martes 28/9/21
Antonio Mora Plaza

La España carca llega a la Moncloa

La mayoría de los analistas políticas, con más o menos preparación, han destacado lo evidente, que la pérdida de 4.300.000 votos del PSOE ha llevado a Rajoy a la Moncloa, pero no hay que olvidar que eso ha sido posible también porque 10.830.000 españoles le han votado, y con él al P. P. Una mayoría de estos votantes no se corresponden con los votantes de la derecha democrática de los partidos de derecha europeos en Alemania, Francia o Italia, sino que están más cerca de las extremas derechas de estos países y de otros, como los de Bélgica o Austria, por ejemplo. Pasa sin embargo que, al igual que su prensa de “tabloide” como el ABC, La Razón, El Mundo, La Gaceta, etc., se ha creado una imagen de normalidad democrática cuando no lo es. Y ello por dos cosas; los errores de la Transición y los 40 años de dictadura. Ambas cosas, más la lejana pero aún presente Guerra In-civil, ha producido una derecha sociológica que está anclada, resguardecida y cada vez menos avergonzada de ser artífices, cómplices, herederos y justificadores tanto de los golpistas de la guerra mencionada como –y sobre todo- de los 40 años de Dictadura. No significa que sean todos los votantes del P. P. los que así se consideran, pero forma parte de su núcleo duro y más fiel, que van a votar siempre al PP. haga lo que haga y diga lo que diga –o no diga-, porque consideran a este partido el depositario de sus ideales, por viles que nos parezcan a los demás. Para ellos el PP. es su refugio y la cura de su indignidad y de su mala conciencia. Es la España nacional, la de antes roja que rota, xenófoba y machista, la España de Aznar y Mayor Oreja, la España de la chulería del antaño “¿sabe usted con quién está hablando? ”. Otra parte de los votantes se corresponden con la España carca de antaño, de otros siglos, la devota de Frascuelo y de María y, también, de sacristía; la del nacional-catolicismo a machamartillo, la de los curas, la de la misa diaria aunque sea en latín, la que está contra el aborto, aunque los más pudientes de estos tipos lleven a sus mujeres y amantes (antes queridas) a abortar fuera; la de la doble moral, la heredera de Trento, la que ha relegado la ciencia española hasta los comienzos del siglo XX a la nulidad, la que considera a los homosexuales simples maricones viciosos, la España de Rouco Varela, la España de sotana maloliente. Ambos grupos se mezclan entre sí, incluso en los mismos individuos, como el Dr, Jeckil y Mr. Hyde. Esta derecha casposa, mezcla de ambas, que no existe en Europa, es el núcleo duro del PP, tanto de su militancia como la de sus votantes. Luego hay otro grupo más homologable con Europa de liberales conservadores, bien sean de profesión o de pensamiento –independientemente de su calidad y nivel-, también de de asalariados que no se han podido liberar de su propia estulticia, o, simplemente, que no saben que tras un gobierno nominalmente de izquierdas como el del PSOE en algunos aspecto –en otros no- no va a venir una derecha que le pase por la izquierda. Pero a esos es más difícil criticarles porque de eso aún no se han enterado ni tan siquiera algunos dirigentes. Por último hay otro grupo de voto oportunista en un sentido no peyorativo, es decir, antiguos votantes del PSOE y de otros partidos que creen de buena fe que el PP lo va a “hacer mejor”, aunque cuando se les pregunta no tanto el “mejor” sino por el “qué” van a hacer, les entre el balbuceo. Todo explica el suelo electoral del PP, el porqué sigue recibiendo y aumentando votos incluso allí donde la corrupción (Valencia) parece insoportable.

Y entre tanto, llega Rajoy fumándose el puro de Peridis a la Moncloa gracias a no haber sabido hacer el gobierno de Zapatero una política económica de izquierdas en plena crisis y contra Bruselas. Como decía un periódico, este Rajoy es un tipo de orden y como Dios manda, y así considera que debe gobernarse un país, poniendo registro y orden a las cosas. Eso parece una virtud, pero la cosa se convierte en un defecto cuando sólo se aspira a poner orden. Este gallego, que tiene dificultad para guardar la lengua en la boca, ha conseguido –gracias a los errores de los demás- convertir la cobardía que le adorna y le adora en una virtud. Es un hecho insólito, porque, por comparación, podemos criticar y hasta embadurnar de virtudes y defectos a políticos europeos como Cameron, Sarkozy o Berlusconi, pero yo no me atrevería a tacharles de cobardes precisamente. En Rajoy es su principal virtud. Por los tres ministerios por los que pasó no se le recuerda nada digno de mención: llegó, fichó, registró, puso orden en las mesas y despachos, y ahí se acabó todo. Como el embarazo sin mácula de la virgen María. Dejó todo con el mismo polvo con que llegó, pero más ordenado. Todo menos lo del Prestige, que le convirtió en “el señor de los hilillos” gracias al geta del Sr. Álvarez Cascos. Este tipo ha tenido la habilidad de engañar a sus votantes. Se ha hablado mucho de la agenda oculta como antes se hablaba del cuaderno de azul Aznar, de que no quería decir sus planes no fuera que muchos de los pensionistas y asalariados espabilaran. El resultado final es que este tipo simplemente no tiene agenda, ni oculta ni traslúcida, ni de piel ni de anillas. Por eso se sonríe taimadamente a veces, otras con sonrisa de hiena aburguesada, cuando le preguntan por su agenda, porque parece satisfacerle que le interroguen como si el interrogador creyera que tiene el interrogado una mente y predisposición capaz de haber pensado lo que hay que hacer, como si fuera un estadista que ha ocultado su proyecto para España, cuando es simplemente un soso y aburrido registrador de la propiedad que no cree que el Gobierno pueda hacer algo para crear empleo, abordar el tema de los nacionalismos o el problema –ahora ya es un problema y no una solución– de la construcción de una Europa única. Este tipo es un vacío intelectual que sólo es capaz de ocupar su mente si tiene que hacer unas oposiciones y aprenderse el temario de memoria para poder “cantarlo” cuando toque. Estoy seguro que ahora lo que está haciendo no es crear y abordar esos problemas y proyectos, sino que se está preparando las respuestas a las preguntas que le van a formular hasta la prensa más afín y los dirigentes europeos –especialmente la teutona– para saber decir algo lo menos molesto para su sentido del ridículo y que pueda mantener en un baúl pontevedrés las mentiras que le han llevado a la Moncloa. Nada, en todo caso, para una acción de gobierno que no sea la de improvisar cuando no le quede ya más remedio. Pero en Europa ya no hay electores ni aplaudidores, sino mercados, es decir, especuladores, que actúan a la velocidad de la luz (con ordenadores). Decía este tipo y su coro mediático que el problema de España era Zapatero y que tras las elecciones la prima de riesgo dejaría de ser tan prima y de tanto riesgo. Pues no, a dos días de las elecciones la prima entera no ha hecho más que crecer. Ya en Europa y en el New York Times le apremian para que empiece a tomar medidas (“Mañana is too late”, The Times, así, con la primera palabra en español), que muestre su agenda. Ellos no saben que no tiene o que la tiene, al igual que su cabeza, vacía. Su único fin y la de sus palmeros mediáticos era llegar a la Moncloa, no para hacer algo, sino para echar a Zapatero, que representa para el núcleo duro del PP la España de los vencidos que pretende levantar su dignidad y poner en duda la justificación moral de los vencedores y de los que han apoyado, heredado, defendido, justificado, a la dictadura del asesino Franco. Un Zapatero de abuelo republicano –lo cual para esta gente es un delito- pase, pero que se quiera reivindicar la dignidad de los republicanos, de los vencidos, es otra cosa para la España que ahora representan Aznar y Mayor Oreja; que se quiera que los vencidos de la guerra incivil recuperen sus restos es una afrenta para estos tipos que votan con tanto entusiasmo a Rajoy; que se llamen matrimonios a los unidos civilmente del mismo sexo es un nefando pecado; que se legalice en aborto es una afrenta a la vida. Cosa distinta es que los que puedan vayan a abortar a otros países o fuera de la Comunidad (UPN en Navarra). Todo esto representa el socioliberal Zapatero para el núcleo duro de los votantes y militantes del PP ¿De qué serían capaces estos tipos si llegara una izquierda de verdad, aunque moderada, a la Moncloa?

El PSOE pierde 4.300.000 votos no porque haya 5 millones de parados, sino porque no ha sido capaz de hacer una política de izquierda en plena crisis y con el chantaje de Bruselas, el BCE y la Merkel. Ahí se equivoca el PSOE, aunque con ello se justifique el aún presidente Zapatero. Es verdad que era difícil, pero le quedaban algunas balas de grueso calibre en la recámara. La primera y quizá principal era el tema fiscal. Los estudios más serios apuntan en España a un 20% de fraude, entre el fiscal y a la Seguridad Social. En un país de unos 300.000 millones de ingresos -entres fiscales y cuotas de la Seguridad Social- ese porcentaje representa unos 60.000 millones de menos recaudación con los mismos impuestos. Con estos millones acabamos prácticamente con el déficit. Si además se abordara una reforma fiscal más progresista, sin deducciones ni bonificaciones a las rentas del capital –los de Rajoy los llaman de ahorro para despistar-, los ingresos fiscales aumentarían notablemente casi sin variar los tipos. Eso sí, habría que recuperar para la Administración Central del Estado –es decir, nada de para las Comunidades que luego eliminan, como la señora Des-esperanza Aguirre– los impuestos del Patrimonio, Sucesiones, Actos Jurídicos. etc. transferidos y/o compartidos. Que cada nivel del Estado –Admon. Central, Comunidades y Municipios– se financien con sus propios impuestos. Dicho de otra forma, que pasemos de una vez por todas de las vergonzantes 17 Comunidades (más las ciudades de Ceuta y Melilla) a una España federal, al menos en el tema impositivo, a la manera de USA o Alemania. El PSOE pierde las elecciones porque quiere gobernar para todos, para que todos tengan las mismas oportunidades partiendo del falso supuesto de que todos parten de la misma línea de salida. Otro gravísimo problema que tenemos en España es la enseñanza concertada, esa enseñanza administrada por los curas de siempre, los de Rouco Varela, aunque sean de órdenes religiosas, pero que cada vez son más “ordenadas”, obedientes, que de “órdenes”. Han pasado 6 legislaturas socialistas y la mayoría de este tipo de enseñanza sigue dirigiéndola, poniendo su “ideal”, los curas de siempre, los la sotana maloliente -aunque ahora no tan raída- con dinero público. Otra anomalía española que el gobierno de Zapatero y los anteriores del Felipe de la chaqueta de pana y luego de la corbata de la OTAN no han sabido ni querido abordar. ¡Para cuando los curas a los púlpitos, pero sólo a los púlpitos! Hizo más la izquierda en la República en los tres y pico años que gobernó que la socialdemocracia hispana de la democracia en este tema. Estos temas –la fiscalidad, la educación, la redistribución de la renta, la reivindicación de los vencidos frente a la indignidad de los vencedores y su apoyo a la dictadura del criminal Franco, la protección para todos los parados- son cosas que pueden y deben abordarse desde una óptica de izquierdas, tanto en épocas de vacas gordas como flacas, porque son cosas que, o no cuestan apenas dinero, o no cuestan como para que no puedan solucionarse desde la óptica de izquierdas por un país de menos de 50 millones de habitantes con un PIB que sobrepasa el billón de euros. No hay excusas.

Y quien tiene que cambiar es Europa, el Consejo, la Comisión, el BCE y mandar –entre todos– a la señora Merkel al paraíso de las Walkirias, porque con el chantaje de combatir el déficit o de lo contrario no hay “ayudas” ni compra de bonos, acabamos seguro en una recesión como la del año 29 del siglo pasado. Tenemos un tumor, una metástasis que un fino epistemólogo llamaría teorético: los cientos o miles de economistas neoliberales que han invadido las instituciones europeas y mundiales. Estos tipos practican una doctrina –que no ciencia– que dicen o dan a entender que para salir de la crisis hay que acabar primero con los déficits ¡en plena crisis! No hay precedentes históricos de que ello sea así, ni estudios empíricos que justifique semejante creencia. Todo lo contrario. Pueden verse también los libros de Nouriel Roubini (“Cómo salimos de esta”) o de Reinhart y Rogoff (“Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad”). Cambiar ese rumbo europeo, echar de las instituciones a esos economistas mal consejeros, parece necesario porque han fracasado con sus creencia, premisas, postulados. Incluso los mercados ya están apostando, no tanto contra los déficits, como cuanto contra la recesión en ciernes como consecuencia precisamente de luchar contra los déficits en plena crisis. Es verdad que desde el punto de vista ético a los llamados mercados y sus intérpretes los especuladores no sirve de nada juzgarles porque son un poder –valga la redundancia- fáctico, aun cuando caigan en la irracionalidad de querer la leche y la carne de la vaca a la vez. Con ello acabarán en el Infierno. Allá ellos, porque allí se encontrarán con el señor Rouco Varela.

La España carca llega a la Moncloa
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