#TEMP
martes. 16.08.2022
Emmanuel Macron
Emmanuel Macron

Las elecciones francesas, sin perjuicio de su resultado, presentan un gran desafío para la Unión Europea. Emmanuel Macron y Marine Le Pen han llegado a la recta final exponiendo dos visiones distintas sobre cómo gestionar la política nacional francesa en un mundo cada vez más interdependiente y globalizado. Es la contraposición de dos enfoques ideológicos que se han venido a adaptar al nuevo escenario. Macron encarna una nueva opción política que él denomina “centro” intentando amalgamar de manera imprecisa la social democracia a un liberalismo económico, Le Pen muestra, con sus retoques de programa, una electoralista extrema derecha, pero que quiere gobernar. Le Pen no deja de ser el patriotismo nacionalista que recorre occidente.

A diferencia de las elecciones de 2017, cuando los ataques terroristas en Europa eran una acuciante inquietud para la ciudadanía francesa (además de otras problemáticas domésticas) los comicios de 2022 se sitúan en un contexto distintito que aporta nuevas incertidumbres y retos. Francia, al igual que el resto de naciones europeas con la gestión de la pandemia ha dejado ver las debilidades de gestión y de presupuestos políticos. La UE ha demostrado que es un baluarte sin parangón en la escena internacional. El apoyo financiero a la investigación científica, la compra de vacunas, así como la mutualización de la deuda a nivel europeo para relanzar la economía, han revelado la importancia de pertenecer a la Unión Europea. La Unión siempre cuestionada por Marine Le Pen, ha demostrado ser capaz de gestionar con políticas propias los problemas de los europeos. Sin duda, eso ha dejado vacío de contenido uno de los argumentos favoritos de la líder de la extrema derecha francesa. ¿Cómo lo hubiera gestionado Le Pen fuera de Europa?

Tras la pandemia en este mundo complejo surge la invasión rusa de Ucrania. La existencia de una unión política, económica y militar a nivel europeo se está demostrando como determinante. El precio exorbitante de los carburantes y el progresivo aumento de la inflación como consecuencia de la guerra, esta provoca un descontento sentido por los franceses. Encuestas previas y los resultados electorales de la primera vuelta lo revelan así. Los votantes no acaban de sentirse plenamente identificados con el novedoso modelo político que encarna Macron (27.8%), el descontento se visibiliza en el aumento del voto hacia la extrema derecha de Le Pen (23.1%), existiendo, no obstante, un notable electorado con tendencia a una extrema izquierda representado por Jean–Luc Mélenchon (22%), un resultado que invita a la reflexión, no sólo en Francia sino en toda Europa.  

En las Presidenciales francesas se ponen sobre el tapete dos modelos antagónicos de entender el mundo de este minuto y del futuro. A diferencia de 2017, cuando ninguno de ellos había pisado el Elíseo, hoy Macron lleva a sus espaldas tropiezos y aciertos. La contraposición de políticas ha dejado ver cómo pretende cada uno de ellos gestionar los desafíos futuros en un mundo con tendencia al caos. Mientras que Macron defiende mantener los impuestos para financiar la transición ecológica, seguir apoyando el libre comercio y reforzar la Unión Europea, Le Pen cuestiona todo, defendiendo políticas contradictorias. Centra su oferta en que Francia debe relocalizar la industria, desaprueba el libre comercio, pretende desmantelar las energías renovables eólicas, muestra del negacionismo reaccionario del cambio climático, y lo más preocupante pues nos afecta a todos: Reformar en profundidad la Unión Europea. Concretamente, afirma su voluntad de reducir la contribución financiera de Francia en Europa y crear una nueva alianza con aliados europeos.

Políticas incoherentes y opacas que lejos de encontrar solidez argumentativa, revelan que en el fondo vuelve a su posición ideológica de partida, la UE no sirve y hay que regresar a una Europa del mercado y no de los ciudadanos. Un rasgo que está detrás de los planteamientos ideológicos de los partidos de extrema derecha europeos.  Igualmente, rechaza abiertamente el Islam y el uso del foulard por parte de las mujeres musulmanas, oponiéndose con vehemencia a la inmigración ilegal, negando, como la extrema derecha española, la pluralidad existente en nuestras sociedades.

Con una guerra que está poniendo en cuestión el llamado orden mundial, Europa solo puede ver este proceso como unas elecciones claves para todos los europeos. Macron ha dejado ver su fuerte implicación política, haciendo uso de una persistente diplomacia, en la guerra de Ucrania, señalando a Le Pen como una candidata cercana al régimen de Putin, al existir un dato evidente como es la financiación desde 2015 de un banco ruso ligado al Kremlin, hecho que ha sido esgrimido por Macron en la campaña, reafirmando que ya la anexión de Crimea en 2014 fue una clara violación al derecho internacional. Una aseveración irrefutable. No obstante, en el 2017, durante la campaña anterior, Macron no dijo nada. Entonces Putin nos parecía a todos menos malo.

En esta tesitura, lejos de inyectar optimismo en la ciudadanía europea, las elecciones francesas se perciben con el riesgo de desestabilizar la UE cuando más importante es su fortaleza. La política seguida durante su mandato por Macron ha revelado, en algunos momentos, un malestar social que ha llegado a la calle. En nuestra opinión, la ausencia de una mayor visión social ha sido la causa. Por ejemplo, el impuesto al carbono, una política que provocó heridas sociales al surgir el movimiento social de protesta de los llamados “Gilets Jeaunes” señala el descontento de aquellos ciudadanos con menos recursos que amenazan hoy con apoyar las políticas de extrema derecha, que anteriormente apoyaban al partido socialista y que ahora se ven huérfanos de referentes políticos. Asimismo, la ausencia de apoyo político y financiero respecto a la creciente problemática que vive Francia sobre el feminicidio es también un punto flaco en su gestión que le ha saltado a la cara durante la campaña, se le ha cuestionado expresamente que debería haber seguido el ejemplo del gobierno de España. Error que ha admitido el candidato.

Cuando se celebran elecciones presidenciales en los Estados Unidos, y después de la aparición de Trump con mayor motivo, se suele decir que, deberían dejar votar a todos aquellos que no siendo estadounidense nos podemos ver afectados seriamente por el resultado. En estas elecciones francesas también tendríamos que poder votar todos los europeos.

Una elección mucho más que francesa