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jueves 19/5/22
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FIDEL GÓMEZ ROSA |  Salvador Allende murió el 11 de septiembre de 1973, tras defender con sus escoltas su alta magistratura frente a los militares golpistas, que desde el día siguiente al de la victoria en las elecciones presidenciales fueron instigados, financiados y asesorados por Washington. El testimonio fotográfico disponible muestra a un hombre que, provisto de casco militar en la cabeza y fusil en mano, compone una dolorosa estampa quijotesca. Antes había rechazado las facilidades que le ofrecieron para exiliarse (Yo no renuncio) y había grabado en Radio Magallanes, única antena disponible en ese momento, su último discurso a la nación. En trance tan trágico, la conmovedora intervención radiofónica del presidente Allende constituye tal vez el testamento político más impresionante del siglo XX, tan auténtico como desgarrador.

En sus últimas palabras, con la mente puesta en los que a partir de ese momento crítico iban a ser perseguidos por los usurpadores; y en los trabajadores, que volverían a ser marginados, denunció la traición de los generales rastreros que pretendían imponerse y el egoísmo de los que por mano ajena querían recuperar sus privilegios. Expresó serenamente su decisión de morir en su puesto, y afirmó, en esta ocasión postrera, su fe en Chile y su destino. Todo se cumplió implacablemente; también aquella parte en la que pronosticaba con gran entereza que, más temprano que tarde, se abrirían las grandes alamedas de una sociedad mejor y que habría «una lección moral que castigaría la felonía, la cobardía y la traición».

Cincuenta años después de la infamia, esa lección moral le ha correspondido administrarla al presidente electo de Chile, Gabriel Boric, con la designación como nueva ministra de Defensa, Maya Fernández Allende, diputada socialista y nieta del presidente Allende, que comandará las fuerzas armadas y retomará simbólicamente el fusil que quedó en los escombros del Palacio de la Moneda, tras el indigno y bochornoso ataque de los cazabombarderos de la Fuerza Aérea chilena; ironías del destino para unos ejércitos que quisieron justificar sus operaciones criminales con la excusa del peligro comunista a la seguridad nacional, la nueva jefa de la Defensa chilena es hija de cubano, y en Cuba transcurrió su infancia y juventud, el lugar en que la familia Allende vivió su exilio.

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La democracia chilena, que era la más sólida de Iberoamérica antes del golpe, ha recuperado la estabilidad y la alternancia política, pero los efectos sociales y económicos de la dictadura pinochetista aún perduran. Chile ha solventado razonablemente bien la transición política y la memoria histórica reciente. Los Ejércitos, con la muerte del dictador, ya totalmente denostado después de su arresto en Londres por orden judicial, volvieron rápidamente a la senda de la subordinación constitucional y al cumplimiento profesional de sus misiones, dejando de inmiscuirse en la política nacional. En otro gesto simbólico que ahora se repite, Michelle Bachelet, hija del general de Aviación asesinado por el régimen, fue nombrada en 2002 ministra de Defensa, y cuatro años después se convirtió en la primera presidenta de Chile.

No obstante, las fuerzas armadas chilenas, especialmente el Ejército, han mantenido una innegable autonomía interna, consecuencia de su posición institucional privilegiada en la transición política. La subordinación al poder civil se ha combinado tácitamente con la anuencia respecto de un funcionamiento interno opaco, que ha tolerado abusos y redes de corrupción sistematizados, fundadas en el convencimiento de la impunidad tradicional del sistema con los uniformados. La utilización de fondos reservados del cobre, sin intervención ni controles, para la compra de armamento, material y financiación general de las unidades militares ha desembocado en un macroproceso de fraude y enriquecimiento ilícito (milicogate), con una estimación en la instrucción judicial de más de 6000$ millones defraudados, por el que fue procesado y se mantiene en prisión al general Fuente-Alba, excomandante del Ejército.

El programa político del Frente Amplio en materia de Seguridad y Defensa, teniendo como antecedente la actuación de las fuerzas de orden y la implicación de las fuerzas militares en la represión de las protestas sociales, contempla la reforma del cuerpo de Carabineros para avanzar en la profesionalidad de la función policial, la prevención científica del delito, el desarme y control civil de las armas, y la gestión del orden público con respeto a los derechos fundamentales de las personas. El sistema de enseñanza militar dará primacía a la formación en derechos humanos, perspectiva de género y labores de ayuda humanitaria, contemplando la igualdad de oportunidades en el acceso a los cuerpos militares, mediante la corrección de la brecha socioeconómica entre las distintas escalas del personal militar.

El gobierno de Gabriel Boric llega en un momento en el que se ha agudizado el conflicto histórico en la región sureña de la Araucanía con las comunidades mapuches. En los últimos años se ha alimentado una espiral de violencia con incendios de propiedades, ataques a los agentes de la autoridad y asesinatos de campesinos. El presidente saliente, Salvador Piñera, decretó el estado de excepción en la región, desplegándose el ejército en misión de control y seguridad. Los fuertes intereses económicos de la explotación de tierras y el asentamiento de bandas delictivas han complicado la resolución del conflicto. El presidente electo ha anunciado el levantamiento de las medidas de excepción y la apertura de un proceso de resolución pacífica.

El estallido social de 2019 forzó la formación de una Convención Constitucional para la elaboración de una nueva Norma Fundamental, que está llamada a derogar definitivamente la herencia institucional del régimen pinochetista, reestructurar la fórmula de gobierno y replantear las relaciones entre los poderes del Estado. El desequilibrio socioeconómico producido por las políticas neoliberales desreguladoras de los años ochenta sigue vigente en sus efectos sobre la protección social y la distribución de la renta. A la ministra Fernández Allende, integrada en el círculo más cercano del presidente, le corresponde culminar la reforma militar iniciada en 1988 con la holgada derrota del dictador en su plebiscito. Y en esta tarea tiene el honor y la responsabilidad de encarnar el ejemplo moral de su familia.


Fidel Gómez Rosa. Doctor en Ciencias Políticas por la UCM. Secretario de la junta directiva del FMD.

La lección moral del presidente Allende