan te dan ganas de hacer oposiciones a ordenanza del ayuntamiento, mientras que leyendo a Lenin te dan ganas de quemar el ayuntamiento. Es casi lo mismo, pero no es igual.

Quizás, después de acabar con los dioses, solo nos quede acabar con todo lo demás. Me parece bien. Yo nunca he tenido necesidad de creer en nada. Lo siento. Ninguna idea me ha parecido nunca lo suficientemente potente para dar la vida por ella, ni tan poco para quitarle la vida a nadie. Por eso, supongo, siempre he sido muy mala militante y sería una muy mala terrorista. Aunque hay días en los que una se replantea sus valores éticos más profundos. Y el domingo, viendo a Milei, Abascal, Ventura, Meloni, Orbán, Kast, Le Pen y demás participantes del Neonazi’s Flying Circus en Madrid fue uno de esos días. Uno de esos momentos en que una solo puede pensar en lo que decía el Che Guevara: "Sois unos fascistas hijos de puta" (quizá no fueron esas sus palabras exactas, pero ese era la idea, seguro).

Ahora tenemos psicópatas que alcanzan el poder político casi como en un reality show: "y la audiencia ha votado por..."

Y es que, parafraseando a Flaubert, no todos los que votaron a Milei son unos "fachos", pero todos los "fachos" votaron a Milei. Y lo que vale para el argentino, extiéndase al resto de la banda. El problema no parece ser una cuestión local, no parece un fenómeno exótico y ni mucho menos tan pasajero como se predijo. Este brote psicótico neofascista es global y persistente. En cada lugar y momento adopta un aspecto, el de un personaje más o menos bufonesco y siniestro, Trump, Bolsonaro, Salvini, son los pioneros (junto con los ya históricos Berlusconi, Le Pen (padre), Haider, etc.); ahora tenemos sus versiones actualizadas: psicópatas que alcanzan el poder político casi como en un reality show: "y la audiencia ha votado por..."

Odiar a Milei es fácil (el tipo es muy odiable, además de odioso). Pero, como se pregunta Jorge Alemán: "¿De qué pliego de la cultura argentina, en el sentido amplio de la palabra cultura, ha emergido un personaje así? ¿De qué mundo ha surgido?".

La pregunta es complicada. Milei no parece de la Argentina. Milei parece representar el fantasma de una Argentina que desea ser castigada. Porque según Lacan, el fantasma es lo que se reprime y como lo explica (mejor) Jorge Alemán: "¿Acaso la gente considera que es merecedora de tal castigo? ¿Y si resulta que el Otro no promete mayor bienestar sino todo lo contrario y las personas eligen seguir estando mal?". En eso pienso cuando veo la imagen de Milei con Elon Musk. Algo se activa en mi memoria como un mal recuerdo. Algo me dice que no es gracioso, que esa foto es un síntoma de que las cosas no van bien y que van a ir a peor.

Por eso recomiendo la lectura de Jorge Alemán, porque además de la brillantez de sus conexiones teóricas entre Marx, Freud, Lacan y Heidegger, hay muchos elementos para pensar la actualidad. Dos libros recientes, Breviario político de psicoanálisis y la re-edición del ya clásico Soledad: Común, ambos en la editorial NED, nos ofrecen un perfecto mapeado de la situación. Nos ofrecen elementos teóricos para entender por qué Milei vino a presentar su libro, “El Camino del Libertario” a Madrid y, esta misma semana en plena crisis diplomática con España, uno de los primeros socios comerciales de Argentina, se fue al Luna Park de Buenos Aires a presentarlo de nuevo y, a continuación: “ofrecer un show donde el mismo va a cantar y a ser la figura relevante de ese show musical” (en palabras del vocero presidencial argentino).

La imagen de Milei en el Luna Park de Buenos Aires solo puede ser como decía Freud siniestra

Y esa imagen, de Milei en el Luna Park solo puede ser, como decía Freud, siniestra. Sé que no es así, pero no puedo evitar imaginarme a Milei disfrazado de Elvis Presley cantando Suspicious mind y diciendo; "ésta os la dedico a vos, Pedrito... y a tu mujer". Y todo entre gritos histéricos y aplausos de un pueblo cuya pulsión de muerte parece haber ganado al principio de placer.

Sé que me he dejado a Lenin por el camino. Me ha pasado lo que a la izquierda europea del siglo XXI. Habrá que recuperarlo en otro momento. De momento, os dejo por aquí el enlace a una entrevista a Jorge Alemán hace un par de días en CTXT.

A claro, perdón, casi se me olvida, que estamos hablando de Argentina, ahora es cuando se pone eso de como decía Borges...

Milei, el camino del psicópata