jueves. 04.06.2026
NUEVAS TECNOLOGÍAS

Inteligencia Artificial: Europa está perdiendo el futuro

En China, a partir de este otoño, los niños de tan solo seis años recibirán formación obligatoria en inteligencia artificial.

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Hace justo un año en mi artículo titulado “De Jacques Delors a Mario Draghi”. Comparaba la visión que Jacques Delors presentó en 1993 con su Libro Blanco sobre crecimiento, competitividad y empleo, con el “Informe sobre la Competitividad de la UE mirando hacia el futuro” de Mario Draghi (2024). Delors insistía en que la competitividad de Europa debía construirse sobre la inversión en lo inmaterial, en la educación, en la investigación y en la cooperación entre los Estados miembros. Tres décadas después, Draghi advierte que Europa se ha rezagado gravemente frente a Estados Unidos y China en el campo tecnológico, y que sin una inversión masiva —equivalente a cuatro Planes Marshall anuales– el futuro del continente será una lenta decadencia. Y lo resume con crudeza: sin un esfuerzo masivo y coordinado, Europa tendrá que resignarse a comprometer su bienestar, sostenibilidad ambiental y libertad.

La Unión Europea debe decidir si quiere ser actor o espectador en la transformación educativa y tecnológica que definirá el siglo XXI

Un año después, esas advertencias resuena con mayor urgencia. En China, a partir de este otoño, los niños de tan solo seis años recibirán formación obligatoria en inteligencia artificial (IA), desde el uso de chatbots hasta la comprensión de los dilemas éticos que plantea la tecnología, pasando por nociones de innovación y resolución de problemas.

Esta medida no es aislada: forma parte del Plan Nacional de Construcción de una Nación Fuerte en Educación (2035). Este plan, alineado con la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de 2017, busca consolidar a China como líder mundial en IA para 2030. Han definido la IA como la “clave de oro” para transformar el sistema educativo del país. El mensaje es inequívoco: la inteligencia artificial se sitúa al nivel de la alfabetización, tan esencial como aprender a leer, escribir o sumar”.

Han definido la IA como la “clave de oro” para transformar el sistema educativo del país

En Europa, salvo excepciones, la respuesta es decepcionante. Mientras debatimos si conviene prohibir que los alumnos usen ChatGPT, en las aulas por temor al plagio, Estonia, un país pequeño pero ágil y líder en digitalización, da un paso audaz. A partir de este septiembre, al igual que China, pondrá en marcha la AI Leap Initiative (TI-Hüpe 2025) en alianza con OpenAI. El programa proporcionará a alumnos y docentes acceso a herramientas de IA adaptadas al ámbito escolar, reducirá la carga administrativa de los profesores y facilitará la integración pedagógica de estas tecnologías. El presidente estonio, Alar Karis, lo ha expresado con claridad: “la IA ha cambiado permanentemente el mundo, y la educación debe adaptarse para seguir siendo relevante”.

China y Estonia representan dos modelos distintos pero convergentes. El primero apuesta por introducir la IA desde la infancia, cultivando una generación que crecerá con la misma naturalidad frente a la inteligencia artificial con la que otras aprendieron a manejar un ordenador. El segundo incorpora la IA en la adolescencia, con un enfoque práctico y adaptado a la madurez de los estudiantes. En ambos casos, la lógica es la misma: educar para convivir con la IA, no ignorarla ni temerla.

Nosotros y el resto de Europa, en cambio, parece que estamos atrapados en un círculo vicioso, sin salir de él. Tenemos diagnósticos claros, como el de Draghi, que nos recuerdan la urgencia de invertir y coordinarnos. Tenemos referentes próximos, como Estonia, que muestran que es posible avanzar incluso con recursos limitados si se cuenta con visión política y cultural. Y tenemos ejemplos lejanos, como China, que enseñan lo que significa pensar estratégicamente a décadas vista. Pero seguimos enredados en debates menores, incapaces de articular una respuesta común.

El mensaje es inequívoco: “la inteligencia artificial se sitúa al nivel de la alfabetización, tan esencial como aprender a leer, escribir o sumar”

No se trata solo de formar ingenieros o programadores. Se trata de garantizar que la ciudadanía europea pueda desenvolverse en un mundo en el que la inteligencia artificial estará tan presente como la electricidad o Internet. Los niños chinos que hoy aprenden a usar chatbots o a reflexionar sobre la ética digital, serán los universitarios de 2035 y llegarán con una década de ventaja en pensamiento computacional y en cultura tecnológica sobre la mayoría de adolescentes del resto del mundo. Si Europa no actúa, nuestros jóvenes serán meros consumidores de tecnologías creadas en otros lugares, sin capacidad de modelarlas ni de decidir cómo se integran en nuestras sociedades.

Los europeos no podemos perder otra década. La advertencia de Draghi fue clara y ahora es más urgente cuando vemos cómo China planifica con décadas de horizonte y cómo Estonia innova desde su escala digital avanzada. La Unión Europea debe decidir si quiere ser actor o espectador en la transformación educativa y tecnológica que definirá el siglo XXI. Draghi lo advirtió con números, Beijing lo demuestra con hechos y Estonia con innovación: Europa pierde el futuro si se queda en la retaguardia. Y perder el futuro significa perder también el alma de nuestro proyecto común.


Para estas líneas he contado con la asistencia de ChatGPT para la búsqueda, resumen y traducción del Plan Nacional de Construcción de una Nación Fuerte en Educación (2035) de China y del Plan AI Leap Initiative de Estonia

Inteligencia Artificial: Europa está perdiendo el futuro