martes. 05.03.2024
gaza
Gaza. (Imagen: Wikipedia)

Es de sobra conocido que los judíos han sido históricamente un pueblo sometido a discriminación, persecución, expulsiones territoriales y matanzas; desde los albores del Imperio Romano hasta bien entrado el siglo XX, con la culminación en el Holocausto realizado por el nazismo o las persecuciones en determinados momentos del estalinismo. 

Significativamente, en ese larguísimo periodo histórico, los judíos por lo general no respondieron con violencia a la violencia que sobre ellos se ejerció, salvo ya después de la 2ª Guerra mundial cuando los sectores sionistas protagonizaron actuaciones armadas e incluso terrorismo en su objetivo de conseguir un territorio para establecer el Estado de Israel, a consta de expulsar o marginar a quienes durante cientos de años habían sido su población nativa, los palestinos. 

Es sabido que en 1948 la ONU, presionados la mayoría de sus miembros por el recuerdo de las recientes masacres nazis, aceptaron la artificial creación del Estado de Israel, contando también con el apoyo de buena parte de la opinión pública occidental, horrorizada por la pasividad con que tradicionalmente habían aceptado la persecución a los judíos.

En 1948 la ONU, presionados la mayoría de sus miembros por el recuerdo de las recientes masacres nazis, aceptaron la artificial creación del estado de Israel

La ONU fijó unos requisitos para garantizar mínimamente los derechos de la población palestina desplazada o marginada. Requisitos que paulatinamente fueron siendo incumplidos por los sucesivos gobiernos israelís, justificándolo por las agresiones bélicas de varios de los estados árabes vecinos y la aparición de grupos armados palestinos.

Las acciones militares de Egipto, Líbano, Siria, con el respaldo de Irak, Irán, Libia y otros estados árabes, fue reduciendo poco a poco la influencia política de los sectores de izquierda y pacifistas de Israel y de aquellos mandos militares de su ejército de tradición progresista. La población israelí, que inicialmente en su mayor parte venía de una tradición laborista e incluso más a la izquierda, fue decantándose hacia la derecha y extrema derecha.

La población palestina desplazada o marginada, víctima además de las respuestas militares o policiales de Israel, se encontró con dos políticas contrarias para lograr sus objetivos. La de Al Fatah y otros grupos palestinos de tendencia izquierdista que, sin abandonar la presión en las calles, renunciaron a la violencia que habían practicado en el pasado, (aunque manteniendo una cierta ambigüedad hacia las acciones violentas de otros grupos), optó por la negociación bajo el paraguas internacional. Y quienes como Hamás y otros grupúsculos islamistas, con el apoyo económico y logístico de algunos estados de la zona, acentuaron su activismo militar e incluso terrorista.

Desgraciadamente los acuerdos de Oslo de 1992 que parecían abrir un camino de paz y convivencia fueron incumplidos por los sectores más derechistas de Israel y saboteados por las organizaciones armadas palestinas. Y para colmo la parte de la población palestina que fue hacinada en la franja de Gaza, prefirió dar su respaldo electoral a Hamás, desencantados por la intransigencia israelí y la inoperancia y hasta corrupción de los sectores más moderados que formaban la llamada Autoridad Nacional Palestina.

Con momentos álgidos de enfrentamientos como las diversas Intifadas y las violentas respuestas israelíes, con actos terroristas de los grupos armados y la consecuente represalia israelí, fueron pasando los años y hubo quienes pensaron que el conflicto palestino-israelí se había ido desplazando a otros ámbitos: Irán, Irak, Afganistán, Yemen, Libia, Siria y que en la medida en que la intervención militar de Estados Unidos y sus más estrechos aliados fueran apagando los incendios en esos países y destruyendo los instrumentos de apoyo económico y logístico de las organizaciones armadas, las cosas se irían “arreglando” poco a poco en Palestina. 

La población israelí, que inicialmente en su mayor parte venía de una tradición laborista e incluso más a la izquierda, fue decantándose hacia la derecha y extrema derecha

Craso error como ha demostrado la vuelta de los talibanes en Afganistán, los brutales atentados yihadistas en New York, Madrid, Londres, Paris, Bruselas…, el caos en Libia, la guerra civil en Siria, las tensiones en Irak o en el Yemen o las guerras civiles en el África Subsahariana.

Estos “geo estrategas” civiles y militares que lo basaban todo en una interminable serie de intervenciones militares por aquí y por allá, confiaban también en convencer a los financiadores árabes de los grupos violentos, ignorando que en el mundo actual no hay nada más fácil que mover financiación por redes indetectables.

De esta forma nos hacían creer que la situación en Gaza había pasado a ser un “conflicto de baja intensidad”, que se iría reduciendo con la ayuda de muros y alambradas y de vez en cuando algún bombardeo o la ejecución selectiva de dirigentes de los grupos armados. Un conflicto con el que había que aprender a vivir a pesar de sus costes de todo tipo, confiando que al final los más fuertes militarmente, los más ricos y los que tenían mayor respaldo internacional terminarían por ganar la partida. Y parecía que la opinión pública israelí compartía más o menos esa vía, votando cada vez más a la derecha y aprovechándose de los asentamientos y expropiaciones irregulares.

Hasta que Hamás ha lanzado su criminal intervención, sorprendiendo a todos, incluidos los avispados “geo estrategas”.

La intervención terrorista de Hamas abre diversos interrogantes. 

¿Cómo es posible que esta organización y quienes les financian y ayudan, no hayan tenido en cuenta la brutal respuesta militar de Israel y la semidestrucción de Gaza, además de ocasionar miles de muertos y heridos? 

¿Cómo es posible que no hayan tenido en cuenta que sus crímenes iban a provocar todavía más el fortalecimiento de la derecha belicista israelí y muy en especial de un Jefe de Gobierno como Netanyahu, desprestigiado y criticado incluso por sectores de la judicatura y del ejército?

¿Cómo es posible que no hayan valorado los efectos devastadores en la opinión publica mundial, en la mayoría de los gobiernos y de organismos internacionales e incluso entre sectores políticos tradicionalmente simpatizantes de los palestinos? 

Solo veo tres posibles explicaciones. Una, que el fanatismo les anula absolutamente cualquier posibilidad de análisis. Otra, es que sus apoyos externos les hayan convencido de que tras sus cohetes iban a entrar en combate los misiles y bombas de los estados aliados, que por cierto en el pasado demostraron su ineficacia militar frente al ejército israelí. Y por último, el que hayan optado por la vía de “cuanto peor, mejor”, de morir matando, ya que son incapaces de afrontar una vía de negociación y alianzas internacionales democráticas.

La izquierda alternativa deberíamos hacer una aproximación a los sectores pacifistas y progresistas de Israel y contribuir a desplazar a Netanyahu y los fanáticos sionistas

Por otra parte la intervención de Hamás y la ofensiva militar israelí, tienen un efecto demoledor en la Autoridad Nacional Palestina. ¿Qué van a hacer emparedados entre la criminal intervención de Hamas y la brutal respuesta del ejército israelí? ¿Y cuál va a ser la reacción de la población de Cisjordania ante la semi destrucción de Gaza? La Autoridad Nacional Palestina no tiene mucho margen de maniobra, y una alternativa de paz y negociación solo la podría protagonizar un equipo de políticos inteligentes, valientes e informados, que desgraciadamente hoy por hoy no parecen existir entre los sucesores de Arafat.

A su vez, si la intervención militar de Israel acumula destrucción y muerte, como por el momento todo hace prever, las iniciales simpatías que las víctimas del ataque de Hamas despertaron hacia el pueblo israelí en casi todo el mundo, pueden tornarse en una progresiva condena. 

En definitiva el futuro a corto y medio plazo no es alentador.

Y una reflexión sobre la actitud de una parte de la izquierda de nuestro país (y también de otros países) e incluso de los sindicatos de clase. En mi opinión sus declaraciones y posicionamientos son una equivocación de grueso calibre, que hace 20 o 30 años podrían ser entendibles pero que hoy en absoluto lo son. 

El ataque terrorista de Hamás, es una línea roja que exige la mas absoluta condena de la izquierda y desde luego también requiere una denuncia rotunda de la incapacidad de la Autoridad Nacional Palestina para asumir con firmeza una vía política de paz y negociación, separándose sin ambigüedad del terrorismo de los grupos armados, y buscando alianzas internacionales democráticas en lugar de los cantos de sirena de dictaduras islamistas.

En mi opinión condenar rotundamente la intervención militar israelí no es incompatible con declarar que ataques como el de Hamás lo único que sirven es para agudizar el dolor, la ruina y la desesperación de la población civil palestina de Gaza y también de Cisjordania. Y que si los terroristas no hubieran intervenido, ahora no estaríamos contemplando la destrucción de Gaza. 

La izquierda alternativa deberíamos hacer una aproximación a los sectores pacifistas y progresistas de Israel y contribuir a desplazar a Netanyahu y los fanáticos sionistas. Debemos evitar cualquier tentación antijudía y no podemos olvidar que en el siglo XIX y XX grandes personalidades judías fueron inequívocas referencias del progreso, la ciencia y la cultura; desde Marx y Trotsky hasta Einstein, Oppenheimer, Freud y Wilhem Reich, Thomas Mann, Noan Chomsky, Kafka, Marcel Proust, Mahler y Felix Mendelssohn, Marcuse, Marc Chagall, Woody Allen, Stanley Kubrick, Fritz Lang, George Cukor, Barenboim, Gershwin, Leonard Cohen o Bob Dylan y un larguísimo etcétera, sin olvidarnos de los judíos voluntarios en las Brigadas Internacionales o que fueron una parte fundamental en la creación de los Partidos Socialistas y Comunistas de Europa y América.

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