ANÁLISIS DEL DISCURSO

Del consenso de 1945 al genocidio de Gaza

Firma de la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco el 26 de junio de 1945
La posición de Netanyahu vulnera de frente estándares mínimos de la ONU como la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, la Carta de Derechos Humanos y las resoluciones sobre protección de civiles en conflictos armados.

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Con el nacimiento de la ONU en el año 1945 acordamos, con la esperanza aún amoratada, perseverar en los principios de paz, seguridad internacional, derechos humanos y cooperación entre naciones. Las fuerzas aliadas hicieron valer su momento de victoria tras la Segunda Guerra Mundial creando el Consejo de Seguridad conformado por Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia (entonces URSS) y China como miembros permanentes y con el derecho privilegiado y unilateral al veto.

Desde entonces, con los estatutos de la ONU pudimos detener grandes conflictos como la Crisis de Suez (1956), las disputas en el Congo, la Guerra de Corea mediante las fuerzas de paz, y mediaciones en múltiples enfrentamientos territoriales.

La principal reforma sería la de eliminar el veto en casos de genocidio y crímenes de lesa humanidad, o requerir al menos dos vetos para bloquear una resolución

Pero, el declive paulatino del poder de eficacia de la ONU en las últimas décadas tristemente ha fracasado para prevenir genocidios en Ruanda (1994), la masacre de Srebrenica (1995), y la prolongada guerra en Siria. Además, el sistema del veto ha paralizado con recurrencia la acción internacional ante crisis humanitarias masivas.

Las resoluciones sobre Gaza que han sido vetadas por Estados Unidos suman más de 40 desde octubre de 2023. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras, Human Rights Watch, Amnistía Internacional y el relator especial de la ONU para Palestina han denunciado genocidio, mientras que organismos de salud palestinos documentan más de 60,000 víctimas civiles, en su mayoría mujeres y niños.

Ahora Netanyahu está a punto de culminar, ante la mirada asombrada de la comunidad internacional, un genocidio en el territorio de Gaza, según denuncian múltiples organizaciones internacionales y países que han presentado casos ante la Corte Internacional de Justicia. 

Los casos en que el veto paralizó a la ONU demuestran que Gaza es parte de un patrón de obstaculización sistemática, no un caso aislado

Un nuevo acuerdo fundacional

Los argumentos de los pocos países que defienden las acciones israelíes se centran en el derecho a la autodefensa tras los ataques del 7 de octubre, y quienes se oponen a las reformas de la ONU como una salida a la debacle, argumentan que el sistema actual, aunque imperfecto, ha mantenido la estabilidad global durante ocho décadas y que cambios drásticos podrían generar mayor inestabilidad internacional.

Sin embargo, la posición de Netanyahu vulnera de frente estándares mínimos de la ONU como la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, la Carta de Derechos Humanos y las resoluciones sobre protección de civiles en conflictos armados. La iniciativa de numerosos países de reconocer el Estado Palestino, se asoma tardía e insuficiente. El bloqueo cultural a Israel y las embarcaciones humanitarias no encuentran respaldo explícito en la ONU. 

En Ruanda, la inacción del Consejo de Seguridad permitió 800.000 muertes en 100 días

Es necesario un nuevo acuerdo fundacional, una nueva ONU para detener el genocidio de los habitantes de Gaza y el de nuestra conciencia moral global, pero también para prevenir futuros crímenes de lesa humanidad y para reformar el sistema de veto que paraliza las decisiones del Consejo de Seguridad. 

Estas reformas específicamente habrían prevenido o detenido la situación en Gaza mediante la eliminación del veto estadounidense que ha bloqueado las resoluciones de alto el fuego, el envío de ayuda humanitaria masiva o la investigación internacional de crímenes de guerra. Un Consejo de Seguridad reformado con mayor representación del Sur Global habría actuado decisivamente para proteger a la población civil palestina.

En Siria, más de 16 vetos bloquearon la acción humanitaria mientras morían medio millón de personas. Gaza representa la culminación de esta fractura institucional

Esto va a implicar una nueva correlación de fuerzas, para lo cual algunos países vienen alineándose contra el genocidio de Netanyahu: Sudáfrica, Brasil, Colombia, Bolivia, varios países árabes, Irán, Turquía, y un creciente número de otras naciones que buscan una reforma del orden internacional.

Las reformas al Consejo de Seguridad

El Consejo actualmente tiene 15 miembros (5 permanentes con veto y 10 no permanentes). Expandirlo a 21-25 miembros reflejaría de mejora modo la realidad geopolítica actual. Brasil, India, Alemania y Japón (el "Grupo de los 4") buscan asientos permanentes, mientras que países africanos como Nigeria y Sudáfrica también aspiran a representación permanente.

Los casos en que el veto paralizó a la ONU demuestran que Gaza es parte de un patrón de obstaculización sistemática, no un caso aislado. En Ruanda, la inacción del Consejo de Seguridad permitió 800.000 muertes en 100 días. En Srebrenica, el veto ruso impidió la protección efectiva de civiles bosnios. En Siria, más de 16 vetos bloquearon la acción humanitaria mientras morían medio millón de personas. Gaza representa la culminación de esta fractura institucional.

La principal reforma sería la de eliminar el veto en casos de genocidio y crímenes de lesa humanidad, o requerir al menos dos vetos para bloquear una resolución. Algunos proponen un "veto suspensivo" que retrase, pero no bloquee permanentemente las decisiones.

La refundación de la ONU no es solo una necesidad moral tras la debacle infringida a Gaza, sino una urgencia geopolítica

Es ideal que África, América Latina y Asia tengan mayor representación permanente, ya que el actual sistema solo refleja el balance de poder de 1945, y 80 años después el panorama es muy distinto. 

Es necesaria para la transparencia en las decisiones una mayor justificación pública del uso del veto, procedimientos más democráticos en la selección de miembros no permanentes, y mecanismos para que la Asamblea General pueda actuar cuando el Consejo esté paralizado. También reuniones más abiertas, mayor participación de países afectados por las decisiones, y procedimientos más eficientes para responder a crisis urgentes. Pero la resistencia de los miembros permanentes actuales, especialmente a reformas del veto, ha mantenido estas propuestas en discusión durante décadas sin avances significativos.

La refundación de la ONU no es solo una necesidad moral tras la debacle infringida a Gaza, sino una urgencia geopolítica. El orden de 1945 hoy agoniza mientras emerge un mundo multipolar liderado por el Sur Global. Los próximos años determinarán si la humanidad construye un nuevo sistema de gobernanza mundial basado en la igualdad soberana y la protección efectiva de los derechos humanos, o si persiste en un modelo que habilita genocidios bajo el amparo del veto. 

Gaza puede ser el catalizador de esta transformación histórica o la liquidación de la ONU tal como la conocemos.


James Fernández Cardozo | PhD Análisis Del Discurso