TRIBUNA GLOBAL

Feudalismo global

La misma labor de alienación colectiva que hacía la Iglesia en favor de los nobles durante el feudalismo medieval la hacen ahora las redes, la última de Elon Musk se llama Starlink.

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Arnold J. Toynbee, filósofo de la Historia adscrito a la teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones, se hartó de trazar similitudes y concomitancias entre sociedades bien distantes en el tiempo. Tanto él como Oswald Spengler, por ejemplo, eran ineludibles en cualquiera carrera de Humanidades antes de que éstas se fueran adelgazando y llegaran a ser lo que hoy son en el currículo, menos que un pincho moruno. Y eso ahora, antes de que se implante la I.A. universal, máximo proyecto de Elon Musck, por cierto, financiado además en gran parte con fondos del Estado de Donald Trump. Entonces, las Humanidades serán menos que el palitroque que sujeta al pincho.

Apelaremos, pues, al británico para poner de manifiesto ciertas similitudes entre esos dos supuestos y distantes feudalismos. Recordemos que el feudalismo europeo, propiamente dicho, fue un sistema político, económico y social basado en la tenencia y explotación de la tierra. Existió durante la Edad Media tras el colapso del Imperio carolingio. Reparemos a continuación en por qué nacieron los Estados modernos. Surgieron entre los siglos XV y XVI, cuando los reyes aprovecharon la crisis del feudalismo para, respaldados por la naciente burguesía, hacerse con el poder. La monarquía fue entonces el antídoto contra la explotación, los abusos y despotismos -recordemos el derecho de pernada- de los nobles contra el pueblo. Valga un ejemplo simbólico entre otros muchos que conforman las páginas de la Historia: el pueblo de San Sebastián de los Reyes, hoy ya con más de 90.000 habitantes, debe su origen a los Reyes Católicos, por eso tienen su monumento en el comienzo de la calle San Onofre. Fue el caso que el conde de Puñonrostro dominaba, entre miles y miles de hectáreas, municipios como el de Alcobendas. Pues bien, resultó que algunos de sus súbditos, hartos de aguantar los abusos, vejaciones y torturas de su señor, huyeron de sus dominios y se refugiaron en una pequeña ermita consagrada a San Sebastián, allá en las afueras. Desde allí, atemorizados por las amenazas del conde, pidieron amparo a los RR.CC., quienes se lo concedieron de inmediato. Sabido es también que la Iglesia formaba parte del poder feudal -primus inter pares- y que, por ejemplo, en nombre de ella se forjó el Imperio español. Para que esto ocurra, los siervos de la gleba, los campesinos todos y los trabajadores de toda laña deben estar alienados, controlados mentalmente por un poder omnímodo -la religión, opio del pueblo-. Así pues, la Iglesia controla las almas -el infierno, el pecado, las indulgencias plenarias- por lo menos hasta la Revolución francesa y la Ilustración, origen del Estado democrático con la separación de poderes. La alienación de las masas es tan clamorosa que da lugar a fenómenos sociales como el ocurrido en España con motivo de la invasión francesa. Sabido es que Napoleón y sus gabachos traían consigo el Estado democrático moderno frente al poder sobrenatural de nobles y reyes. Pues bien, el pueblo español se echó en brazos del rey felón al grito alienante de “Vivan las caenas”.

Y ahora ya, por fin, con estos datos, vamos a intentar el triple salto mortal bajo el auspicio del citado Arnold Toynbee. Es el caso que ante la irrupción global de la llamada “tecnocasta”, dirigida por la trumponomoda 2.0, infinidad de ciudadanos atrincherados en el absentismo político: “Todos los políticos son iguales, ellos tienen la culpa de todo lo que pasa", han ido a parar, ya durante años, a la demagogia del populismo de las redes. La pregunta oportuna es muy simple: ¿Qué sería de D. Trump sin los 76,9 millones de ciudadanos que le han votado? Sabido es que tanto él como Elon Musk ven como enemigos para ejecutar su programa a los inmigrantes -expulsiones en masa-, a los acuerdos del cambio climático de París, a todos los integrantes o defensores del colectivo LGTBI, a los que pagan impuestos, como aval del Estado del bienestar, y a todo lo que suponga Estado Democrático, el de la separación de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial. Elon Musk está pidiendo ahora mismo el voto para “Alianza por Alemania”, partido neonazi declarado. Para ello amenazan con aranceles -lo acaban de hacer con Colombia- para todo aquel gobierno que se oponga a su programa. De todo ello se deriva que lo que ha ganado en estas últimas elecciones es lo que se llama “Ideología Blanca”, con eutanasia y genocidio incluidos, empezando por el pueblo palestino, como ya estamos viendo desde hace meses: “Hay que “limpiar” Gaza para iniciar su reconstrucción: Donald Trump.

La frase aquella que decía que tantos millones de personas no pueden estar equivocadas, después de lo de Hitler ya no tiene ningún sentido

Pues bien, la correlación inmediata es que el mal no son los políticos sino los millones de ciudadanos que les votan. La frase aquella que decía que tantos millones de personas no pueden estar equivocadas, después de lo de Hitler ya no tiene ningún sentido. Hoy todos sabemos cómo se ha ido formando esa mayoría de 76,9 millones de votos. Ha sido fundamentalmente a través de las llamadas redes sociales. Su gran socio, Elon Musk, el magamillonario más grande del planeta, escribió ya en 2022 a través de Twitter -luego X-: “La libertad de expresión es la piedra angular de una democracia funcional”. Twitter es la plaza pública digital; o sea, Corner Park, en el Londres de hace unos años. Si esto no suena a populismo, explíquese. El dueño de Tesla -Ojo!, aspérger y autista como el gran Nikola, el genio de la corriente alterna, obsesos ambos de la electricidad- ha lanzado su coche porque es el único que podría funcionar en Marte, el planeta rojo, que quiere hacer habitable para salvar a la humanidad porque, según él, la Tierra acabará siendo pasto de las bombas atómicas. El gran Nikola también tenía al sueño de dar energía gratuita a toda la humanidad y para siempre, pero es que no tenía poder como esta réplica que le ha salido.

Todo este fenómeno socio-político de llamémosles “tecnomagnates” no se explica si no es porque millones de personas han sido convenientemente abducidas en las redes sociales. Trump ha exigido -literal- “vasallaje y lealtad hacia su persona”. El actual presidente tiene 25 causas abiertas y es el primer presidente convicto -caso Stormy Daniels-. Se entiende muy bien que esté en contra de la Democracia del Estado. La conclusión de este artículo, que ya debe ir apareciendo, es propia del citado Arnold Toynbee: la misma labor de alienación colectiva que hacía la Iglesia en favor de los nobles durante el feudalismo medieval la hacen ahora las redes -la última de Elon Musk se llama Starlink y su modelo es el MEGADARK: curar a las gentes del Estado de la Democracia. Aquellos se llamaban nobles, estos son la tecnocasta, los tecnomagnates: los billonarios unidos jamás serán vencidos. Cuando llegaron a la sociedad los Facebook, los twitter, los tiktok, muchos pensamos que habían llegado para quedarse y que, no sabíamos cómo, iban a cambiar el mundo. Hoy ya lo estamos viendo. De algún modo, en cuanto a distribución de la riqueza, explotación de las masas en favor de unos pocos y genocidios de pueblos y emigrantes, hemos retrocedido 600 años, o al menos, así nos lo parece.