jueves. 04.06.2026
ANÁLISIS DE DISCURSO

No hay dos sin tres

El anuncio de nuevos aranceles a países europeos que participaron en maniobras militares en Groenlandia no es un hecho aislado ni una excentricidad personal.
Tropas europeas en Groenlandia

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Durante décadas, Europa creyó vivir en un mundo gobernado por reglas. Un mundo en el que el derecho internacional, el multilateralismo y las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial habían logrado domesticar la fuerza bruta. Ese fue el relato discursivo dominante. Sin embargo, los acontecimientos recientes han terminado por desmentirlo. Hoy, ese “noble sueño” se desvanece, y lo hace de forma grosera.

A la guerra en Ucrania, que expuso los límites de la disuasión jurídica frente al uso directo de la fuerza, se suma ahora un nuevo escenario de tensión global. El regreso de Donald Trump al centro del tablero internacional ha reactivado la lógica del poder sin disimulos, la del imperio que no pide permiso, la de la intimidación convertida en política exterior.

Lo que está en juego trasciende a Groenlandia. Afecta al modelo mismo de convivencia internacional

El anuncio de nuevos aranceles a países europeos que participaron en maniobras militares en Groenlandia no es un hecho aislado ni una excentricidad personal. Forma parte de una estrategia coherente. Trump acaba de dejar claro que, a partir del 1 de febrero, castigará económicamente a quienes no se alineen con sus intereses, condicionando incluso la suspensión de sanciones a una exigencia insólita, la venta de Groenlandia a Estados Unidos. La escena recuerda más a los forajidos del Lejano Oeste que a la diplomacia contemporánea.

La justificación oficial apela, como tantas otras veces, a la seguridad global y a la amenaza china en el Ártico. Sin embargo, esa explicación resulta endeble. Lo que está en juego no es la paz mundial, sino la consolidación de un neo imperialismo que desconoce abiertamente las reglas del sistema internacional pactado después de 1945, incluyendo el respeto a la soberanía, el multilateralismo y, en la práctica, la propia OTAN.

Europa enfrenta también una crisis interna marcada por el divisionismo político, el ascenso de fuerzas nacionalistas

El mensaje implícito es que Europa ha dejado de ser prioritaria. Para Trump, el continente es un apéndice construido sobre una dependencia silenciosa que la propia Europa aceptó durante décadas bajo el manto protector estadounidense. Mientras ese manto garantizaba seguridad, Europa pudo creer que la razón había sustituido a la fuerza. Hoy descubre que esa seguridad tenía el precio humillante de la subordinación estratégica.

El problema no es solo externo. Europa enfrenta también una crisis interna marcada por el divisionismo político, el ascenso de fuerzas nacionalistas y la dificultad para articular una respuesta común. Ahora cualquier reacción aislada parece insuficiente frente a un poder militar que Estados Unidos ha demostrado estar dispuesto a ejercer, como ocurrió primero en Irán y más recientemente en Venezuela.

Así se configura el “tercer problema”. No se trata solo de Rusia, ni únicamente de la fragilidad interna europea, sino del retorno explícito de una política imperial que ya no se molesta en revestirse de discursos humanitarios. 

Europa se encuentra ante una decisión histórica. Puede seguir reaccionando de manera fragmentaria, confiando en declaraciones diplomáticas y comunicados de preocupación, o puede asumir de raíz el problema, reconociendo que el orden internacional basado en reglas no se sostiene solo con buenas intenciones, sino con capacidad real de hacerlas valer.

Lo que está en juego trasciende a Groenlandia. Afecta al modelo mismo de convivencia internacional. Si la intimidación económica, la amenaza militar y la apropiación de territorios vuelven a ser herramientas legítimas de política exterior, el sistema de reglas construido será ahora una ficción decorativa.

“No hay dos sin tres” no es solo una expresión popular. Es una advertencia. Tras Ucrania y Venezuela, Groenlandia aparece como el siguiente episodio de una secuencia que revela un patrón, el de la normalización del poder del más fuerte. 

La respuesta europea —o su ausencia— enviará un mensaje al mundo entero. O alguien es capaz de plantar cara a esta deriva imperial, o Trump demostrará que, en el nuevo orden global, la fuerza vuelve a estar por encima del derecho.

Y esa lección, una vez aprendida, será difícil de revertir.


James Fernández Cardozo | PhD Análisis del discurso

No hay dos sin tres