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lunes. 08.08.2022
El líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi Di Maio

Llegan informaciones de Italia sobre la implosión del hasta hace poco poderoso movimiento 5 Stelle (M5S, 5 Estrellas) y aunque se veía venir es difícil de entender este suicidio. Allí tienen desde enero un gobierno de casi todos presidido por el banquero Mario Draghi, un euro-tecnócrata prestigioso que iba para presidente de la República; una ambición frustrada, o aplazada, porque era el único que podía encabezar esta amalgama de gobierno de concentración.

Su antecesor, Giuseppe Conte, ejercía el cargo razonablemente en el cargo en el que  llevaba casi tres años. Conte era independiente y fue propuesto por 5 Estrellas el partido mayoritario y apoyado también por la Liga (antes Liga Nord, separatista) populista de derechas o más allá. El nombramiento de Conte, un profesor y jurista sin peso político, estaba pensado como figura secundaria entre dos vicepresidentes fuertes (Di Maio del M5S y Salvini de la Liga) pero se afianzó con fuerza y cuando dejó el gobierno en febrero de 2021 descarrilado por la Liga se convirtió en presidente del M5S.

5 Estrellas obtuvo el 32% de los votos en 2018 pero poco a poco, por sus luchas intestinas y sus políticas erráticas (la propia coalición con el xenófobo Salvini) retrocedió en cada elección parcial, beneficiándose el Partido Democrático de centro-izquierda. Algo parecido le pasa a la Liga cuyos votantes se están pasando a Fratelli d’Italia, equivalente de VOX, liderado por Giorgia Meloni. La constitución  republicana de 1947 prohíbe expresamente la reconstrucción del partido fascista, pero eso no impidió que siempre hubiera decenas de diputados neofascistas, primero como MSI y luego como AN.

La vieja izquierda tiene en su haber los “estados del bienestar” que durante décadas en Europa protegieron, mal que bien, a las clases populares; la nueva, duda en muchos países entre la democracia representativa y la pura contestación

¿Y a dónde han ido los herederos del gran Partido Comunista Italiano? Sabido es que el PCI pasó a ser Partido Democrático de Izquierda (PDS)  y que los no conformes con abandonar la hoz y el martillo crearon Refundación Comunista. El PDS en unos años de vaivenes electorales se quedó en Partido Democrático a secas y la desaparición  de la letra “S” de “sinistra”, no afectó solo a la sigla: el mando del PD lo comparten antiguos comunistas con antiguos democristianos como el actual secretario Enrico Letta. 

Por su parte Rifondazione fue llevado a la total irrelevancia electoral por su líder Fausto Bertinotti que en su momento  era muy celebrado por la “gauche divine”  internacional: le vitoreaban en el Foro de Porto Alegre mientras acogían con tibieza a Lula

Lo sorprendente es que ahora los populistas del M5S, imitando las costumbres cainitas de la izquierda clásica, se dividen sin ninguna razón política aparente. Di Maio, ministro de exteriores, se ha escindido y se ha llevado 60 diputados, un buen pedazo del grupo parlamentario, y parece que se inclina por constituir un partido que herede ¡a la democracia cristiana! Mientras tanto Conte intenta mantener a flote a 5 Estrellas. 

Muchos creyeron que el movimiento creado por el cómico Beppe Grillo iba a traer una revolución en la vida pública y que el pueblo tomaría el poder por encima de los políticos profesionales que podrían ser destituidos y juzgados por los ciudadanos vía internet sin estorbo de instituciones ni magistrados.  A la espera de tener la fuerza para implantar la “democracia directa y digital”, hay que decir que el M5S predicaba con el ejemplo. Hacía primarias, limitaba los mandatos, devolvía gran parte de las subvenciones del estado y sus diputados renunciaban a parte de sus sueldos (devolvían, no se lo pasaban al partido). Grillo no se presenta a las elecciones porque  el M5S defiende que ningún condenado en firme ocupe cargo público y él fue sentenciado hace mucho por un accidente de tráfico en el que murieron varias personas. Entre 2017 y 2020 ocupó el liderazgo del movimiento el joven Luigi Di Maio, bajo la tutela de Grillo. Éste, por si las moscas, tiene el título aparentemente simbólico de Garante del M5S.   

Pero a Di Maio, con menos de cuarenta años, después de ser viceprimer ministro y dos veces ministro (las incompatibilidades le obligaron a dejar el liderazgo en el partido) no le viene muy bien cortar de forma tan drástica su carrera por las limitaciones estatutarias. Eso y las encuestas poco halagüeñas pueden estar detrás de su giro copernicano para concurrir a las elecciones en 2023. Contador a cero y de momento jefe del flamante grupo centrista Insieme per il Futuro (Juntos por el futuro, IpF). Seguramente Di Maio negará la metamorfosis alegando que el movimiento, por aquello de la casta, rechazó desde su fundación ser de izquierda o de derechas… luego su sitio es el centro. 

Con estas mudanzas no es de extrañar que crezca el escepticismo entre la ciudadanía. En las elecciones andaluzas ha votado algo menos del 60% pero en Italia el abstencionismo pasa del 50%, superando al de Francia en las legislativas, donde tienen el atenuante de unas recientes presidenciales más participativas (72%). 

Me gustaría decir que el panorama sindical italiano es mejor que el de la izquierda pero no puedo porque las grandes centrales están muy desunidas en estos momentos. Como ejemplo el congreso de la CISL donde se ha roto la tradición de que hablen los secretarios generales de los otros dos sindicatos. Esta vez la CISL solo ha invitado a los líderes de la CGIL y de la UIL a participar en una mesa redonda sobre temas europeos. La respuesta ha sido enviar en su lugar a los responsables del departamento internacional. Se rompe una costumbre unitaria que enriquecía políticamente los congresos porque los secretarios de las centrales  invitadas no hacían un breve saludo protocolario sino un largo discurso, como si estuvieran en su casa, y a veces polemizaban de manera natural con el anfitrión. 

Los partidos surgidos de los movimientos antiglobalización o anticorrupción no se parecen unos a otros. Quizás 5 Estrellas sea el más peculiar de todos los grupos que quieren ocupar el espacio menguante de la socialdemocracia. La vieja izquierda tiene en su haber los “estados del bienestar” que durante muchas décadas en Europa (hasta la ofensiva neoliberal de los años noventa y siguientes) protegieron, mal que bien, a las clases populares; la nueva, que ya no lo es tanto, duda en muchos países entre la democracia representativa y la pura contestación. El mutante Di Maio es un caso aparte.

5 Estrellas fugaces