lunes. 04.03.2024
Bandera España

Hoy, ochenta años después de acabada la guerra, seguimos con el problema de “España”, aquel que planteara sobre todo la G-98. Ha llovido mucho, y el paradigma es bien distinto, pero la pregunta de qué es España sigue ahí presente. Y al parecer va para largo.

Visitar la tumba de Machado en Collioure es fácil. Todos los que nos sentimos más o menos de izquierdas lo hemos hecho alguna vez en la vida, lo difícil es leerlo bien y, sobre todo, poner en práctica, no “poner en valor”, como dice ahora la culta latiniparla, sus lecciones del Juan de Mairena. Citaremos lo menos posible: “Busca a tu complementario, que marcha siempre contigo, y suele ser tu contrario”; por si fuera poco, Los complementarios se llama otro de sus últimos libros. ¿Por qué Machado y no otro cualquiera del 98? Pues porque no conozco espécimen mejor acabado de gran poeta, inteligente y buena persona. Un tres en uno dificilísimo de encontrar. Y es que aunque, como sabemos, la inteligencia siempre es cuestión de contexto, el espíritu del Juan de Mairena creo que vale perfectamente para aplicarlo hoy; y a eso vamos. El intento de reconciliación de aquellas dos Españas, que proponía él, ya vimos que fracasó y fue en gran parte porque eran sólo dos, una filocomunista y otra filofascista, porque el contexto nos dice que se estaba amasando la 2ª Guerra Mundial y porque la República, mal que nos pese, de “demócrata” tenía poco: Madariaga, Ortega, Chaves Nogales, Paulino Masip; eran individuos, las masas se decantaban por un lado o por el otro y se definían a la contra. Aquello de “Tú verdad no, la Verdad, y vamos juntos a buscarla” -de nuevo Machado- no era lo general, incluso ni lo teniente.

Si entonces eran dos, ahora voy a proponer seis, lo cual no lo hace más difícil, porque evita al menos el choque frontal, el letal.

Al margen de que uno u otro nos sintamos como pertenecientes a más de un grupo o en el límite de dos; es decir, que no son compartimentos estancos, iré de un lado a otro, que no de izquierdas a derechas, porque se intercalan temas transversales.

1ª forma.- Negar que eres español. El carnet de Torra, o el de Puigdemont, rezan lo que rezan pero ellos lo desmienten de plano. Niegan a España y proclaman la República Independiente de Catalunya en contra de la Constitución. Habida cuenta de que les ha salido mal el órdago a la grande, que consistió en echar a dos millones de personas contra el Estado democrático y llamar la atención del mundo mundial para buscar apoyos, deberían ir pensando en otras soluciones. Por ejemplo una España federal o confederal, según sea menor o mayor el peso del centro; los federados renuncian a parte de sus competencias a favor del mayor poder central. En su caso sería república, no monarquía.

2ª forma.- La de Podemos, IU, Las Mareas y demás, que no apoyan ninguna independencia, que se autoproclaman republicanos –Julio Anguita dixit- y que aceptarían sin mucho esfuerzo esa solución anterior fede o confederada para toda España. Habría que estudiarlo. Se entiende que los votantes del PSOE entrarían en esta forma, pero también otros en la siguiente porque el PSOE no es un partido homogéneo y, si no, pensemos en la remontada que tuvo que hacer Pedro Sánchez solo, frente a Susana Díaz.

3ª) Los monárquicos que, convictos y confesos, o como mal menor aceptan al rey y desearían seguir con el Estado de las autonomías y el café para todos; o sea, a lo de Tarradellas, el himno de Madrid de García Calvo, y el estribillo del himno de La Rioja: “La Rioja existe pero no es, si nos unimos la “himos” de hacer”.

4ª, 5ª y 6ª formas.- Las tres derivas que ha tomado la derecha y que ya se manifiestan sin complejos, compitiendo entre ellas, además, a ver quién es más fuerte contra los independentistas. Es la derecha de las banderas rojigualdas en los balcones, la que elimina los lazos amarillos y se enfrenta a las esteladas. VOX ya ha dicho claramente que quiere eliminar también las autonomías con sus televisiones y el uso de sus lenguas españolas como arma política. Otros –Pablo Casado- acusan al PSOE de pactar con los que tienen “las manos manchadas de sangre”, cuando ya hace más de 10 años que ha desaparecido ETA y esas mismas acusaciones ya le salieron mal a Rajoy cuando, en 2004, las usó contra Zapatero. Y, en fin, el otro, Ciudadanos, que acusa a Iceta, por boca de Inés Arrimadas, -sí, la del feminismo con adjetivos- de “animar a los independentistas a llegar al 65% para así romper España”. ¿Hay aquí 3 formas de ser español, 2 y media, o sola una? Abogan por la escuela concertada casi general, por el No al aborto –“Defensa de la vida” lo llaman- y ni hablar de la muerte digna. Parece que una rama de este triduo, o rezo celestial, va un poco más lejos, son los que proponen el libre uso de las armas y el muro, al modo de Trump, frente al Magreb. Por supuesto que a ninguno de los tres les interesa un haz y unas flechas la exhumación de Franco: “son cosas del pasado”, explicitan.

O sea, que si en el primero pueden ser dos y aquí no está claro si son 2 ó 3, podemos sumar 6 ó 7, vaya usted a saber. De cualquier forma, mejor siempre que dos en el ring: nadie sueña con que Abascal y Puigdemont sean amigos, pero al menos que no se maten. ¿El secreto dónde está? Pues en el principio, en volver a Machado, en saber que “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Es decir, que el otro existe, piensa distinto que yo y como político tengo la obligación de hablar con él y pactar: se vota, se cuenta, se habla y se pacta; lo que ha sido siempre la política, el arte de lo posible. Y más si tenemos en cuenta que todo puede ocurrir, incluso el Brexit –varios puntos en común con el independentismo catalán- y que, como dice William Boyd: “El Brexit es el ejemplo de la estupidez con la que se maneja el destino”. Por cierto, ¿alguien ha pensado en el humor de unos y otros, de Torra a Abascal? Humor al estilo de Groucho Marx claro, el más avanzado, el que se intenta reír de sí mismo: “Yo no admitiría a un tipo como yo de socio en un club”. Todo el mundo sabe lo bien que se llevó siempre Antonio Machado con su hermano Manuel, el de “Castilla” y “Olivarretto de Fermo”, el que le hizo el discurso a Franco el día de la Victoria en Burgos.        

Luis Martínez de Mingo

Seis formas de ser español. ¿O más?