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lunes. 15.08.2022

Decía Unamuno que él quería vivir y morir en el ejército de los humildes. Las izquierdas tienen, después del 20N, una buena ocasión para aprender a vivir con humildad los próximos años, tejiendo una poderosa red de complicidades y encuentros en torno a los derechos y necesidades de los más débiles. Están obligadas las izquierdas a reaccionar con humildad y coraje si quieren levantar un programa sugerente de acción social y política que le dispute a los centros de poder económico y financiero y a quienes siguen su manual desde la política, la vigencia de la democracia. Tienen tiempo por delante.

El 20 de noviembre, la ciudadanía decidió cerrar el círculo de la hegemonía política conservadora, otorgando al PP el Gobierno de España. Muy mayoritariamente, había alcanzado el gobierno de los territorios y de las corporaciones locales. Y efectivamente, se abre un ciclo político con una presencia avasalladora de la derecha en las instituciones del Estado. El desplome del PSOE, mayor del anunciado, no se ha producido solo por la grave crisis económica y financiera que vivimos –como lamentan sus dirigentes-, sino y fundamentalmente, por la gestión que de la misma ha llevado a cabo el Gobierno de Zapatero. Por si fuera poco, junto al más que estimable crecimiento electoral de IU-ICV, irrumpe o mejor dicho se consolida, una formación política de corte populista e ideario conservador como UpyD, que recibe todavía no pocos votos progresistas, pero que se ubica sin rubor en territorio de la derecha. Vargas Llosa lo explicó mejor que yo: “UpyD debe colaborar con el PP”.

Otras conclusiones relevantes del resultado electoral hacen referencia a la extraña vocación de mosca cojonera que practican algunos partidos o siglas, dispuestos a pelear escaños imposibles desde la buscada soledad de sus naves, sabiendo eso sí, que la guerra emprendida contra la convergencia de las izquierdas da sus frutos: al menos tres diputadas o diputados han dejado de ser elegidos en la izquierda transformadora gracias a su estrategia imaginaria. Destacable, por otro lado, la fuerte reaparición de la izquierda abertzale -mejor a pecho descubierto que dando cobertura a bombas y extorsión- y la inmoral mayoría del nacionalismo conservador catalán a lomos de recortes en los servicios públicos y del progresivo aniquilamiento de la red de protección social en Catalunya.

La mejor herramienta

Las primeras reacciones del PSOE suenan a música celestial. Son cantos de patriotismo partidario, de cierre de filas y reafirmación corporativa que anuncian, casi siempre, un enconado proceso de tensiones y enfrentamientos, más entre personas y equipos que entre ideas y proyectos. Descartan el debate abierto con las izquierdas para sondear opciones alternativas a las agitadas por la derecha y el liberalismo, y dan así la razón a quienes, desde otras trincheras, niegan la posibilidad de luchar por espacios de reflexión compartidos. No habría que resignarse, pero justo es decirlo, la situación no es alentadora.

Con realismo, la mejor herramienta para construir respuestas unitarias a la crisis, para avanzar un programa político pegado a las necesidades de los sectores y personas que peor lo están pasando, para ir escribiendo una nueva página de la transformación democrática de la sociedad, pasa por los once diputados y diputadas de IU-ICV y de otras formaciones como la Chunta, aunque no debe quedarse aquí. Hay que abrir las puertas a otras formaciones y grupos sensibles a un nuevo proyecto cultural y político de la izquierda española. Una apuesta decidida por la convergencia de las izquierdas a partir de un discurso unitario, tan alejado de la extravagancia y del populismo radical como de la ética de la responsabilidad que exhibió el felipismo y, a su manera, acabó emulando Zapatero. Una propuesta programática indisociable del ecologismo político y de un modelo de desarrollo sostenible.

Con seguridad, la inminente acción de gobierno del PP nos obligará a pensar y actuar. Huyendo de la demagogia, pero también de la resignación, la izquierda ha de saber responder con rigor a la ofensiva de la economía especulativa contra la política y la democracia y nutrirse, a su vez, de la capacidad de elaboración y propuesta del movimiento sindical para, entre todos y más, avanzar una potente movilización de personas e ideas contra esta plaga de mercados y dirigentes políticos atenazados por su chantaje.

El ejército de los humildes
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