La Madonna de la tienda de lona
Miguel Hernández (1910-1942) de su poema “El Hambre” (1939)
“Estuviste muy poco entre nosotros
pero tal vez aún puedas oír
este canto de pájaros ocultos.
Murmullos de las hojas del dolor en mi memoria”.
Joan Margarit (1938-2021), del poema Anna 1967.
“…los pájaros
morían sin alpiste
sobre las losas
de rancias catedrales…
malva
el atardecer de la ciudad
recordaba
la fiera de estar vivo
la lenta
piedad por uno mismo”.
Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003). Sin título, incluido en su libro
“Coplas a la muerte de mi tía Manuela”.
“Os meninos à volta da fogueira,
Vão aprender coisas de sonho e de verdade,
Vão aprender como se ganha uma bandeira.
Vão saber o que custou a liberdade”
“Los niños alrededor del fuego de campamento,
Van aprender cosas de sueño y de verdad,
Van aprender cómo se gana una bandera,
Van a saber lo que costo la libertad”
(Ruy Mingas. Os meninos de Huambo).
LA MADONNA DE LA TIENDA DE LONA
Ayer, decidí enmarcar una foto, la del fotógrafo gazatí Ahmed el Arini. No se trataba de dramatizar aún más mi habitación, llena ya de fotos, cuadros reivindicativos e imágenes de mis orígenes obreros.
Más bien, ahora sí, quisiera justificarme como haría un leguleyo. Me venía a la mente la carta abierta que escribí hace unos días a las Instituciones de la Unión Europea (UE): Comisión, Consejo, Parlamento, Tribunal de Justicia, Tribunal de Cuentas y Banco Central. Ya sabéis, exigía salir de la inacción, del letargo y la somnolencia ética y política que asolan las decisiones imperativas aullando a gritos a unos políticos europeos timoratos y apocados; ¡aún no sabemos cuántas pruebas necesitan para salir de su narcolepsia autoinducida y salvaje. De sobre saben las Autoridades de la UE lo que deberían hacer en el caso del Genocidio palestino; no sólo porque millones de ciudadanos europeos ya lo hemos expuesto; sino porque tienen el mecanismo bien engrasado con todas las sanciones y medidas de distinta naturaleza punitiva, que han llevado a cabo en el caso de la Federación Rusa, y su maldita guerra de agresión e invasión de Ucrania.
¡No pueden fingir ignorancia! Más bien, deben dar urgentemente explicaciones a 450.380.320 millones de europeos. Sí, no pueden tardar mucho, el tiempo se agota en esta isla de riqueza injustamente distribuida (Europa), que posee un Producto Interior Bruto (PIB) de 19.423,32 mil millones de dólares estadounidenses en 2024, lo que representa el 18,29 % de la economía mundial, según datos oficiales del Banco Mundial. "Aportamos, como EU, el 42% de la ayuda global al desarrollo en todo el orbe, 95.900 millones de euros en 2023". En 2023, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) combinada de la UE representaba el 0,57 % de la renta nacional bruta (RNB) de la UE. Todavía lejos del objetivo del 0,7 % del PIB.
En el caso de nuestro país, el volumen de ayuda oficial al desarrollo del presupuesto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se ha incrementado en casi 20 millones de euros en 2024, hasta superar los 592 millones, la mayor cifra desde 2011. Exteriores se reafirma en el compromiso con el multilateralismo como prioridad para la política de cooperación para el desarrollo de España y destaca, por ejemplo, que la aportación al presupuesto ordinario de ONU-Mujeres se triplicó en 2024 respecto al año anterior; el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) se quintuplicó; y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) se sextuplicó. La cifra de dicha Cooperación al Desarrollo era en 2023 del 0,23 % de nuestro PIB.
En este caso, también muy alejado del objetivo internacional del 0,7 % del PIB de cada país. Imagínense ustedes, el gasto-oportunidad del impopular aumento previsto del presupuesto en Defensa (¿Guerra?) de nuestro país, que podría dedicarse a este rubro de la Ayuda al Desarrollo. Sobran guerreros, hacen falta diplomáticos, mediadores. Mujeres y hombres de paz que empujen, decididamente, hacía la resolución consensuada de los diferendos, el multilateralismo y el pacifismo como opciones irrenunciables para que otro mundo mejor sea posible.
Bueno, el caso es que pensé que debía ser coherente con mi recomendación a la UE: “Ustedes, que tienen medios, realicen una fotocopia ampliada de la fotografía que encabeza este escrito; sí, me refiero a la Madonna de la tienda de lona, que sostiene a su hijo famélico en su regazo. Hagan la fotocopia en color, colocándola cerca de su escritorio, en un cartel de anuncios, sujétenla con una chincheta o papel de celo. El niño famélico tiene nombre y apellidos, se llama: Mohamed Zakariya Ayyoub al Matouq Se encuentra en un campo de refugiados al este de la Ciudad de Gaza. Mohamed tiene una año y medio, pesa seis kilos, alrededor de la mitad de lo que suele pesar un niño de su edad. Miren a Mohamed Zakariya. Detenga su mirada en la fotografía expresiva y terrible. Háganlo mientras recogen sus objetos personales, antes de irse de vacaciones. Si fuere posible, conmuévanse y actúen en consecuencia.” Ojalá me equivoque, la fotografía fue tomada, por el fotoperiodista palestino Ahmed al Arini, con fecha 1 de agosto y nos témenos mucho, que nuestro niño haya fallecido de desnutrición extrema. Este testigo de excepción, este noble periodista, esta persona que transmite al mundo entero información, que el Estado de Israel, intenta desesperadamente que sea ignorada, soslayada, manipulada, vedándonos nuestro derecho a una información veraz y libre; también se encuentra en peligro de morir de hambre.
La historia de Mohamed no es un caso aislado. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estima que más de 320.00 menores de cinco años en Gaza se enfrentar al riesgo de desnutrición aguda. Alrededor de 90 menores han fallecido por esta causa desde el 7 de octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad gazatí, controlado por Hamás.
“El Estado de Israel mata de hambre deliberadamente, pero no podría hacerlo sin la complicidad de Occidente, y de un continente, Europa, pretendidamente civilizador, paladín otrora de un compromiso inquebrantable con el mantenimiento de la Paz, la solución negociada y diplomática de los diferendos entre naciones, etnias y regiones del mundo, y el respeto riguroso de la Legalidad Internacional. Tengo que expresarlo con claridad meridiana, la UE es, aunque sea duro de admitir, y denunciar actualmente, cómplice y cooperador necesario de esta situación horrible, injusta y, a todas luces inaceptable”. ¿Qué dirían los padres fundadores del concepto de Europa y su imprescindible Unidad; léanse: Jean Monnet, Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi y Paul-Henri Spaak? Es posible, que ustedes no quieran ni hablar de esta cuestión, lanzando fuegos de artificio y retórica huera sobre estas personalidades y las ideas que configuraron su deseo de Unión Económica, pero también Política y Social. ¿Son ustedes conscientes de que están dilapidando y violando esos ideales democráticos y antifascistas?
Ser coherente es importante, pero las razones de mi decisión se encuentran más allá. Tienen que ver con un imperativo ético. Decía, recientemente, el periodista, Antón Losada, que la Historia no nos absolverá a los europeos del desastre humanitario de Gaza. Yo sé poco de esto, tengo un amigo profesor de Historia, que seguro lo tiene más claro que yo. A mí me parece que la Historia, como ciencia social, no está concebida para condenar o absolver los pecados de quienes intervienen en su devenir; más bien explica, describe, analiza el discurso que, en un momento histórico (el estado de la cuestión y de nuestros conocimientos), unas generaciones desarrollan, narran, interpretar y amplían. Ese momento histórico se realiza en el contexto de características sociales, económicas, incluso políticas; ¿por qué no?, de los paradigmas que conforman, y tratan de ofrecer una visión del pasado y del mundo concretas en su momento coetáneo. Hasta diría más, de las necesidades de esclarecimiento de lo ocurrido desde presupuestos metodológicos y didácticos de nuestra contemporaneidad, sea el pasado objeto de estudio próximo o lejano en el tiempo.
Todo ello, en el marco del método científico, la veracidad y la objetividad; a diferencia de “otros historiadores”, en general “aficionados”, que se esfuerzan en un empeño revisionista y retrógrado. Pero es indudable, querido Antón Losada, que ni el pensamiento crítico político, ni la dimensión ética y antropológica que nos conciernen van a absolvernos: ¡es verdad, desde esas dos perspectivas somos culpables y no podemos ser absueltos! Así, de crudo y verdadero.
Esa convicción me ha llevado a enmarcar una fotografía desgarradora. Yo la llamo, quizás erróneamente: La Madonna de la tienda de lona. Para ahorrarme los detalles, sólo tenéis que dirigir vuestra mirada hacia el comienzo del texto. La Madonna mira, con esa tristeza inevitable de víctima inocente, a su pequeño. Una visión de una amantísima madre con su sufrimiento contenido, de una desolación más allá de cualquier forma de esperanza. Su facies, con sus ojeras pronunciadas, no interpela a nadie, cómo si el mundo ingrato e indiferente poco le pudiera ofrecer. Iluminada por dos pequeñas aberturas o ventanucos de la tienda, que dejan entrar la luz de los refugiados. La mirada, plenamente centrada en su hijo, atenúa nuestra sensación de enormidad estremecida ante el dolor, la tragedia melancólica que se desarrolla en su íntima escena de amor maternal. ¿Qué sentimientos nos abrasarían si la Madonna, nos mirará directamente como a testigos mudos? ¿Cuáles serían nuestros pensamientos, nuestras contradicciones, la conciencia de la oscuridad tenebrosa, escandalosa de nuestra ineficacia frustrada sin resignación posible, sin exculpación ni redención admisibles?
En cualquier caso, se tomó en un momento preciso, posiblemente imborrable para nuestra percepción de seres humanos sensibles y empáticos. La tomó un fotoperiodista palestino, que al igual que el niño sostenido por los brazos de su madre, de la que desgraciadamente desconocemos su nombre.
Es sólo una falsa sensación mía, es como si después de realizada la instantánea, alguien la hubiese retocado y pintado en su realismo más lacerante y abrasivo. Ese proceso lleva el nombre en inglés de “light-paintig”.
Queridas amigas, queridos amigos, alguien, algún pintor de finales del Renacimiento o comienzos del Barroco, hubiera procedido a completar un cuadro de un patetismo lastimoso, pero sembrado de paz y de amor materno. Vosotros, ¿qué opináis? Lo mismo se han “desmuerto” Giovanni Belini, Gian Battista Pittoni, Jan Van Eyck, Filippo Lippi, Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, o el mismísimo Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610). Se me antoja este último pintor como autor más seguro, pintor de otras obras de Madonnas, como también el resto de artistas que hemos citado. Sí, yo apuesto por él ya Caravaggio, en el epílogo de su vida, durante su huida a Nápoles. Caravaggio y un Barroco pleno marcado por el efectismo, la emocionalidad, la complejidad del dramatismo y el contraste cromático. No sé, lo mismo tenéis un candidato mejor.
La fotografía fue tomada el primer día de agosto. Afortunadamente, su cara no está expuesta, para preservar su intimidad. Es patético observar, que su querida madre ha utilizado una bolsa de basura negra como improvisado pañal. El famélico niño Mohamed Zakariya con año y medio, seguramente no podía hablar. Otras niñas y niños, mayores, ante su desnutrición y el sentimiento de padecimiento físico y psíquico solicitan a sus madres la voluntad de morir, de ir al Cielo allí hay comida, en el paraíso dan tres refecciones diarias: desayuno, almuerzo y cena. No obstante, lo más importante es que las niñas y los niños a demanda pueden degustar, a cualquier hora caramelos, barritas de chocolate y dátiles. ¡Toda una gozada! ¡Quédate allí, mi niño! ¡No sepas lo que pasa, ni lo que ocurre!
He tenido la osadía de colocar dos estrofas de un poema de Miguel Hernández: “El Hambre”. Lo he creído importante, porque me parece un complemento lírico enriquecedor. Enseña a no perder de vista el azote del hambre, a conocer sus posibles consecuencias deshumanizadoras. Sospecho que el poeta-soldado era presa también del hambre en las trincheras republicanas. A lo mejor no tenían, ni siquiera, las “píldoras” del admirado Doctor Negrín (lentejas, llenas de palitos y piedrecillas). Os remito también el texto.
¿Qué queréis que os diga? No se trata de un capricho, un adorno, un recuerdo, una bagatela. Es mucho más, que no puedo explicar. Ya sabéis, a veces, las palabras no sirven. Son palabras. ¿Quién puede matar a una niña o a un niño?
Unicef ha salvado la vida a 9,3 millones de niñas y niños, alimentándolos con estas barritas hipercalóricas e hiperenergéticas. ¡Qué dinero tan bien invertido?