miércoles 17.07.2019

Los socialdemócratas consiguen gobernar en Suecia, aislada la extrema derecha

Suecia, al igual que Alemania, es uno de los pocos países que ha marcado un cordón sanitario a la extrema derecha.

Stefan Löfven, Primer Ministro de Suecia
Stefan Löfven, Primer Ministro de Suecia

En Suecia se ha cerrado un acuerdo de gobierno para esta legislatura entre socialdemócratas (S) y “verdes” (MP), con apoyo de liberales (L) y centristas (C), permitiendo así que el socialdemócrata Stefan Löfven siga siendo Primer Ministro y aislando a la extrema derecha en las negociaciones y en su posibilidad de revertir esta continuidad de Löfven.

En las elecciones generales que tuvieron lugar el 9 de septiembre de 2018, los partidos del Bloque de la Izquierda obtuvieron 144 escaños de 349, frente a los 143 escaños del Bloque La Alianza (conservador), dejando fuera de los dos bloques a la derecha nacionalista SD, que consiguió 62 escaños.

Los bloques tradicionales parecían tener que romperse para que Suecia pudiera conseguir un gobierno. Tras el bloqueo parlamentario en el que se hallaba Suecia, la apuesta dentro de los Moderados (partido conservador con mayor número de votos) era que la situación se desbloquearía relevando a Löfven al frente del Partido Socialdemócrata, pero “verdes” y Partido de la Izquierda tendían puentes con los socialdemócratas para que Löfven continuara liderando el proyecto socialdemócrata.

Moderados (M) y Democristianos (K), dentro del Bloque La Alianza, se desmarcaban de los otros dos partidos que forman parte de este Bloque, los centristas (C) y liberales (L) y el acuerdo finalmente suscrito, acepta que Löfven dirija un gobierno formado por los socialdemócratas y los “verdes” y dejando fuera de este acuerdo, finalmente, al Partido de la Izquierda, como premisa para ser apoyados por los liberales.

El miércoles 16 de enero, Löfven conseguía cerrar un acuerdo con el Partido de la Izquierda, que contaba con los votos cruciales para dar vía libre al nuevo gobierno. Con ese acuerdo, a regañadientes por el Partido de la Izquierda por haberse quedado fuera del acuerdo de gobierno, se dejaban atrás más de 100 días sin gobierno, la sombra constante de la repetición electoral y todo por un motivo que ha unido a todos los partidos del acuerdo, sin fisuras: aislar a la extrema derecha. 

Suecia, al igual que Alemania, es uno de los pocos países que ha marcado un cordón sanitario a la extrema derecha

Este acuerdo de socialdemócratas y “verdes”, con liberales y centristas, rompe las líneas ideológicas clásicas obligando a aceptar propuestas centristas y conservadoras como precio a pagar por aislar a la ultraderecha. Esta alianza de partidos ratificó su programa de gobierno en un documento de 16 medidas. El Partido de la Izquierda se debatía entre votar en contra o abstenerse, sintiéndose marginada de las negociaciones, lo que provocó toda una crisis política adicional, ya que todas las miradas estaban puestas en los diputados del Partido de la Izquierda. Sin estos diputados y ante la imposibilidad de sumar a otros partidos al pacto, Suecia se escoraba a otras elecciones. El socialdemócrata Löfven, con mirada compungida, daba una rueda de prensa argumentando que el Partido de la Izquierda había quedado fuera de las negociaciones pese a que forma parte del Bloque de la Izquierda y que tanto une a los dos partidos, pero los liberales y centristas no apoyarían un acuerdo de gobierno si este partido ex comunista formaba parte del gobierno o de las negociaciones. El miércoles, los medios de comunicación suecos daban por ciertas las especulaciones en torno a reuniones secretas y a un documento privado firmado entre los socialdemócratas y el Partido de la Izquierda, donde se marcaban líneas rojas en materia social y de vivienda, con el objetivo común de esquivar con éxito a la extrema derecha y con acuerdos que podrían trasladarse mejor al ámbito local; en este ámbito, socialdemócratas, Partido de la Izquierda, “verdes” e Iniciativa Feminista suelen formar gobiernos sin apenas dificultad de consenso en las negociaciones. Löfven, así, necesitaba apaciguar al Partido de la Izquierda por la "cláusula anti-V" del acuerdo (cláusula anti-Partido de la Izquierda que imponían liberales y centristas). De esta manera, el Partido de la Izquierda acordaba darle al “botón amarillo” en la votación en el Riksdag y con este voto que se traduce en abstención, aseguraba al socialdemócrata seguir de Primer Ministro. Así, ambos partidos han llegado a acuerdos durante estas semanas que han puesto fuera de juego la cláusula, pero siempre con la condición de que el Partido de la Izquierda quedara fuera de formar parte del gobierno. 

Suecia, al igual que Alemania, es uno de los pocos países que ha marcado un cordón sanitario a la extrema derecha. Suecia está experimentando un increíble encaje de bolillos entre formaciones antagónicas para dejar a un lado a la derecha más radical.

Esta legislatura no será fácil para Löfven. Dirigir un gobierno con los “verdes” pero con el apoyo de los centristas y liberales será un camino constante de contradicciones en el plano laboral, fiscal, social y de redistribución. Espejo idílico de la socialdemocracia europea durante décadas, la proyección de la ultraderecha evoca tantas otras ya consumadas en Europa occidental. Sus orígenes son nítidamente neonazis y filofascistas y el verdadero despunte de la formación se produjo hace tres años, en plena crisis de refugiados europea. Suecia acogió generosamente a más de 160.000 aquel año. En verano de 2018, por primera vez en la historia, en la isla de Gotland se permitió el desfile y la participación de un grupo abiertamente nazi y supremacista, el Movimiento de Resistencia Nórdico. De estética paramilitar, reivindicaban una suerte de idílica unión nórdica que suprima los elementos no escandinavos de la sociedad sueca (traducido: los inmigrantes).

Si algo ha destacado a la ultraderecha sueca (SD) son las diferentes polémicas por parte de representantes, apreciándose comentarios de carácter xenófobo, homófobo y/o racista en las filas del partido y denuncias incluso de dentro de sus filas de acoso sexual a integrantes femeninas, que derivó en un documental de denuncia social en el programa “Kalla Fakta” en septiembre de 2017 y otros escándalos, como el “de las barras de acero” en 2010, de agresiones físicas y verbales, la difusión de publicaciones con mensajes racistas o xenófobos en medios afines como “Exponerat” y la defensa, incluso, de “que hay que demoler las casas en los suburbios de la gente que crea problemas”, como se recoge en el artículo “Suecia vuelve a las urnas, ¿quién gobernará”, en la edición de julio de 2018 de Temas para El Debate. 

Löfven, durante estos meses de crisis política, ha hecho fuerte su consigna de aislar a la ultraderecha, defendiendo que el único Gobierno capaz de aislar a la extrema es uno nacido de un pacto entre los bloques (impidiendo que Moderados y Democristianos pudieran sumar junto a la ultraderecha) y encabezado por el líder del partido más votado. Siguió firme incluso cuando fue derrotado en la primera votación para su reelección. Ha demostrado liderazgo en la formación de un nuevo gobierno basado en la colaboración, recordando que ya en la anterior legislatura gobernó en minoría y superó dos mociones de censura.

El viernes 18 de enero, el Riksdag sueco ha elegido a Löfven como Primer Ministro y el lunes 21 anunciará su composición de gobierno, en el que el Partido del Medio Ambiente –los “verdes”- tendrá representación, con cuatro objetivos bien definidos: asegurar el Estado del Bienestar, los empleos y la acción climática y mantener a la extrema derecha fuera de toda influencia posible.

Dra. María José Vicente. Departamento de Ciencia Política y de la Administración | Universidad Complutense de Madrid.

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