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martes 17/5/22

Los otros dos acusados dicen que obedecieron órdenes

Ramírez y Sáez han asegurado ante el tribunal que nunca tuvieron motivos para dudar de las identificaciones realizadas por el general Navarro.
NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS - 24.3.2009

El comandante José Ramírez y el capitán Miguel Sáez, los otros dos acusados en el juicio por el caso del Yak 42, han dicho ante el tribunal que siguieron en todo momento las órdenes del general de Sanidad Vicente Navarro y que "no tenían por qué dudar" del procedicimiento de identificaciones que éste había llevado a cabo.

Durante su declaración, el comandante Ramírez explicó que su labor consistió en tomar nota de las lesiones que presentaban los cadáveres y de los efectos personales que portaban consigo, y que ésta finalizó el día 28, cuando el general Navarro, tras mantener una reunión con las autoridades turcas, les entregó un listado manuscrito de víctimas, les ordenó que colocaran cada resto en un féretro y les anunció: "Volvemos a casa". Indicó que, a pesar de no conocer cómo realizó Navarro las identificaciones, nunca dudó del procedimiento que había seguido su superior. "¿Por qué tenía que dudar?", se preguntó. "A mí me dijeron que estaban identificados y no tenía por qué dudar", dijo.

En este punto, el teniente fiscal mantuvo un tenso interrogatorio con el acusado cuando en varias ocasiones le preguntó si, como médico patólogo, le parecía "normal" que se atribuyera un nombre y dos apellidos a cuerpos que estaban "irreconocibles" y "carbonizados", según el informe de los forenses turcos. "Tal y como lo describen ahí, no", admitió. "No entiendo por qué no se puede identificar, a lo mejor sí, a lo mejor no, no lo sé", titubeó en otra ocasión.

PROBLEMAS CON EL FISCAL TURCO

Ramírez y Sáez también reconocieron que fueron trasladados hasta el hotel en el que se alojaban para recoger sus pertenencias y preparar el regreso a España antes de que Navarro finalizara el citado encuentro con los militares turcos. De igual modo, aseguró desconocer el procedimiento que siguió el general para llevar a cabo las identificaciones aunque vio que tenía fichas y fotografías de los fallecidos.

A preguntas de las acusaciones particulares, el acusado reconoció que no disponía de experiencia anterior en labores de identificación y que sus conocimientos se limitaban en aquel momento a "anatomía patológica", siendo "uno de los especialistas de menor experiencia en este tipo de misiones".

Además, relató un altercado mantenido con el fiscal de nacionalidad turca presente en el procedimiento, que, según dijo, impidió que varios objetos personales se guardaran en bolsas de muestras para su posterior entrega a las familias. "Apareció un cadáver con un anillo, sacaron el anillo del dedo con una inscripción y yo pedí una bolsita para meter las muestras que se encontraban y entregarlas a los familiares. El fiscal pidió que se dejase el anillo en el dedo y que no se tocase nada", indicó. Lo mismo sucedió con una cartera con documentación localizada en un cuerpo vestido con ropa civil.

En relación con la elaboración de las necropsias, que se produjo a la llegada de los restos mortales a la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), Ramírez explicó que se hicieron después de que Sáez recibiera una llamada telefónica del teniente coronel Coca, que les pidió que detallaran "las lesiones generales y la causa de la muerte" por si "las necesitaban las familias".

ÓRDENES PARA UNA REPATRIACIÓN INMEDIATA

Por su parte, el capitán Miguel Sáez negó, a preguntas del teniente fiscal, que desde el momento en el que sucedieron los hechos no haya dicho que recibió la orden de "llevarse los cadáveres inmediatamente a España", y confirmó que el listado de fallecidos con el que contaba se lo facilitó el general Navarro.

En este sentido, explicó que su labor consistió en comparar los restos mortales que les facilitaron las autoridades turcas con el listado de fallecidos, al objeto de trasladar las bolsas con los cuerpos hasta el féretro e introducirlos en cajas funerarias después de que el comandante Ramírez dijera en voz alta su nombre y número. "El cuerpo se depositaba en la caja funeraria con ese mismo número", agregó. Además, ratificó una de las declaraciones judiciales que prestó durante la instrucción de la causa en la que aseguró que para realizar la labor que desempeñó tras el accidente aéreo "no hacía falta ser médico, salvo para la definición de las lesiones".

Dijo además que en las notas tomadas durante el procedimiento sólo se incluyeron nombres en aquellos casos en los que esta información figuraba en alguna documentación localizada junto al cadáver, como un documento nacional de identidad o una chapa identificativa.

Los otros dos acusados dicen que obedecieron órdenes
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