martes. 05.03.2024

Siendo EEUU el país más poderoso del planeta, lo que allí sucede tiene una extraordinaria importancia para todos los países del mundo, en particular para los occidentales. Importa, sobre todo, observar las tendencias políticas que se han puesto de manifiesto allí en las elecciones recién celebradas, las llamadas elecciones de medio mandato, porque, aunque el sistema político norteamericano es bastante diferente al que gastamos en estas tierras, algunos rasgos son parecidos.

Lo primero que llama la atención es que el país más avanzado del planeta tenga un sistema electoral tan arcaico y tan complejo que, una semana después de la votación, aún se siguen contando los votos y la composición de la Cámara de Representantes sigue pendiente. 

Hace dos años, y sabiendo que iba a perder, Trump se propuso seguir en el cargo a pesar de su esperada derrota. Inició una campaña de acusación de fraude mucho antes de la votación. Después de la votación siguió con la cantinela del robo de las elecciones sin poder presentar una sola prueba. Así justificaba su presión sobre las autoridades electorales a las que exigía  que anularan los resultados en algunos estados clave o bien que le “encontraran unos pocos miles de votos” para darle la victoria. Fracasadas estas maniobras,  lanzó a sus seguidores al asalto del Capitolio, para “convencer”, bajo amenaza de muerte, a su Vicepresidente de no ratificar el resultado electoral. El fascismo nunca ha dudado en utilizar la violencia para alterar el resultado de unas elecciones. Eso es justamente lo que intentaba Trump el 6 de Enero y por ello está justificado señalar que el “trumpismo” presenta algunos rasgos fascistas.

Lo primero que llama la atención es que el país más avanzado del planeta tenga un sistema electoral tan arcaico y tan complejo que, una semana después de la votación, aún se siguen contando los votos

Contra toda evidencia, una parte del partido republicano compró la teoría del robo electoral y siguieron con el raca-raca del fraude. En estas elecciones los republicanos esperaban una victoria aplastante. Por tanto, no tocaba lanzar ninguna campaña de fraude porque eso sería como tirar piedras contra su tejado.

Importa señalar que estas elecciones han venido precedidas de una limpia en las candidaturas del partido republicano. Trump se ha entretenido en promover candidatos “negacionistas” que le seguían el rollo del robo de las elecciones. La mayoría de los candidatos republicanos han sido trumpistas. La mayoría, pero no todos. Y eso es importante porque los candidatos no trumpistas han sacado mejores resultados que los trumpistas.

En resumen, no solo no se ha producido una oleada de extrema derecha sino que el electorado ha puesto en cuestión la utilidad electoral del propio Trump. De ahí que puede asegurarse que las elecciones de medio mandato han supuesto una derrota de la extrema derecha. Si hago hincapié en la suerte de la extrema derecha en EEUU es porque estoy seguro de que eso influye y mucho en la evolución del sistema político en estas costas.

Ha sido una derrota, pero la guerra sigue. Como se ha dicho, Trump ha colonizado el partido republicano y lo está transformando en un partido de corte ultranacionalista reaccionario. Así es que Trump, con el apoyo de ese partido tratará de presentarse a las próximas elecciones presidenciales para reconquistar el poder perdido. Está por ver si no habrá resistencias y candidatos alternativos entre los republicanos.

En resumen, no solo no se ha producido una oleada de extrema derecha sino que el electorado ha puesto en cuestión la utilidad electoral del propio Trump

Es interesante señalar los elementos políticos que han marcado el debate electoral. Los republicanos han puesto sobre la mesa la inflación disparada a niveles no vistos desde hace muchos años. Culpar a los demócratas de los precios disparados y del bajo crecimiento económico ha sido su gran baza. Sin embargo, el  nivel de empleo norteamericano no se ha resentido, al menos por ahora. Si la política económica tiene como primer, aunque no único objetivo, lograr el pleno empleo es claro que en el plano económico los demócratas no tenían tan malas cartas.

Los demócratas han hecho caballo de batalla del derecho al aborto. Una sentencia del Supremo ha abierto la puerta a que los Estados puedan legislar prohibiendo el aborto o al menos poniéndole muchas trabas. Algunos Estados republicanos así lo han hecho con lo que los republicanos han aparecido arrebatando a las mujeres un derecho importante. Es probable que los republicanos se hayan enajenado muchos votos por este asunto. Prueba de ello es que algunos Estados han celebrado referéndums y en todos ha ganado por goleada la posición favorable al derecho al aborto.

Pero la principal cuestión que Biden ha puesto sobre el tapete es la pervivencia de la propia democracia en EEUU. Violar el primer mandamiento de la democracia que dice que todos, empezando por el que pierde, tienen que acatar  lo que dicen las urnas, parece una amenaza real a la democracia. Promover la violencia política parece una seria amenaza a la democracia. Hay una cuestión que va y viene en el debate político: ¿son los sistemas autoritarios más eficaces que las democracias liberales a la hora de gestionar la economía? La respuesta no es evidente, por eso sigue el debate. El resultado de las urnas ha sido favorable a la democracia. Un buen día para la democracia, sí señor.  

En EEUU pierde la extrema derecha