ANÁLISIS LABORAL

Más empleo no basta: Europa necesita empleo de calidad

Europa se enfrenta a una decisión estratégica.

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A finales de 2025, el mercado laboral de la Unión Europea confirmó una tendencia de estabilidad que consolida la recuperación tras varios años de crisis. Según los últimos datos de Eurostat, la tasa de desempleo se situó en el 5,9 % en la UE y en el 6,2 % en la eurozona en diciembre de 2025, sin cambios respecto al mes anterior. En total, unos 13,04 millones de personas estaban desempleadas en la Unión. Al mismo tiempo, el empleo alcanzó un máximo histórico de 208,7 millones de personas ocupadas en el tercer trimestre de 2025. Además, la tasa de empleo entre la población de 20 a 64 años llegó al 75,8 % en 2024. A primera vista, los datos muestran una situación sólida. Sin embargo, detrás de estas cifras persisten problemas estructurales que cuestionan la calidad y la sostenibilidad del modelo productivo europeo. Más empleo no significa necesariamente mejor empleo.

Europa necesita empleo de calidad para preservar su identidad social y proyectarla como ventaja competitiva en un mundo cada vez más incierto

El 11 % de las personas ocupadas en la UE tiene un contrato temporal. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, el porcentaje supera el 30 %, lo que refleja una clara brecha generacional. La temporalidad afecta ligeramente más a las mujeres, lo que prolonga desigualdades en estabilidad, salarios y carrera profesional. El desempleo juvenil ha bajado hasta el 14,7 %, sigue siendo el doble de la tasa general y demuestra la fragilidad del acceso al trabajo en las primeras etapas de la vida laboral. Además, un dato especialmente preocupante es que el 8,2 % de las personas trabajadoras en la UE está en riesgo de pobreza pese a tener empleo. Entre la juventud, el porcentaje alcanza el 11-12 %. Tener trabajo ya no garantiza salir de la vulnerabilidad económica, lo que pone en cuestión uno de los pilares del modelo social europeo. 

El trabajo a tiempo parcial representa el 17,1 % del empleo total. Sin embargo, afecta a casi el 28-30 % de las mujeres ocupadas, frente a alrededor del 8 % de los hombres, lo que mantiene las brechas de género en ingresos y protección social. Entre la juventud también es más frecuente, y en muchos casos es involuntario por falta de alternativas a jornada completa. Por otra parte, la economía sumergida sigue teniendo un peso relevante —más del 10 % del PIB comunitario, según distintas estimaciones—, especialmente en sectores feminizados, en el empleo juvenil y en actividades de baja cualificación y alta rotación. En conjunto, esto dibuja un mercado laboral con buenas cifras en cantidad, pero con problemas en la calidad. Muchas personas continúan atrapadas en situaciones de precariedad e inestabilidad.

Los datos de 2025 muestran que la recuperación cuantitativa es real, pero el reto pendiente es cualitativo

Este debate es especialmente importante en un momento en que la autonomía estratégica y la reindustrialización son claves para el proyecto europeo. En diciembre de 2025, la Comisión Europea presentó su “Quality Jobs Roadmap” (Ley Europea de Empleos de Calidad), actualmente en fase prelegislativa. Se ha abierto un proceso de consulta con los interlocutores sociales para decidir si se presenta una propuesta formal al Parlamento Europeo y al Consejo. La Confederación Europea de Sindicatos (CES) valora que el empleo de calidad haya entrado en la agenda comunitaria y considera fundamental que esta iniciativa se traduzca en normas vinculantes que desarrollen los principios del Pilar Europeo de Derechos Sociales. 

Para el sindicalismo europeo, la futura norma debe consolidar el contrato indefinido como forma ordinaria de empleo, limitar estrictamente la temporalidad, reforzar la negociación colectiva y establecer mecanismos eficaces contra el abuso de la subcontratación, el falso trabajo autónomo y la expansión de las plataformas digitales, que fragmentan el empleo y aumentan la inseguridad. La precariedad no es inevitable ni consecuencia automática de la globalización o la tecnología. Es el resultado de decisiones políticas adoptadas durante décadas, en las que la desregulación se presentó como condición para competir. La mejora de la calidad del empleo tras la reforma laboral española de 2021, impulsada por el Gobierno de coalición, demuestra que las normas influyen de forma decisiva en la estabilidad contractual y en el equilibrio de la negociación colectiva. 

Al mismo tiempo, la transición ecológica y la digitalización están transformando profundamente el trabajo. La electrificación, la automatización y la inteligencia artificial generan oportunidades, pero también nuevos riesgos físicos y psicosociales. La gestión algorítmica, el teletrabajo y los modelos híbridos exigen garantías claras en materia de transparencia, supervisión humana y derecho a la desconexión. La transición verde y digital solo será sostenible si se basa en el principio de transiciones justas, con formación permanente, participación sindical y protección efectiva de la salud laboral. Sin empleo de calidad no puede haber cohesión social ni crecimiento equilibrado. Los países con mayor cobertura de negociación colectiva registran menores niveles de desigualdad y mejores salarios. Reforzar el diálogo social no es un coste, sino una inversión en estabilidad democrática.

Europa se enfrenta a una decisión estratégica. Puede competir a la baja en salarios y derechos, debilitando su cohesión y erosionando la confianza en el proyecto europeo, o puede apostar por un modelo basado en la innovación, la productividad y la calidad del empleo como base de su competitividad. Los datos de 2025 muestran que la recuperación cuantitativa es real, pero el reto pendiente es cualitativo. Convertir el récord de empleo en estabilidad, derechos efectivos, salarios dignos y negociación colectiva fuerte no es solo una cuestión laboral. Es una condición esencial para reforzar el modelo social europeo, garantizar la cohesión territorial y sostener la legitimidad democrática de la Unión. Más empleo no basta. Europa necesita empleo de calidad para preservar su identidad social y proyectarla como ventaja competitiva en un mundo cada vez más incierto.