jueves. 04.06.2026
TESTIMONIO DEL GENOCIDIO EN GAZA

Cada día es como un 11-M. (Gaza vista por un médico valenciano)

Relato de un médico y denuncia de un ser humano ante la masacre en Gaza.
J M LOPEZ
Raúl Incertis.

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La necesidad de escribir este artículo me surgió tras conocer la desgarradora entrevista al anestesista valenciano Raúl Incertis quien, al regresar a España tras trabajar cuatro meses como cooperante en el hospital Nasser —el único aún operativo en el sur de Gaza— transmitió un testimonio que no solo era el relato de un médico sino la denuncia de un ser humano ante la masacre meticulosa y sistemática que Israel desmiente y justifica en base a la retórica de una legítima defensa.

El doctor Incertis ha descrito un escenario que recuerda más a un campo de exterminio que a una zona de conflicto

El doctor Incertis describió en sus respuestas un escenario que recuerda más a un campo de exterminio que a una zona de conflicto: bombas cayendo sobre barrios residenciales, niños con metralla incrustada en el abdomen, pacientes desnutridos hasta tal punto que ya no pueden cicatrizar sus heridas, y médicos forzados a reutilizar jeringas con restos de sangre seca pese al riesgo evidente de infecciones.

Lo que Israel presenta al mundo como una respuesta proporcionada a la amenaza de Hamas, en realidad no es más que una operación de aniquilación camuflada bajo una fachada legal ejecutada con precisión quirúrgica y cobertura diplomática internacional. Según el relato del anestesista valenciano, todo el personal médico en Gaza trabaja bajo el paraguas de la ONU, dependiendo de una ayuda humanitaria que apenas logra llegar a su destino por el bloqueo israelí. Desde hace dos meses no entra ni una caja de suministros. Los quirófanos se han convertido en cámaras de horror donde se puede encontrar de todo, desde amputaciones a desbridamientos sin pausa o cráneos infantiles aplastados. Cuando la afluencia de heridos desborda la mínima capacidad operativa del hospital, los médicos se ven obligados a declarar un evento de múltiples víctimas y priorizar a los que aún tienen alguna posibilidad de sobrevivir. Los demás —los casos sin esperanza— son dejados morir.

Privar a un pueblo de alimentos y medicinas no debería entenderse como una acción militar sino más bien una táctica de exterminio por inanición

El hambre es otra arma mortífera en esta estrategia de aniquilación. La Organización Mundial de la Salud estima que medio millón de gazatíes están al borde de la hambruna. Privar a un pueblo de alimentos y medicinas no debería entenderse como una acción militar sino más bien una táctica de exterminio por inanición. Sin embargo, pese a las evidencias, la narrativa oficial se mantiene en sus justificaciones y se sigue hablando de lucha contra el terrorismo como si se tratara de enfrentamientos entre ejércitos simétricos, cuando la evidencia pone al descubierto que no hay simetría posible entre un estado hipermilitarizado y una población civil indefensa y atrapada.

Cuando al gobierno español jamás se le ocurrió bombardear al País Vasco en su lucha contra el terrorismo de ETA, ni al británico bombardear Belfast para combatir al IRA durante los años más duros del conflicto en Irlanda del Norte, en Gaza se están arrasando hospitales, escuelas y campamentos de refugiados, no con el objetivo de acabar con Hamas sino el de borrar comunidades enteras. Y lo lamentable de esta estrategia es la complicidad con que occidente colabora con esta masacre. Estados Unidos, Reino Unido y buena parte de la Unión Europea continúan enviando armas a Israel y bloquean cualquier resolución internacional que permita el cese de la ofensiva. Así, mientras a muchos gobiernos se les llena la boca de valores democráticos al tiempo que callan o se alinean con el agresor, miles de civiles inocentes se quedan sin anestesia, sin quirófanos, sin alimentos, sin agua potable, y en suma sin derecho a vivir.

Mientras a muchos gobiernos se les llena la boca de valores democráticos, miles de inocentes se quedan sin anestesia, sin quirófanos, sin alimentos, sin agua potable y sin derecho a vivir

A lo largo de su entrevista, el doctor Incertis ha descrito la situación de Gaza como un 11-M que renace cada día que amanece en un pueblo reducido a escombros humanos, un escenario que Donald Trump y otros adalides del mal quieren convertir en un resort turístico de lujo, proyecto que la atroz realidad hace cada vez más posible a costa de operaciones quirúrgicas fallidas, instrumental médico contaminado, niños muriendo por falta de medios para curar sus heridas de guerra, vidas descartadas por una cuestión de prioridades médicas, hambruna y un lamentable largo etcétera.

Frente a este testimonio, cualquier argumento que busque justificar la masacre en Gaza se desmorona. No hay defensa posible cuando se asesina a hombres, mujeres y niños indefensos. No hay proporcionalidad cuando se provoca hambre y se impide el acceso a medicinas a quienes las necesitan. La comunidad internacional debería dejar ya de esconder esta tragedia bajo eufemismos diplomáticos y actuar con urgencia, pues lo que ocurre en Gaza no es una operación militar sino un flagrante genocidio que, si no se detiene, quedará impune en los anales de la historia, como tantas otras vergüenzas que hasta ahora creíamos superadas.

Cada día es como un 11-M. (Gaza vista por un médico valenciano)