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miércoles. 06.07.2022

En este 20 de octubre hemos recibido dos buenas noticias: ETA anuncia que “cesa la actividad armada” y un dictador ha sido abatido. Otros, como Franco y por desgracia, murieron en la cama. No sabemos que pasará ahora en Libia porque el futuro nunca está escrito, pero el que no vea que ha triunfado una causa justa es que está ciego. Yendo a lo del anuncio, muchos vimos con anuencia el atentado y muerte del presunto sucesor del dictador, es decir, del asesinato de Carrero Blanco en 1973; también el asesinato de un torturador como Melitón Manzanas. Contra la dictadura valían estas cosas, aunque no otras y no con otros, fueran jueces, fiscales o simples policías; no digamos civiles. Pero en la democracia, por imperfecta que sea como es la nuestra, ETA se convertía en una simple banda de criminales. Incluso aun cuando el falangista tardío Aznar la tildara de “movimiento de liberación vasco” y acercara a más de 100 presos con el fin de llevarse la gloria de su disolución. El cese de la actividad no supone su disolución, sino el intento de supervivencia por el estado de debilidad en militantes y pertrechos. Allá ellos, porque en democracia todo lo que sea emplear la fuerza de la razón y no la razón de la fuerza es válido. Ahora les toca justificar su pasado, pero lo tienen difícil porque desde la aprobación de la Constitución en 1978 nada justificaba ni siquiera su existencia. El que quiera luchar por sus ideales en una democracia tienen todo su derecho, pero que se joda y lo haga como los demás: con argumentos y sin el privilegio de poseer pistolas. En las dictaduras y contra las dictaduras la cosa ya es más complicada de valorar, porque la dictadura es también una banda de criminales vestidos de uniforme y con jueces a su servicio, con la coartada de representan un Estado, aunque sólo sea ante Dios y ante la Historia. Digo que hay que tener cuidado porque en las dictaduras hay que distinguir entre los que luchas por la libertad y los que se aprovechan de ello y por ello no vale, incluso en esa situación, cualquier forma y objetivos en la lucha. Lenin, el mayor revolucionario de todos los tiempos, lo sabía bien y renegaba de cualquier forma de lucha terrorista precisamente porque sólo servía al poder, en su caso a la dictadura zarista.

Durante mucho tiempo hemos asistido al vergonzante, cínico y populista del uso electoral del terrorismo de ETA por el Partido Popular. Este partido confiaba y confía que sus posibles votantes no tengan la memoria suficiente como para que se acuerden de los intentos de negociar con ETA por parte de Aznar. Yo no lo critico por esos intentos de negociar, sino por el uso electoralista, cínico y miserable posterior, criticando y negando a los demás lo que ellos habían intentado. En realidad el PP piensa que sus votantes son tan ignorantes y cretinos como ellos y confían en su desmemoria. Con el comunicado de ETA Mayor Oreja se ha quedado sin empleo. Con el gobierno de Zapatero el PP se había convertido en el “contraportavoz” de ETA en el Congreso, que es una forma de ser portavoz, de dar coartada a su existencia como banda política cuando sólo es y era una mera banda criminal. Al P.P. se le ha acabado el chollo de ETA. Ahora el PP intentará alargar la sombra de ETA. Ya lo ha hecho Rajoy recordando lo que ETA no ha dicho, que no abandona las armas y se disuelve. De nuevo se ha convertido en contraportavoz de ETA. La cara de tristeza de Rajoy por la televisión dando su punto de vista este mismo día 20 revelaba su disgusto por más que sus palabras parecieran decir otra cosa, aunque no exactamente lo contrario. Para ganar las elecciones el P.P. necesitaba tres cosas: que ETA no anunciara el cese o disolución antes del 20 de noviembre, los 5 millones de parados y los errores del gobierno de Zapatero durante la crisis económica. De estas tres cosas ahora tiene dos, aunque suficientes para ganar el próximo día 20. También el gobierno de Zapatero sigue cometiendo errores, incluso en la comunicación, porque dice que es “una victoria de la unidad de los demócratas”, cuando en su etapa el Partido Popular ha hecho lo posible y casi lo imposible por impedir la consecución del final de ETA. Eso sí, lo ha hecho con el cinismo que caracteriza a este partido, exigiendo más y más, negando cualquier avance, cualquier éxito policial con tal de que no se llevara las mieles el Gobierno. Al P.P. se le acaba el chollo, esa alianza implícita que tenía con ETA: ETA atentaba, extorsionaba, amenazaba y el P.P. recogía la cosecha en forma de votos. El uso de las victimas de ETA es un capítulo repugnante, sólo paliado porque parte de los familiares y víctimas supervivientes han entrado en el juego del P.P. Allá ellos y ellas y su conciencia. Ahora los del PP empezarán a valorar si el anuncio del final de la banda terrorista les va a impedir la mayoría absoluta. De ahí la cara de Rajoy, de su cara acartonada, sin una mueca de alegría, no digamos de entusiasmo. Yo les animo a superar el disgusto porque a lo mejor y a pesar del anuncio de ETA consiguen esa mayoría ansiada, y a lo mejor van a tener que gestionar con sus mentiras y cinismos los próximos cuatro años este país.

Se acabó el contubernio ETA-PP
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