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domingo. 26.06.2022

Este mes de agosto es un cúmulo de sorpresas. Habitualmente, excepto por las previsiones de la climatología y alguna incidencia familiar, el mes pasa rápido, aburrido y con sensaciones personales contradictorias. Como cada año. Pero este agosto del 2011 está repleto de regalos para el espíritu. Dos partidos de Barça-Madrid no es moco de pavo antes de empezar la liga. Varias crisis financieras mezcladas tampoco. Altibajos de la bolsa en agosto no las hay casi nunca, dado que los mercados están en Niza o las Seychelles. Ahora bien, este mes los ha habido.

Que el ubícuamente agitado Sarkozy y la impávida Merkel digan lo que han dicho no es tampoco poca cosa. Que el Tea Party se haga con todo el partido republicano no es que sea producto de casquería, ni deshecho. Incluso en la escena doméstica hay agitación, unos cuantos consellers de la Generalitat han tenido que volver, volver para encarar (nunca mejor dicho) los estropicios que en Agosto no eran antes tenidos en cuenta. El mismo presidente federal no termina de pasar un día entero en Doñana, sede crepuscular de las vacaciones presidenciales. En fin, que leer la prensa, o ver u oír las noticias es un aliciente en tan soporífero mes de vacantes. Todo un cambio respecto a lo que es habitual en tales fechas.

No es que lo exprese como un lamento, añorante del inclemente agosto de todos los años. No, al contrario, resulta reconfortante ver el gol de Villa, el del señor Iniesta y el resto del lote a cargo de la eminencia, así como observar el hundimiento del Titánic en ese dedo crápula tan mal utilizado en ojo ajeno. Tampoco es de despreciar el espectáculo veraniego de las potencias que se creían excluidas de la especulación (ahí está Francia afectada después de los USA) y ver con que diligencia empieza a moverse lo más fundamental, cuando antes, horas antes, la modorra de liderazgo para hacer frente a las ansias especulativas era preeminente.

De hecho siempre ha sido así, hasta que la inconsciencia del dinero no pisa el callo adecuado, no hay reacción que merezca tal nombre. Sarkozy acostumbra a grandes aspavientos y a palabras por encima de la media, pero actuar lo que se dice actuar, no lo ha hecho hasta que su deuda aparecía en el expositor de objetos especulativos. Reunión con la impávida Angelitas Merkel, amenazas, insinuaciones de las próximas medidas reales, etc. La prudencia nos recomienda un tiempo de espera (como el tiempo es relativo eso pueden ser días o semanas) para afirma si bajamos o subimos, ni tan siquiera un experto gallego podría asegurar hoy mismo en qué dirección va el ascensor. Pero todo apunta a que estamos en su interior y hacia una de los dos sentidos habremos de ir pronto.

Estamos, pues, en momentos definitorios. El tiempo, el margen temporal para hacer o no hacer, para ir a un lado o a otro se está terminando. La crisis, repelida con cierta habilidad al principio, vuelve con fuerza por la falta de contundencia en la política (no solo económica) y la fuerza del mito neoliberal en torno a déficit y deuda. Lo sorprendente es que la crisis vuelve apuntando al meollo del asunto, olvidado por los mandamases, la expectativa de crecimiento y por ende la vuelta a la ocupación laboral.

Los movimientos especulativos financieros han impulsado durísimas políticas de recorte del gasto público, fueren o no al caso y estuvieren o no en el centro del problema. Hasta ahora hemos visto la política torcerse al albur de la pura ideología, incluso cuando esta ha demostrado su mística realidad.

Hoy, agotados los márgenes que produjeron las primeras medidas contra la crisis, aflora el problema principal. Se necesita un modelo de crecimiento (desarrollo) que genere ocupación y que impulse un sistema productivo y distributivo distinto y adaptado a lo que el planeta permita. Productos duraderos, eficientes energéticamente, impulso a los bienes sociales, más un largo etcétera imaginativo.

El monstruo financiero mundial, basado en inversiones especulativas, fijado en los pequeños márgenes puntuales que dan amplias ganancias si se sabe influir adecuadamente en la bolsa, en la deuda, en la calificación, etc., debe transformarse en inversión real que permita lo que ya sabemos que podemos, un desarrollo humano a escala planetaria y continente en el uso de la energía, las materias primas, la biodiversidad, etc.

Probablemente no estemos muy alejados de las propuestas berlinguerianas que el talabartero de Parapanda nos ha recordado tan oportunamente y que fueron coincidentes en el tiempo con los primeros avisos científicos sobre la acción humana sobre el medio. Punto final: no creo haberme dejado nada importante de lo sucedido estos últimos días.

Y en agosto.

Crónicas desde mi morera
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