jueves 27/1/22
José María Gómez-Valadés ‘Tamargo’, en el centro. Imagen tomada de La Región Internacional.


Los ciudadanos tenemos la impresión de que los políticos nos toman el pelo, pero obviamos que “políticos” no son únicamente aquellos que ganan dinero de esto y que ocupan sillones en lugares importantes. Los políticos en realidad lo somos todos aquellos que trabajamos de una manera u otra por mejorar la sociedad, el pueblo en el que vivimos, o el colegio al que van nuestros hijos, y que en muchas ocasiones lo haríamos mejor que esos “políticos” profesionales que nos dan su tiempo gracias a los altos salarios que ganan o a la promesa de puertas giratorias con salarios aún más altos en el futuro.

Esta semana se nos ha ido uno de esos políticos que con su trabajo altruista durante décadas ha ayudado a mejorar las condiciones de muchos compatriotas emigrados en Bélgica.

José María Gómez-Valadés, ‘Tamargo’ para sus amigos y allegados, fue uno de los más de un millón de españoles que emigraron con sus familias en los ’60, fruto del plan creado a principios de los 50, con el Instituto Español de Emigración. Este instituto fue creado por la dictadura para provocar una emigración masiva hacia una Europa que necesitaba de mano de obra barata para una reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial.

Tamargo era ovetense y llegó a Bruselas con 11 años.

Como muchos de los emigrantes rumbo a Europa José María trabajó en hostelería tras la etapa inicial en el sistema educativo belga donde pudo aprender la lengua de su país de acogida. Tras este primer trabajo, aprendió el oficio de la imprenta primero en una pequeña empresa en el sector privado, y luego pudo usar esos conocimientos en la imprenta del sindicato en el que ocupó el resto de sus años de trabajo antes de jubilarse.

Tamargo se casó con una compañera de sindicato, Jenny, con la que tuvo a su hija Claudia y a las que transmitió su amor por España y Asturias, y ambas hablan tanto castellano como bable.

Fue uno de los fundadores de los Consejos de Residentes en Bruselas y en este rol voluntario llevó a cabo su objetivo de mantener informada a la población de la actividad del Consejo de Residentes y ayudar a solucionar las dudas de los que llegaban al país, así como poder ayudar al Consulado informando de los problemas que se encontraban con los servicios ofrecidos a los emigrantes residentes en Bélgica.

En aquellos tiempos no había las facilidades que ofrecen las redes sociales y Tamargo usaba su tiempo libre respondiendo por escrito las dudas que recibía vía postal y tanto en Bruselas como en Lieja también organizaba reuniones periódicas en diversos bares con la comunidad española. En estas reuniones informales explicaba los cambios en derechos, o de los procedimientos a llevar a cabo para poder renovar pasaportes, o informaba acerca del SOVI (Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez) que permitió multiplicar por 10 las pensiones cobradas por algunos de nuestros emigrantes en condiciones más precarias. Tamargo se quejó mucho de los cambios recientes en la posibilidad de acceder a los viajes del Imserso por parte de nuestros emigrantes jubilados.

En sus roles en los Consejos de Residentes, paso por todas las posiciones posibles, desde consejero, a secretario y también presidente y fue consejero general en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (foro de la emigración) durante los 3 últimos mandatos, formando siempre parte de la Comisión SocioLaboral.

Como dice su compañero y amigo Marco Antonio de Lera, también consejero general por Bélgica “Tamargo siempre trabajó para la gente más humilde”

Aficionado a la lectura, y a la música clásica, José María no es solo otro número más a añadir a las víctimas de la Covid19. Su historia como emigrante en Bruselas fue la de un político de la calle a la plena disposición de sus compatriotas sin necesidad de enarbolar banderas ni de ejercer patriotismos de pulseritas.

Con 68 años la Covid ha sido la causa de su fallecimiento en el hospital donde se recuperaba de un trasplante de hígado al que se tuvo que someter tras una larga enfermedad.

Ya no podrá volver a Asturias de viaje con la familia como hacia todos los años, siendo uno de los fundadores de la agrupación de asturianos y asturianas de Bélgica, y era fanático del Real Oviedo.

El impacto del trabajo voluntario de muchos de estos ciudadanos que trabajan de manera altruista sobrepasa con creces el esfuerzo que muchos de nuestros políticos “profesionales” muestran a diario, y asimismo nos muestran una capacidad de empatía hacia el resto de la ciudadanía que no existe por parte de una gran parte de nuestros representantes en Congreso y Senado.

Se nos ha ido un amigo, un aliado, y un ciudadano ejemplar. Su recuerdo quedara en Oviedo, en Bélgica, y en aquellos que tuvimos el placer de conocerlo.

Las horas de trabajo sin recursos provenientes por parte de ninguna de nuestras instituciones, y armados solo con las ganas de mejorar la vida a los compatriotas han de ser reconocidas. Los gobernantes y oposición, en vez de poner palos en las ruedas de las diversas organizaciones que trabajan por la comunidad ya sea en el exterior o en los barrios y comarcas de nuestro país, han de ayudar a impulsar su trabajo, valorando el esfuerzo e impacto que tiene su activismo.

Hay que aprender a elegir a aquellos que nos representan. En el sistema actual muchos de estos políticos profesionales los votamos por imposición, sin posibilidad de poder elegir a aquellos que ya saben lo que necesitamos y ya trabajan por nosotros tanto en ámbitos locales como nacionales.

La capacidad de trabajo se demuestra trabajando, y el conocimiento llega de la exposición a los problemas que la comunidad sufre en sus carnes.

Tamargo como emigrante, pasó por varios estados como emigrante: desde aquel niño que no hablaba el idioma, a trabajador de hostelería, o a líder sindical y de instituciones de representación ciudadana. Llegó a ser un político de gran altura, sin interés en sillones, y más enfocado en las calles y en ayudar a la gente corriente.

Se nos ha ido un amigo, un aliado, y un ciudadano ejemplar. Su recuerdo quedara en Oviedo, en Bélgica, y en aquellos que tuvimos el placer de conocerlo.

Tamargo, el ovetense de Bélgica