jueves. 04.06.2026
TRIBUNA GEOPOLÍTICA

Europa se ve amenazada por Putin y Trump

Europa se ve amenazada por Putin en su flanco este y por Trump con su anexión de la danesa Groenlandia, sin contar con el enemigo infiltrado dentro de sus propias filas. 

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Conviene tomarse muy en serio las bufonadas de Trump, aunque parezcan una broma pesada. Por ahora Venezuela ve requisado su petróleo con la excusa de abatir a un dictador, aun cuando se conculquen unas leyes internacionales que por supuesto no son reconocidas por quien oficia como el dueño del globo. Ha conseguido que la FIFA se invente un premio, para consolarle por no haberse visto galardonado con el Nobel de La Paz. Fantasea con ir apaciguando conflictos bélicos que prosiguen sin tregua, como la invasión de Ucrania o el genocidio de Gaza, con cuyos artífices comparte un desprecio absoluto hacia casi toda Europa, si exceptuamos algunos gobiernos de su cuerda, que por otra parte irán creciendo en un futuro muy cercano, tal como ha ocurrido en Argentina y Chile recientemente. 

Canadá debería ir echando sus barbas a remojar y el Canal de Panamá irá tras Venezuela, esgrimiendo que resulta vital para los Estados Unidos

La Unión Europea ha dejado de ser un socio preferente, para devenir una piedra en el zapato de los autócratas, lo que impone cambiar de calzado. Europa se ve anexada en su flanco este por Putin, quien asegura estar preparado para entablar una guerra en terreno europeo, lo que provoca una psicosis muy comprensible sobre todo en los Estados fronterizos con la Federación Rusa como Polonia, Finlandia o los países bálticos. Por si esto fuera poco, Trump acaba de mandar un emisario a Groenlandia, con la misión de convertirla en territorio estadounidense. Sus habitantes no ven con malos ojos independizarse de Dinamarca, pero no quieren cambiar esa dependencia por otra y ser una colonia norteamericana.

Estos desafíos resultan escalofriantes y hacen añorar el periodo de la Guerra Fría, cuando los ejércitos estaban acuartelados por temor a desatar un holocausto nuclear. Ese poderoso armamento que parecía destinado a conjurar los conflictos bélicos, ahora sirve únicamente para que quienes lo poseen sean inmunes a cualquier ataque al margen de su régimen político, según testimonia el caso de Corea del Norte, dejando a quienes no tienen semejantes arsenales al pie de los caballos. Está volviendo el servicio militar y se incrementan los gastos en defensa, detrayéndolos necesariamente de otras partidas, lo cual deja desprotegidos a los más vulnerables heredando un malestar social que sabe aprovechar como siempre han hecho las fuerzas de la ultra derecha más extremista, deseosa de asaltar las instituciones para dinamitarlas. 

Salvo en su guerra civil o de Secesión el suelo norteamericano nunca ha vivido los estragos de un conflicto bélico y se cree a salvo al verse defendida por su poderío militar

Hasta no hace mucho era impensable imaginar otra guerra en suelo europeo, tras las dos guerras mundiales del siglo pasado. Parecía que unas experiencias tan traumáticas nos habían vacunado para no vernos contaminados por el virus del odio y la hostilidad bélica. La pandemia representó un receso que nos hubiera permitido revisar nuestras prioridades, pero ese periodo de reflexión ha dado paso a una época muy convulsa, en la que se incrementan las desigualdades y una élite acaparadora no considera personas a quienes carecen de patrimonio. Una juventud que no tiene fácil emanciparse por un mercado laboral muy precario y resultarse imposible acceder a una vivienda de alquiler, menosprecia el sistema democrático por sus múltiples fallos y corruptelas e incluso anhela una dictadura que soluciones sus problemas con mano férrea. 

Salvo en su guerra civil o de Secesión el suelo norteamericano nunca ha vivido los estragos de un conflicto bélico y se cree a salvo al verse defendida por su poderío militar. Esto le permite plantear escenarios bélicos allende sus fronteras, como si se tratara de un juego digital donde los atacantes tienen asegurada la supervivencia y están habilitados para ignorar cualquier tipo de legislación internacional. Los recursos del ártico son demasiado tentadores para un mandatario que solo piensa en hacer negocio y parece obvio que Groenlandia será anexionada, como lo fue Austria en tiempos de Hitler. Canadá debería ir echando sus barbas a remojar y el Canal de Panamá irá tras Venezuela, esgrimiendo que resulta vital para los Estados Unidos, como Rusia lo diera en su momento para el nazismo.

Aunque parezca una ocurrencia muy alocada, como ya he apuntado en otro artículo, quizá la Unión Europea debería estrechar sus relaciones con China, si quiere preservar intacto su territorio, por muy paradójico que resulte aliarse con el diablo comunista para preservar un modelo socialdemócrata. Hace falta un primo de Zumosol para frenar los abusos que pretender cambiar el tablero internacional por la fuerza. Por ahora solo contamos con los arsenales nucleares de Francia y del Reino Unido, siempre que sus gobiernos no cambien de tercio y devengan aliados naturales del par de fanfarrones dispuestos a repartirse los territorios europeos, ocupándolos mediante sus afines ideológicos o el envío masivo de drones militares. 

Europa se ve amenazada por Putin y Trump