sábado. 15.06.2024

La lectura es siempre provechosa. También en verano. Sobre todo cuando uno recupera acepciones olvidadas de palabras que algunos quieren que pasen al olvido. Por ejemplo, que lo contrario de ‘público’ no es solo ‘privado’ sino más bien ‘secreto’. Frente a lo que es notorio y claro -por ser público y de todos-, lo oculto, lo que es asunto y negocio de solo unos pocos. Sobre todo, negocio.

Hasta ahora -y estoy seguro de que lo seguirán siendo- las aguas de Alcázar han sido públicas desde el día en que unos concejales decidieron que el pueblo comprara con sus dineros -los del pueblo, no el de los concejales- la que era entonces una sociedad privada que se encargaba de captar, distribuir y cobrar el agua que usaban -aunque no todos- los alcazareños. Hicieron pública una empresa que no lo era. Pública, es decir, de todos. Pública, es decir, sin ocultación ni secretos.

Resultaron más previsores en la defensa de los intereses de su pueblo aquellos concejales predemocráticos (y los que vendrían luego -elegidos ya por la ciudadanía- a propiciar lo que hoy se conoce como propiedad social con la participación en las decisiones sobre las aguas de los trabajadores y los propios vecinos) que estos once de ahora que, contra toda lógica y razón, y contrariamente a lo que prometieron cuando buscaban el favor y el voto de sus vecinos, han acordado expropiarnos de lo que es nuestro -por ser público y de todos- para vendérselo a quien ellos solos -¡ay, el secreto!- saben.

Porque el resto (de concejales y de ciudadanos) no sabemos ni a quién, ni por cuánto, ni por qué ni para qué ni a cambio de qué. Tampoco con qué legitimidad pretenden decidir por todos nosotros sin contar con ninguno de nosotros. Porque ninguno, al menos que yo sepa, estamos en el secreto.

La obligación de quienes gobiernan es servir a quienes han delegado temporalmente en ellos la gestión de los asuntos comunes, también a quienes no escogieron la papeleta con sus nombres. Han llegado para servir, y no para servirse del cargo. Para salir de él como entraron, sin llevarse entre las manos más que la experiencia recibida y, de acertar, el reconocimiento de sus vecinos. Y tienen la obligación de dar explicaciones, de responder a las preguntas, de contar sus intenciones y de contar con los vecinos, porque no hay interés mayor ni superior que el bien común de sus conciudadanos. Para ganarse así la condición de gobierno público, y no secreto.

Y es precisamente de un bien común (tuyo, y mío, y de aquel… es decir, de todos y de cada uno) del que nos quieren expropiar, el que nos quieren expoliar. ¿Acaso para mejorar el servicio, para depurar más y mejor, para bajar el precio, para reducir y racionalizar el consumo, para evitar pérdidas en la red, para invertir en procesos que añadan calidad, para mejorar las condiciones laborales y salariales de los empleados…?

Si es eso lo que persiguen, yerran en la decisión. Porque en ningún lugar del mundo ha ocurrido tal cosa, sino más bien la contraria, con la privatización y venta de las aguas públicas. Porque Aguas de Alcázar es un ejemplo de solvencia técnica y económica, y así lo reconocen nacional e internacionalmente los que saben de esto. Porque es una empresa rentable.

¿Cuáles son, entonces, las razones? En el pleno del Ayuntamiento al que asistí no oí ninguna. Ninguna, al menos, convincente. Y mi extrañeza fue a más al escuchar que las cuentas de la Empresa pasan de unos beneficios moderados a unas pérdidas cuantiosas ¡de un año para otro! ¿Porque se ha consumido menos agua, o no se han pagado los recibos, o hay deudas sin pagar a los proveedores? No: porque, al parecer, el Ayuntamiento -que es el único acreedor y debería saber que la administración desleal es un delito- ha optado por cambiar los plazos de esa deuda consigo mismo y no abonar trabajos hechos por la empresa. Es decir, que parece haber obrado deliberadamente para que entre en pérdidas.

En cualquier caso, a los gestores les corresponde mejorar la gestión de lo que se traen entre manos. Vender es la salida -falsa y fallida- de los malos gestores, y el reconocimiento de su incompetencia. Y privatizar (hacer que pase a manos de unos pocos lo que es de todos) es, en materia de agua, ir contra corriente, cuando hoy en todo el mundo, y especialmente en Europa, está revirtiendo a manos públicas lo que en decenios pasados se privatizó. Cuando se ha extendido con más claridad que nunca el principio de que el agua, un bien imprescindible para la vida, es un derecho básico y universal que a todos se debe garantizar y que, por ello, debe ponerse al resguardo de los intereses económicos.

Los ciudadanos de Alcázar, tantas veces en la vanguardia, no nos podemos permitir ir con el paso cambiado y retroceder un siglo. No queremos dejar de ser ciudadanos para convertirnos en clientes. No queremos que el agua, un bien esencial, se convierta en una mera mercancía.

Porque de eso, del agua como mercancía y como negocio, es de lo que estamos hablando. Más allá de eufemismos y de porcentajes engañosos, hasta el más ignorante sabe que un inversor privado -¡qué gran ocasión, la crisis, para los amos del dinero!- no acude allí donde no hay beneficio. Y el beneficio sólo se puede obtener de dos maneras: o reduciendo costes (abaratando el empleo, reduciendo plantilla, bajando la calidad, no renovando la red…) o aumentando precios (la experiencia más reciente en España, la de un incremento de entre el 10 y el 40%), o combinando ambas operaciones.

El del agua es un mercado seguro, de demanda garantizada porque sin agua no podemos vivir, y sin competencia ¿Tan difícil de entender es que esos beneficios asegurados se nos ‘sustraerían’ -por no emplear otro verbo- a los ciudadanos para hacer que se los lleven otros?, ¿y no será mejor que sigan siendo públicos, de todos?  ¿A quiénes interesa esa trasferencia tan grosera?, ¿qué ganarán con ella?

No a los alcazareños, con total seguridad. Y todavía quiero creer que tampoco a su alcalde, que entiendo que no quiera pasar a la historia de su pueblo por dejar un Alcázar más pobre y con menos recursos que el que se encontró. Por eso le pedí públicamente, y ahora se lo reitero, que reflexione y rectifique, que se ponga del lado de sus vecinos y paralice la venta de las aguas.

Solo un consejo final (la edad me permite, creo, esa licencia). Nunca hasta ahora en nuestro pueblo, ni siquiera en los momentos económicamente más difíciles, la derecha democrática más responsable ha sido favorable a una operación como esta, pero sepa el alcalde que si no cuenta con la suficiente autoridad o el respaldo necesario entre los más radicales de los suyos para pararla, sí los encontrará entre los ciudadanos y ciudadanas responsables de Alcázar de San Juan que seguimos confiando en lo público y no nos fiamos de los amigos del secreto.

Lo tiene usted fácil. Opte por la trasparencia, y pregúntenos.   

‘Público’, lo contrario de ‘secreto’