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NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS - 24.6.2009

Primero ha sido uno de los famosos Falcon del presidente del Gobierno, que se ha quedado tirado en la pista del aeropuerto de Lomé, la capital de Togo, última escala de la gira por el continente. Finalmente, Rodríguez Zapatero ha emprendido el viaje de vuelta en otro Falcon que había usado el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, para volar este mismo martes hasta allí.

Después ha sido el Hércules en el que viaja parte de la delegación que ha acompañado al presidente estos días, incluidos varios periodistas, que ha tenido que darse la vuelta tras una hora de vuelo.

El avión en el que el presidente ya había embarcado avanzaba por la pista del aeropuerto para proceder a despegar cuando el piloto de la nave detectó que no se había encendido la luz del indicador de velocidad. Este fallo obligó al piloto a abortar el despegue cuando el Falcon avanzaba ya por la pista, tal y como recogen los protocolos de seguridad para estos casos. La frenada, unido a la temperatura que habían alcanzado los neumáticos, hizo que éstos se deshincharan e impidió que el presidente pudiera volar en este aparato para regresar a España.

Los primeros indicios apuntan a que el fallo por el que el indicador de velocidad no se encendió pudo estar motivado al haberse obturado un conducto estrecho por la presencia en el mismo de pequeños insectos.

El presidente del Gobierno regresaba el martes en dirección a Madrid a bordo de otro Falcon del Ejército, en el que estaba previsto que el ministro de Justicia, Francisco Caamaño viajara este miércoles hasta España. El ministrode Justicia viajará a España en el Falcon averiado, una vez que éste sea reparado.

La alarma en el Hércules de delegación la dio el indicador de aceite de una de las hélices, que registraba un nivel anormalmente bajo. Pero es que este era ya un vuelo de reserva (el Hércules es un avión de carga que se puede acondicionar para viajeros).

Uno de los dos Airbus del Ejército que podían haber sido utilizados estaba averiado y tuvo que quedarse en Madrid. El otro ha llevado a los Reyes a Nueva Zelanda y Australia.

OTRAS AVERÍAS

No son los únicos incidentes registrados en la Fuerza Aérea española en los últimos tiempos.

El 13 de diciembre pasado un Boeing 707 (uno de los que hasta hace unos años utilizaban también los Reyes y el presidente del Gobierno) tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en Nápoles cuando viajaba a Afganistán el jefe del Estado Mayor del Aire, el general José Jiménez Ruiz, para entregar un cargamento de ayuda humanitaria.

Una fisura en el cristal del copiloto provocó una despresurización del avión que hizo saltar las máscaras de oxígeno y obligó al piloto a descender rápidamente de los 35.000 a los 7.000 pies de altura.

En diciembre del 2005, un Hércules C-130 en el que se trasladaba a Bosnia el entonces ministro de Defensa, José Bono, se salió de la pista, sin que se produjera ningún daño, al aterrizar en Mostar.

En la etapa del Gobierno del PP también hubo algunos incidentes con los aviones oficiales, entre ellos el sufrido en noviembre del 2002 por un Boeing en el que se desplazaba José María Aznar a Punta Cana, en la República Dominicana, para participar en una Cumbre Iberoamericana. Hubo una avería en el sistema hidráulico del tren de aterrizaje y los tripulantes tuvieron que accionarlo de forma manual.

Los problemas que se iban detectando en los dos Boeing 707 que entonces utilizaban las principales autoridades del Estado fueron determinantes para que el Ejecutivo de Aznar adquiriera los dos Airbus que actualmente se utilizan para ese cometido.

Por otra parte, los Falcon han sido actualidad en las últimas semanas después de la polémica surgida por el hecho de que Zapatero los haya utilizado para sus desplazamientos durante la campaña de las elecciones europeas.

El avión de Zapatero aborta el despegue de Togo por un fallo