ARTÍCULO DE LA MINISTRA DE RELACIONES EXTERIORES DE COLOMBIA

En la cuerda floja: ataques estadounidenses en el Caribe y Pacífico ponen en riesgo la legalidad global

Trump junto a aviones del Ejército.

La canciller colombiana, Yolanda Villavicencio M., denuncia en este artículo los ataques indiscriminados de EEUU bajo el argumento de una supuesta “guerra contra el narcotráfico”.

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En menos de dos meses, el gobierno de Estados Unidos ha lanzado 15 ataques con misiles contra embarcaciones en el Caribe y en el Pacífico oriental. Cerca de 70 personas han muerto, incluyendo a colombianos, venezolanos, ecuatorianos, mexicanos y trinitenses. Todo, bajo el argumento de una supuesta “guerra contra el narcotráfico”.

Para América Latina y el Caribe la situación está llena de riesgos, pero estos se extienden más allá de la región. Después de todo, si un solo Estado puede declarar de manera unilateral que cualquier sospechoso de un delito constituye un “objetivo militar”, entonces el mundo entero está en la cuerda floja. Lo que hoy ocurre en las aguas del Caribe podría ocurrir mañana en las costas del Mediterráneo, en el mar del Sur de China o en los ríos del África Occidental. Bastaría que alguien invoque la palabra “narcotráfico”, “terrorismo” o “seguridad nacional” para que el misil encuentre justificación antes que juicio.

En menos de dos meses, EEUU ha lanzado 15 ataques con misiles contra embarcaciones en el Caribe y Pacífico oriental

El derecho internacional fue creado precisamente para evitar este tipo de arbitrariedades. Establece límites claros al uso de la fuerza y distingue entre delincuentes y combatientes. Los primeros se enfrentan en tribunales, no con drones. Los segundos, bajo las reglas del Derecho Internacional Humanitario, en el contexto excepcional de una guerra declarada. Confundir esas categorías es disolver los cimientos del orden internacional y abrir la puerta a la impunidad global.

En días recientes, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos calificó estas operaciones como ejecuciones extrajudiciales. No son palabras menores: se trata de actos prohibidos por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y otro sinfín de instrumentos y principios del derecho internacional. Las normas que protegen a los más vulnerables se construyeron a partir de los horrores del siglo XX; erosionarlas sería volver, poco a poco, a la ley del más fuerte.

Pero esta escalada no solo amenaza al mundo: amenaza también a su autor, al mismo Estados Unidos. El presidente Trump ha declarado que no necesita autorización del Congreso para atacar, y que “simplemente matará” a quienes considere narco-terroristas. Si la política exterior de un país se rige por impulsos y no por instituciones, la inestabilidad no tardará en regresar a sus propias costas. Un conflicto en tierra firme, por ejemplo, en Venezuela, podría desencadenar oleadas migratorias, crisis humanitarias y nuevas redes de violencia. Ninguna frontera detiene el caos una vez que comienza a girar.

La seguridad no puede construirse sobre la erosión del derecho

Colombia conoce de cerca las consecuencias de la guerra desenfrenada. Décadas de conflicto nos enseñaron que la violencia, cuando se normaliza, acaba devorando a quien la usa. Por eso defendemos el combate firme al crimen organizado, pero dentro de la ley y de la cooperación multilateral. La seguridad no puede construirse sobre la erosión del derecho.

América Latina y el Caribe se rehusan a guardar silencio. Lo que hoy ocurre en nuestras aguas puede repetirse en cualquier lugar del planeta. Si aceptamos que la fuerza decida, el hilo que sostiene al mundo, esa cuerda floja que aún nos mantiene en equilibrio, terminará por romperse. No podemos permitir que eso ocurra.

Yolanda Villavicencio M. | Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia |