miércoles. 19.06.2024
Mensaje con los que se busca movilizar el voto joven en las elecciones europeas
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Algunos hechos diferenciales resaltan la importancia de las elecciones que a primeros de junio, el 9 en España, elegirán a los 720 diputados del Parlamento Europeo. En los últimos cinco años se han vivido dos acontecimientos de gran trascendencia histórica: la pandemia de Covid19, que se llevó la vida de millones de europeos y obligó a paralizar gran parte de la economía y la sociedad, y la vuelta de una guerra clásica, de invasión de un país por otro, cuando el 24 de febrero de 2024 Rusia atacó a Ucrania, tras los antecedentes de la anexión de Crimea y la sublevación en el Donbass.

  1. Distintas formas de gestionar las crisis y sus consecuencias
  2. El crecimiento de los nacionalismos y de la extrema derecha
  3. Tras la buena política, la incoherencia
  4. La reforma del gobierno económico
  5. Conclusiones políticas 

Distintas formas de gestionar las crisis y sus consecuencias

Las instituciones de la UE gestionaron de un modo positivo, en términos generales, la crisis de la pandemia, mediante la compra común y la distribución equitativa de las vacunas, las ayudas a los Estados miembros para hacer frente a la emergencia sanitaria y el Plan de Recuperación NextGenerationEU, cuya financiación rompió por primera vez el veto de Alemania a la emisión de deuda común europea, y cuya distribución se hizo según el muy justo principio de “a cada cual según sus necesidades”. 

Pero la erosión de las cadenas de suministros, que venía de la pandemia, y la crisis energética motivada por la drástica reducción de las importaciones de petróleo y gas de Rusia motivaron una crisis inflacionaria que se ha combatido con un brusco cambio de orientación de la política monetaria. De los tipos de interés cero y la expansión de la masa monetaria, mediante operaciones de compra masiva de deuda de los Estados por el BCE, se ha pasado en un espacio de tiempo muy corto a tipos en el entorno del 4,5% y a una fuerte reducción del balance del BCE. 

En los últimos cinco años se han vivido dos acontecimientos de gran trascendencia histórica: la pandemia de Covid19 y la vuelta de una guerra clásica, de invasión de un país por otro

La crisis financiera y económica de 2008-2012 se gestionó mediante la muy errónea e injusta política de austeridad extrema, que sumó a la política monetaria restrictiva una política fiscal fuertemente contractiva. Su máxima expresión fueron los planes de rescate de las finanzas públicas de Grecia, Irlanda y Portugal y del sistema financiero español. Frente a la crisis de la pandemia se ha actuado en el sentido opuesto, activando la cláusula de salvaguardia del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) hasta comienzos de 2024, lo que ha permitido a los Estados miembros endeudarse para hacer frente a la crisis. Además, los Estados recibieron financiación extra europea para la recuperación, a través de los planes nacionales de recuperación y resiliencia. Pero, ahora, la entrada en vigor, a partir de septiembre, de la nueva versión del PEC, tras la reciente reforma del marco de gobernanza macroeconómica, cambiará el signo de la política fiscal para obligar a los Estados a reducir los niveles de deuda pública, mientras la política monetaria sigue siendo restrictiva.

El crecimiento de los nacionalismos y de la extrema derecha

Las consecuencias sociales y políticas de estas crisis económicas y geopolíticas son un factor muy importante para explicar el crecimiento de la extrema derecha, en Europa y en el mundo. La gestión austericida de la Gran Recesión rompió lazos de solidaridad entre los Estados miembros y deterioró la cohesión territorial entre el Norte y el Sur de Europa y la cohesión social en el interior de numerosos países. Trajo consigo una primera oleada de avance de la extrema derecha en Europa. La versión nacional populista, racista y xenófoba, de la extrema derecha del siglo XXI, aún con sus diferencias entre ultraliberales y “seudosociales” y sus mayores o menores vínculos con los fascismos del siglo XX, es la que mayores réditos saca de los miedos al futuro y de la ruptura de los lazos de solidaridad y de confianza en las sociedades democráticas. La segunda fase de ascenso de la extrema derecha viene ayudada por los nuevos miedos e incertidumbres que la inflación y la guerra han creado, por la atracción que lamentablemente ejercen en los electorados las soluciones simples y demagógicas de los nuevos “hombres fuertes” por muy esperpénticos o malvados que puedan llegar a ser –TrumpMileiNetanyahu, etc.-, y por el blanqueo de la extrema derecha por la derecha tradicional, los partidos del PPE. El blanqueo se ha empezado a concretar en distintos países europeos mediante la competencia programática y la formación de gobiernos de coalición nacionales –Italia, Suecia, Finlandia y, ahora, en Holanda– o regionales y locales –en España y otros países–. La presidenta de la Comisión y aspirante a renovar el cargo, Ursula von der Leyen, acaba de contribuir de modo irresponsable a este blanqueamiento al insinuar que le gustaría ser apoyada por Giorgia Meloni

La segunda fase de ascenso de la extrema derecha viene ayudada por los nuevos miedos e incertidumbres que la inflación y la guerra han creado

Las próximas elecciones europeas tienen una importancia excepcional, muy superior a las anteriores, porque lo que nos jugamos en ellas es que las próximas instituciones de la UE se vean, o no, condicionadas por una alianza de la derecha con la extrema derecha. Asombra la ceguera suicida de la derecha tradicional y su abandono oportunista de los valores esenciales de la UE. Porque si tal alianza se consolida y extiende su manto de contagio a otras elecciones nacionales, como las próximas presidenciales francesas, lo que estará en juego es la misma existencia de la Unión Europea, Porque si una cosa está clara es la incompatibilidad de los nacionalismos europeos, mucho más aún los extremos, populistas, racistas y xenófobos, con todo lo que representa la mejor construcción política del siglo XX. La UE reventaría o malviviría como “sólo-mercado” en medio de conflictos constantes entre sus Estados.

Ya hemos empezado a ver las consecuencias del giro a la derecha y el avance de la extrema derecha en las políticas económica y presupuestaria de la UE. Con el concurso del débil gobierno de la “coalición semáforo” alemana -en el que a la falta de liderazgo, europeo y nacional, de Olaf Scholz, se une la contumacia de su ministro de finanzas, el liberal Christian Lindner, en resucitar el ordoliberalismo-, los gobiernos de derechas del centro y el norte de Europa, con el firme apoyo de la extrema derecha, están empeñados en convertir la positiva experiencia de gestión de la pandemia y de NextGenerationEU, en algo único e irrepetible. La financiación de los bienes comunes europeos mediante recursos europeos adicionales, que puede venir del endeudamiento o de mayores ingresos propios, está cerrada. La UE tiene un margen amplio para financiar la emisión de deuda común con calificación de triple A. Además, tener un stock de deuda más abundante fortalecería al euro como moneda de reserva frente al dólar. Pero nada importa al nuevo grupo de los mal llamados “frugales” –son simplemente antikeynesianos e insolidarios–, de nuevo capitaneados por Alemania. El ingreso de la extrema derecha ultraliberal, del PvD de Geert Wilders, en el Gobierno de Holanda consolida definitivamente el frente de quienes van a oponerse a un Presupuesto europeo fuerte –pronto se iniciará la negociación del Marco Financiero Plurianual 2028-2034– y a cualquier nueva versión de Next Generation, o de Fondo europeo de inversiones, incluidos los propuestos por la actual Comisión.

Tras la buena política, la incoherencia

Una de los aspectos más contradictorios e incoherentes de la actual política europea es que reconociendo todos el grave déficit de inversión que sufre la UE, causa de la brecha de productividad y competitividad respecto de otras economías avanzadas –con EEUU y China, en particular– y habiéndose propuesto un conjunto de ambiciosos objetivos y políticas, no se busquen los medios para financiarlas. 

Mencionaré sólo los más importantes objetivos y planes de los últimos cinco años: las transiciones justas, verde y digital; la autonomía estratégica aplicada a campos como la seguridad y la defensa, las políticas comercial e industrial y la seguridad de las cadenas de suministro; o la ampliación a nuevos miembros, nueve en estos momentos en el Este y los Balcanes, a algunos de los cuales, como Ucrania, se promete una vía rápida. Un reciente estudio de la Fundación Bruegel [1] ha calculado el déficit de inversión de la UE y sus Estados miembros, sólo para alcanzar los objetivos de las transiciones verde y digital, en nada menos que 481.000 millones de euros anuales, hasta 2030; incluso si se ejecutaran todas las inversiones previstas en los planes nacionales de recuperación y resiliencia.

Una de los aspectos más contradictorios e incoherentes de la actual política europea es que reconociendo el grave déficit de inversión, no se busquen los medios para financiarlas

Frente a estas necesidades, y frente a las muchas y muy autorizadas voces de analistas e intelectuales comprometidos con la construcción europea que ven como imprescindible que la UE encuentre los recursos para financiar estos objetivos y bienes comunes europeos y acabar, o reducir, los déficits de inversión, productividad y competitividad, las decisiones del Consejo Europeo en los últimos dos años han ido en un sentido contrario. 

La propuesta de la Comisión de Plan Industrial del Pacto Verde, concebida para compensar la Ley I.R.A. de los EEUU que apoya a las empresas para que sean climáticamente sostenibles, contemplaba la creación de un Fondo de Soberanía para equilibrar las muy dispares capacidades financieras de los Estados miembros y preservar una de las columnas vertebrales de la política de competencia en el Mercado Único, puesto que Alemania y Francia suman el 75% de las ayudas a las empresas que desde la pandemia se permiten. El Consejo bloqueó la creación del Fondo. Como supuesto sustituto se lanzó la Plataforma de Tecnologías Estratégicas para Europa (STEP) a la que se quiso dotar con 10.000 millones. La revisión del Marco Financiero Plurianual 2021-2027 (MFP), redujo la cifra a la ridícula cantidad de 1.500 millones, que irán a parar al Fondo Europeo de Defensa. La potencia de la I.R.A. estadounidense es de 300.000 millones de dólares. La parte principal de la revisión de mitad de período del MFP se ha destinado a Ucrania: 50.000 de los 64.000 millones. Pero la escasa capacidad de recaudación del nuevo conjunto de recursos propios de la UE, adoptado a finales de 2023, hace que buena parte de estos nuevos gastos se financien por reasignación de partidas de los actuales Presupuestos plurianuales. 

Si se es europeísta y demócrata en España y en Europa no se puede votar a los partidos de la extrema derecha ni a quienes no les importa pactar con ellos

La reforma del gobierno económico

El cambio de tendencia que ha producido la competencia entre la derecha y la extrema derecha en los gobiernos del centro y el norte de Europa y la vuelta de Alemania al ordoliberalismo económico y a la retaguardia política de la construcción europea han afectado lógicamente a la revisión del PEC. A pesar de que la propuesta inicial de la Comisión no abordaba una reforma en profundidad, que debería haber establecido cambios en los topes de deuda pública, la armonización fiscal de la zona euro y la creación de un Tesoro Europeo, entre otras cosas, al menos diseñaba una vía flexible y diferenciada para la reducción de las deudas públicas nacionales: los planes fiscales y estructurales nacionales. Mediante estos planes, de cuatro años de duración prorrogables a siete, negociados por la Comisión con cada Estado miembro, la deuda pública debería situarse en una vía de sostenibilidad al final del período. La presión de Alemania y otros llevó a que finalmente se hayan incluido en la reforma unas cláusulas de salvaguardia generales y rígidas que obligan, a todos los Estados con niveles de deuda pública superiores al 60% y al 90% del PIB, a situar sus déficits públicos anuales por debajo del 2% y del 1,5% del PIB desde los inicios del plan fiscal nacional. Con las salvaguardias, los compromisos de mantenimiento de las inversiones si se realizan reformas, para así prolongar tres años más la duración del plan, sólo significarán que el gasto corriente, fundamentalmente el gasto social, deberá ser reducido más fuertemente. En el caso de España, la aplicación de las nuevas normas fiscales va a significar unos ajustes presupuestarios anuales de entre el 0,5% y el 0,8% del PIB –recortes anuales de entre 7.300 y 11.700 millones a precios de 2023– según se haga el ajuste a siete o cuatro años [2].

Conclusiones políticas 

Si una conclusión podemos extraer de estos hechos es que el avance de la extrema derecha y la influencia que ejerce en los partidos y los gobiernos de la derecha tradicional europea no sólo ponen en grave peligro los objetivos y valores políticos y sociales de la UE sino también los principales objetivos en el campo de cualquier política económica y presupuestaria común que se oriente hacia un modelo productivo y de crecimiento que sea sostenible, económica, social y medioambientalmente. Y que los principales perjudicados serán los asalariados, los trabajadores autónomos, los pequeños y medianos empresarios de los países del Sur de Europa, o de los países más fuertemente endeudados. Las elecciones europeas no remediarán la situación política que ya estamos viviendo y que está determinada por las correlaciones de fuerza nacionales, pero pueden impedir que sean un paso más en una vía cuyo final es la destrucción de la UE. 

Por eso, si se es europeísta y demócrata en España y en Europa no se puede votar a los partidos de la extrema derecha ni a quienes no les importa pactar con ellos. Pero tampoco si simplemente se quiere defender los intereses materiales de los españoles, porque estas corrientes políticas son las que quieren imponer la insolidaridad económica y social que perjudica a todos los sectores económicos y sociales de nuestro país.

Javier Doz | Consejero del Comité Económico y Social Europeo, por CCOO


[1] M. Demertzis, D. Pinkus y N. Ruer: “Accelerating strategic investment in the EU beyond 2026”; Bruegel Report, 24/01/2024.
[2] Zsolt Darvas, Presentación en el Grupo del Semestre Europeo del CESE (30/04/2024) sobre documento de trabajo de Darvas, Welslau y Zettelmeyer, para Bruegel Foundation (2024)

Elecciones europeas, gobierno económico y extrema derecha