#TEMP
domingo. 26.06.2022

Un Gobierno contra el pueblo

Por Pedro L. Angosto | Hay un hombre barbudo, de cara inexpresiva, aburridísimo, frío, lento, con muy pocas neuronas en activo que ha escrito varias veces defendiendo el predominio de determinadas estirpes en las que él se incluye.

Un señor afirma con rotundidad que invertir en Defensa es mucho más importante que hacerlo en Educación o Sanidad, que por cada euro que se mete en el sector se sacan -¿quién?- tres, que es indispensable para el bienestar del país dado que éste sufre ataques constantes de Andorra, Portugal, Marruecos y San Marino... No tendría demasiada importancia si quien tales cosas dice fuese un particular ido de la cabeza en su delirio fatídico, pero la adquiere cuando quien así se manifiesta es ni más ni menos que el ministro de la Guerra del Gobierno de España, una persona que ha dedicado muchos años de su vida a las bombas racimo, las minas antipersona y los explosivos de alto contenido en muerte. Una señora tiene un jaguar en la cochera de su casa, con total desfachatez declara que nunca se percató de su presencia y se me ocurre que es una mujer con suerte porque el jaguar era un auto de lujo y no el hermoso felino que le habría dejado la cara hecha unos zorros. Ya sabemos lo que pasa con los gatos cuando están encerrados… Tampoco sería muy de destacar si esa señora fuese una imbécil que no sabe dónde está la cochera de su casa, ni las llaves, ni por qué puerta se entra, pero es la ministra de Sanidad del Gobierno de España. Nada tendría de extraño en un medio privado y tóxico, que un señor determinado, quizá poseído por los efectos de algún extraño brebaje tóxico, dijese que se encontró con Dios en Las Vegas mientras jugaba al Julepe en misión oficial, o que Teresa de Ávila –santa para los católicos y aficionada al opio- está arrimando el hombro para sacar a España del atolladero en que la han metido; sin embargo tanto misticismo y tanto encuentro en la tercera fase no tiene como protagonista a un Testigo de Jehová o a un Arzobispo de Toledo –lo que me la traería al pairo- sino al ministro de la Porra, el hombre que dirige a las fuerzas de seguridad estatales y que ha logrado un record de apaleamientos, roturas de huesos y aperturas de cabeza en poco más de dos años de ejercicio, rejuveneciéndonos a todos al regresarnos de un plumazo a 1970, año que muchos creíamos ya pasado. Un insensato cualquiera puede aseverar que el concebido no nacido –yo particularmente no capto el concepto-, o sea la unión de un espermatozoide y un óvulo, creo, es sujeto de más derechos que un niño de dos años al que los recortes han dejado sin lo mínimo que necesita un niño de cualquier edad; cuando lo dice un tipo que ocupa la cartera de Justicia y no es internado directamente en una tontoteca, algo huele a muy podrido en los intestinos del poder. Una chica joven, guapa, inteligente, arrebatadora, de mirada cautivadora, sobradamente preparada, va a un lugar del extranjero y macarrónicamente dice en un organismo internacional: "A relaxing cup of café con leche en la plaza Mayor", eso tras haberse declarado irresponsable en los hechos que costaron la muerte a cinco jóvenes en un evento musical celebrado en Madrid. Sería motivo de jerigonza, regocijo y algarabía, claro, si no fuese la Alcaldesa hereditaria de Madrid. Otro tío dice no saber nada de lo que ocurrió en una afamada entidad bancaria de la capital del reino porque a él lo nombró su amigo de pupitre, un tal Ansar; no sería hecho reseñable si bajo el mandato de ese señor no se hubiese producido el expolio y la ruina de la segunda caja de ahorros del país, al fin y al cabo, pequeñeces. Otro individuo sostiene sin rubor alguno que  "La educación pública ha dejado de contribuir a la sociedad. Hay que centrarse en la calidad", mientras no paran de crecer las aportaciones estatales y autonómicas a colegios y universidades concertadas y de confesión católica donde se segrega y se excluye, mientras se cierran centros punteros de investigación en todas las ramas del saber, mientras se exilia a los que más saben. Sería baladí si esas manifestaciones las hubiese hecho Paquirrín, pero no, no es así, esa barbaridad la ha dicho reiteradas veces José Ignacio Wert, otrora tertuliano y hoy ministro de Educación Clasista. Otra persona –tengo mis dudas- asegura una y otra vez que el fraude fiscal está controlado y que en un futuro bajará el impuesto de la renta –a sus amigos- cuando el déficit nos come los talones. Es el señor que ha subido el IVA cultural del 10 al 21%, es el señor que ostenta la cartera de Hacienda, es el señor que persigue a quienes tienen nómina y no pueden defraudar absolutamente nada y deja a sus anchas a las grandes fortunas que acumulan –y cada vez más- la mayor parte de los recursos económicos del país mientras aportan una porcentaje ínfimo al Erario. Otro señor, con pinta de policía municipal en la reserva, habla de la liberalización del mercado laboral y sus benditas ventajas que harán de España la China europea; no es un tertuliano de bar de la esquina con unas cuantas copas de más, es el ministro de Economía, el hombre de Lehman Brothers en España que no se enteró –o eso dice- de la quiebra total de la empresa en la que ocupaba un cargo distinguido y cuyo colapso fue el pistoletazo de salida para esta enorme estafa que ha derivado en la implantación global de las políticas económicas más reaccionarias como su contrarreforma laboral que permite a los empresarios sin escrúpulos –Coca-cola, por ejemplo- despedir trabajadores aunque tengan beneficios, aunque su productividad sea de las más altas de Europa, abriendo una puerta de tales dimensiones a la precarización del trabajo que pondrá en peligro de muerte a todo el sistema de Seguridad Social por falta de ingresos.

Por último –esto sería interminable- hay un hombre barbudo, de cara inexpresiva, aburridísimo, frío, lento, con muy pocas neuronas en activo que ha escrito varias veces defendiendo el predominio de determinadas estirpes en las que él se incluye: “Ya en épocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe” superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia…”. Nada que objetar si este señor fuese un fascista confeso y estuviese entre rejas hace mucho tiempo, pero no, tampoco, ese señor es el Presidente del Gobierno de España, el hombre que dijo que del Prestige salían hilillos de plastilina cuando en horas toda la Costa de la Muerte se inundó de mierda petrolífera. ¿Qué se puede esperar? Una catástrofe, el diluvio universal, la extinción de todas las especies, la desaparición de la vida en la Tierra, tal vez el juicio final, cualquier cosa menos nada bueno: Es un Gobierno contra el pueblo.

Un Gobierno contra el pueblo