sábado. 20.04.2024
Visita_de_Fidel_Castro_a_Chile,_Unidad_Popular_(1971)

Javier M. González | @jgonzalezok |
Gabriela Máximo | @gab2301


Uno de los acontecimientos que marcarían el gobierno de la Unidad Popular fue la visita al país del líder cubano Fidel Castro. Llegó en un momento de gran optimismo, después de las elecciones municipales de abril de 1971, en las que había aumentado considerablemente la votación del oficialismo. La Unidad Popular consiguió casi al 50 % de los votos, aunque la oposición en su conjunto logró más regidores. Fue el momento de mayor apoyo para el gobierno de Salvador Allende y dio pie a los sectores más intransigentes a pedir “avanzar sin transar”.

Fidel Castro llegó el 10 de noviembre de 1971 para una visita de diez días - pero quedó 23. Estuvo en Santiago, Antofagasta, Iquique, Concepción, Puerto Montt, Punta Arenas, Rancagua, Santa Cruz y Valparaíso. Fue la visita más larga de un mandatario extranjero en toda la historia de Chile y también la más controvertida, porque Fidel se comportó como un actor político más de la vida nacional, opinando del rumbo del gobierno. Tuvo una actividad frenética, con reuniones multitudinarias con obreros, estudiantes, campesinos, mineros -habían pasado poco más de cuatro meses desde la nacionalización del cobre- y pescadores.

“No existe en la historia ningún caso en que los reaccionarios, los explotadores, los privilegiados de un sistema social se resignen pacíficamente a los cambios”, dirá Fidel en su discurso de despedida. De fondo en sus numerosos discursos estuvo la comparación entre las dos revoluciones, la cubana y la que encabezaba Allende. Fidel ya había manifestado su posición en la conferencia que la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) celebró en La Habana, en agosto de 1967. El dirigente cubano había atacado a los partidarios de la vía pacífica. “Los que afirman, en cualquier lugar de América Latina, que van a llegar pacíficamente al poder, están engañando a las masas”, dijo en el discurso final de aquel encuentro.

“Los que afirman, en cualquier lugar de América Latina, que van a llegar pacíficamente al poder, están engañando a las masas”, dijo Castro

En el viaje a Chile, admite la excepcionalidad del caso chileno. En la Universidad de Concepción, cuna del MIR, les responde a los estudiantes que quieren que defina a Allende como un reformista o un revolucionario, que el presidente chileno era “un gran revolucionario”.

El desarrollo del viaje marcó un antes y un después en el gobierno de la UP. Provocó temores entre los adversarios de derechas y centroderechas. En la propia izquierda alentó debates entre los partidarios de la vía pacífica y los defensores de la ruptura revolucionaria.

“Si Castro se hubiera quedado una semana, el viaje hubiera sido un éxito político fenomenal, pero se quedó, se quedó y se empezó a enredar en disputas públicas con la oposición chilena”, dijo el historiador Joaquín Fermandois en entrevista reciente al diario chileno El Mercurio.

En otra entrevista con el mismo medio, en 1988, Miria Contreras, la “Payita”, que fue secretaria de Allende, afirmó que el presidente “se daba cuenta que la visita de Fidel se estaba transformando en una verdadera catástrofe política, pero no sabía en qué forma decirle que se fuera”. Algo parecido dijo Carlos Ominami, ex militante del MIR y ministro en el gobierno democrático de Patricio Aylwin: “Allende no se atrevió a decirle que era un exceso (…)  al final la visita hizo daño”. Y Oscar Guillermo Garretón, que fue subsecretario de Economía en el gobierno de Allende, insistió: “Todos nos empezamos a sentir incómodos con la prolongación extrema de la visita (…) No solo el presidente, todos los partidos de la UP estaban incómodos”.

A pesar del entusiasmo que despertó su recorrido por todo Chile, el Estadio Nacional de la capital no se llenó en el acto de despedida, seguramente por el cansancio que provocó la insólita visita.

Para el escritor Alfredo Sepúlveda, los diez días previstos inicialmente para la visita eran ya una enormidad para una visita de Estado: “Se alargó 14 días más por la voluntad de Castro y porque, efectivamente, en el mundo de la izquierda la visita fue tan popular que las peticiones para que visitara otros lugares eran muchísimas. Fue absolutamente improcedente, reñido con toda tradición diplomática vigente”. Y añade: “En mi parecer, él se queda más tiempo porque supone que Chile será importante para Cuba, porque será la próxima Revolución. Y él quiere jugar un papel importante en ella, quiere tantear el territorio, conocer a la gente y ser parte de lo que viene a futuro”.

Por su parte, el historiador brasileño Alberto Aggio sostiene que “Castro no salió de Chile hasta que estuvo convencido de que había socavado los cimientos de la estrategia política que le había dado la victoria a Salvador Allende”. Y asegura también que el objetivo máximo de Fidel era radicalizar el proceso chileno, posiblemente para hacer del país “una base de operaciones de la guerrilla latinoamericana patrocinada por Cuba”. El mismo autor considera que la serie de intervenciones del líder cubano en su periplo chileno “acabó por producir o acentuar un ambiente de confrontación entre izquierda y derecha que, a partir de ese momento, impediría o imposibilitaría, cualquier convivencia democrática”.


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Javier M. González | Corresponsal de RNE en América Latina y en Alemania. Cubrió información de Chile desde la transición hasta la muerte de Pinochet.


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Gabriela Máximo | Periodista brasileña de política Internacional. Cubrió diversos acontecimientos en América Latina y África para Jornal do Brasil y O Globo.


En eso llegó Fidel