TRIBUNA GEOPOLÍTICA

La Unión Europea y el descenso a la insignificancia

Con esta UE, el proyecto europeo está abocado al fracaso, a la pérdida de confianza y a un alejamiento cada vez mayor de la sociedad europea hacia sus instituciones.

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La Unión Europea siempre ha sido vista como un “gigante económico y un enano político”. Pero actualmente se podría significar mejor como “un espacio político y económico insignificante” debido fundamentalmente a su propia actuación en todos los ámbitos.

La UE está en crisis y aún hay mucha gente que no lo quiere ver. Su creación se efectuó para lograr el fin de las confrontaciones intra-europeas y la unidad se basaba fundamentalmente en la conjunción de las grandes familias políticas europeas, fundamentalmente socialdemócratas y democratacristianos, en un intento de lograr que Europa fuera económica y políticamente influyente. Eso sí bajo el paraguas militar americano para hacer frente al adversario del este soviético.

La falta de capacidad política de la UE se ha visto y comprobado en varios aspectos de sus políticas recientes. El primero su actuación en Ucrania

Los últimos procesos de ampliación han comportado una UE mayor, pero a la vez menos compacta. Y eso se ha notado en la dificultad de tomar decisiones de acuerdo con las necesidades del conjunto y de cada uno de los países.

Eso se demostró ya con la última gran crisis económica donde las grandes potencias, en especial Alemania ejerció un “diktat” sobre los países del Sur, sin tener en cuenta la voluntad de sus ciudadanos. El mayor ejemplo fue el duro trato dado a Grecia en contra de la voluntad democrática de sus ciudadanos.

Posteriormente los diversos equipos de dirigentes de la Comisión Europea han ido perdiendo calidad en lo relativo a intentar una mayor uniformidad y unidad política y social de las ciudadanías de los diversos países. Ello ha conllevado que la ciudadanía europea se aleje cada vez más de los ideales de una UE como referente político y aparezcan de nuevo con fuerza sectores que retornan hacia una reacción nacionalista.

Mucho más vergonzosa ha sido su actitud ante el Genocidio de Gaza. La UE se ha demostrado impotente para exigir a Israel el cese de su agresión a la población palestina

En los últimos años hemos podido comprobar como las fuerzas democráticas pierden fuerza en los diversos países y aparecen cada vez con mayor fuerza partidos ultranacionalistas y de extrema derecha. El primer aviso fue el Brexit y la salida de Gran Bretaña de la UE. Posteriormente hemos visto como en países tradicionalmente progresistas como los nórdicos aparecían fuertes corrientes de derecha y extrema derecha que cuestionan la realidad comunitaria. Así en Holanda, Suecia, Finlandia, Hungría o Italia entre otros están gobernados por coaliciones con fuerte influencia de la ultraderecha nacionalista. A la vez en países importantes como Alemania y Francia, la ultraderecha nacionalista se confirma como gran fuerza electoral, y finalmente en países como España y Portugal también van sumando descontentos las formaciones como Vox y Chega.

Esta situación tiene mucho que ver con la pérdida de valores europeístas en la dirección de la UE. No se plantean avances en la federalización de la UE ni en la democratización de sus instituciones cada vez más obsoletas y alejadas de los intereses de las mayorías ciudadanas. La burocratización de la UE y su falta de impulso federal de mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos es la primera causa de la desafección hacia la UE de los ciudadanos europeos. Los cuales perciben a la UE como una maquinaria burocrática al servicio de los grandes poderes económicos. Y ello pese al “espejismo positivo” de su actuación ante la epidemia de la COVID y sus consecuencias económicas posteriores.

Pero la falta de capacidad política de la UE se ha visto y comprobado en varios aspectos de sus políticas recientes. El primero su actuación en Ucrania. La UE se ha dedicado en exclusiva a la donación de ayuda militar y económica a Ucrania siguiendo las indicaciones de los Estados Unidos a través de la OTAN. Ni una sola iniciativa política para solventar el conflicto y lograr la paz. Eso se dejaba en manos del “Hermano mayor americano”.

La burocratización de la UE y su falta de impulso federal de mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos es la primera causa de la desafección hacia la UE de los ciudadanos europeos

Una actuación similar pero mucho más vergonzosa ha sido su actitud ante el Genocidio de Gaza. La UE se ha demostrado impotente para exigir a Israel el cese de su agresión a la población palestina. No se ha dado el más mínimo paso para frenar a Netanyahu y su política de crímenes contra la humanidad. Pocos países como España e Irlanda han alzado la voz en la escena internacional. La actuación del conjunto europeo ha sido una auténtica vergüenza como lo atestigua la posición y el rechazo de gran parte de su ciudadanía frente al silencio cómplice de la UE y sus gobiernos.

Y por si faltaba algo en los últimos tiempos hemos visto como la UE y los países europeos se plegaban a todos los deseos del “ególatra emperador TRUMP”. En la OTAN los deseos de Trump y Estados Unidos han sido dictados a sus vasallos que salvo la honrosa excepción de España han aceptado un incremento del gasto militar que comportará un déficit que sin duda se compensará con recortes sociales. Y ese gasto no servirá para consolidar un polo de defensa militar europeo, sino para incrementar la dependencia de los Estados Unidos ya que dicho gasto se dedicará a la compra de material militar USA. Es decir, los países de la UE se han comportado como discípulos aplicados del “Gran Amigo Americano”, el indiscutible amo y señor del “cotarro”. Los países europeos han renunciado a su autonomía y han aceptado el papel de apéndices o colonias de la potencia americana.

Sólo unos pocos países demuestran su decepción, España, Francia y Hungría. La mayoría inclina la cabeza, dispuestos a aceptar el sometimiento y la dependencia hacia EEUU

Y ya para poner el cierre final a este capítulo vergonzoso de la sumisión europea hemos asistido al “acuerdo sobre aranceles” acordado por Trump y Von der Leyden. La aceptación total de nuevo del “diktat económico” americano ha sido total. Se aceptan aranceles del 15% para las importaciones europeas en algunos productos. Otros como el aluminio y el acero son aranceles del 50%. A los productos que se importen de los USA, la UE, no aplicará ningún arancel. Y además la UE se compromete a comprar 600 mil millones de dólares de gas americano y otro tanto en material militar. Todo para evitar dicen una guerra comercial. Desde luego no habrá de momento guerra comercial porque ha habido una rendición total.

Sólo unos pocos países demuestran su decepción, España, Francia y Hungría. La mayoría inclina la cabeza, dispuestos a aceptar el sometimiento y la dependencia hacia EEUU, en lugar de intentar resistir y abrirse a otros espacios económicos alternativos.

Con esta UE, el proyecto europeo está abocado al fracaso, a la pérdida de confianza y a un alejamiento cada vez mayor de la sociedad europea hacia sus instituciones.

En lugar de impulsar un federalismo europeo y una autonomía en todos los aspectos, incluido el económico y militar del proyecto europeo, abierto a la relación equitativa con el conjunto de los países y espacios económicos del planeta, la UE se ha decidido por continuar con el seguimiento en todos los sentidos del “Emperador americano” pese a que este sea un verdadero “Nerón”.

Y ese camino sólo tiene un final: su mayor insignificancia y a la larga disgregación.