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miércoles. 01.02.2023

No es ni nuevo, ni por supuesto exclusivo de España, comprobar como en momentos de dificultad cuando a la intemperie el frío arrecia, los pueblos muestren una fuerte inclinación a cubrirse con la bandera, una prenda que luce pero que no abriga.

En efecto, los resultados electorales del 20-N, envían desde España, un clarísimo mensaje a los mercados; a más crisis económica, más “nacionalismo político”; la elocuencia del sentido del voto se ha evidenciado con mayor contundencia de la esperada, a pesar de que este componente del voto haya pasado del todo “inadvertido” en los análisis de urgencia realizados.

El ejemplo mas paradigmático de las elecciones celebradas ayer es el de Cataluña, donde el nacionalismo catalán mayoritario CiU, que en los últimos meses ha llevado a cabo recortes sociales sin precedentes en esa comunidad, ha pasado de 10 a 16 escaños y ha aumentado 235.000 votos, es decir, de 779.425 votos en 2008 a 1.014.263 en 2011. Excelente mensaje para las pretensiones de Rajoy.

Si trasladamos el análisis al conjunto del Estado, el panorama no difiere, el nacionalismo español ha aumentado la friolera de 1.500.000 votos si sumamos el aumento del PP, 552.683; el de UPyD, fuerza que obtiene el incremento mas espectacular, 834.163 votos y los 99.173 que aporta FAC.

Se suman a la fiesta nacionalista en el País Vasco, Amaiur, antigua Batasuna, alcanza 333.628 votos lo que supone un incremento de 152.288 en relación con los resultados de 1996 último año en que la coalición concurrió a unas elecciones generales y el PNV que pone su granito de arena y aumenta 17.389 votos respecto de 2008.

El recuento total arroja un avance del nacionalismo de distinto signo en España de 2.050.000 votos más que en las pasadas elecciones generales.

De nuevo parece no importarnos retroceder en todos los ordenes de nuestra vida política social y económica, si lo hacemos como verdaderos españoles, o como verdaderos vascos, o verdaderos catalanes. La inmensa mayoría ha dado vía libre a la “mano dura”, en esta ocasión contra sí misma.

El resultado electoral de las elecciones en España confirman nuestra particular visión para salir de la crisis, más nación para menos Europa. Otra vez estaremos donde España se merece, reforzaremos la frontera del Ebro para detener el tsunami español y tendremos que ponernos tchapela para poder entender que hay pueblos a los que les cuesta un poco más el proceso civilizatorio, recetas todas de hace escasamente 12 horas en tiempo real. Que cansino ¿verdad?

No es difícil intuir que con semejante liderazgo vamos a imponer un enorme respeto en el “concierto internacional”, con este ideario todo el mundo entenderá que: vamos a disminuir nuestra dependencia energética, a dar valor añadido a nuestros productos para la competencia global, a reducir nuestro 30% de fracaso escolar, a llegar al 1% del PIB en investigación y desarrollo para muestra especialización productiva, a dotar de estabilidad a nuestro mercado de trabajo, sin necesidad de acudir al despido libre, para no repetir cíclicamente el escándalo del 20% de paro, mas del doble de la media europea, de nuestra población activa, a introducir cambios reales en nuestro sistema impositivo para mejorar nuestro equilibrio presupuestario y reducir el déficit.

Para que vamos a hacer este esfuerzo, para que vamos siquiera a intentar liderar la rebelión de la “periferia”, que ofrezca otra salida a la crisis, si podemos volver a salir del rincón de la Historia, ¿Qué importancia tiene ante ese objetivo seguir entregando parte de la pensión, del salario y de la salud? A juzgar por los resultados ninguna.

En la otra esquina del cuadrilátero, nada que objetar, cuando se besa la lona, solo cabe esperar el aire de la toalla de los asistentes para recuperar el sentido de la orientación, quitarse el protector bucal y los guantes, tumbarse en la camilla del vestuario el tiempo justo para restañar las heridas y volver a entrenar con ahínco hasta el próximo combate.

El KO del PSOE, tiene una sencilla explicación, su respuesta política a la crisis no ha estado a la altura de las circunstancias y mucho menos a la altura de sus electores. Cuando el adversario da golpes bajos, hay que salirse de la distancia y bailar constantemente para no perder el centro del ring.

El desenlace del combate de ayer, si miramos al futuro, no debería de ser motivo de alegría, más bien al contrario, nada indica que el fracaso del PSOE haya servido para afianzar una alternativa capaz de ilusionar a los votantes progresistas y de aglutinarlos en torno a un proyecto de gobierno creíble.

No son en modo alguno irrelevantes los resultados obtenidos por IU, pero como casi siempre pueden resultar engañosos, basta ver lo que ha ocurrido en Madrid, donde el PSOE ha perdido 700.000 votos, el 50% de su electorado, e IU ha recogido 100.000, pueden parecer muchos, pero también pueden parecer muy pocos.

Las noches electorales suelen ser un calco de si mismas, pero el tono de los discursos políticos de cuantos lideres comparecen dan muchas pistas sobre la naturaleza de las formaciones políticas a las que representan, va siendo hora de que la izquierda que se reclama más auténtica proponga un proyecto para gobernar que trascienda la protesta, mientras eso no ocurra la fragmentación seguirá pasando factura por mucho tiempo.

Mensaje a Europa: Desnudos pero enrollados en la bandera
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