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NUEVATRIBUNA.ES / ISABEL G. CABALLERO 03.12.2009

Espléndida como siempre en su papel de lideresa, Esperanza Aguirre sorprendió este jueves a propios y extraños con la presentación de un libro –bajo el título Discursos para la Libertad. Momentos que forjaron la civilización occidental- donde la presidenta de la Comunidad de Madrid prologa y comenta algunos de los discursos de personajes tan relevantes como Sócrates, Alexis de Tocqueville, Charles de Gaulle o Luther King.

El acto, al que no asistió –pese a haber sido invitados- ningún miembro de la cúpula del PP, pero sí el ex secretario general del partido, Ángel Acebes, contó con la presencia del socialista Joaquín Leguina, el siempre amigo de Alberto Ruiz-Gallardón y, por lo que dijo, admirador en cierta manera de la dirigente popular.

Leguina accedió a presentar la obra quizá para compensar el haber dedicado el capítulo de uno de sus libros a Aguirre bajo el título La cólera de Dios, según él mismo explicó al principio de su intervención. Parafraseando algunas de las frases escritas por la presidenta, el socialista quiso resaltar las similitudes que a su juicio hay entre la popular y algunos de los personajes por ella elegidos como Winston Churchill quien “tenía extraoficialmente el título de persona non grata dentro de su propio partido”; o Margaret Thatcher (que “no podía faltar”, puntualizó Leguina), y que “si en algo coinciden tanto adversarios como defensores es en el poco miedo que Thatcher ha tenido a la polémica”.

No le falta razón a Leguina porque si algo caracteriza a la Aguirre de estos tiempos es su desparpajo y su perseverancia en defender lo que piensa aunque ello no comulgue con el argumentario de su jefe de filas, Mariano Rajoy. Algo similar debe pensar el ex presidente regional con respecto al PSOE de Zapatero que sin citarlo sí dejó caer una frase lapidaria: “No comentaré ni el buen talante ni el buenismo”, dijo, y añadió: “No soy de esa cuerda”.

Tampoco Aguirre es de la cuerda marianista. Arropada tan solo por su fiel número dos Ignacio González y sus incondicionales alcaldes aguirristas, la lideresa volvió a enarbolar la bandera del liberalismo como panacea de todos los males. Sus personajes escogidos, Pericles, Cicerón, Juan Pablo II, Thomas Jefferson, Ronald Reagan y Vaclav Havel, entre otros, pusieron –según ella- en valor el don más preciado del hombre: la libertad frente a la igualdad.

“Como Leguina, yo entré en política para defender unas ideas”, afirmó, al tiempo que ensalzó “la necesidad de poner límites al poder para preservar la libertad”, máxima ésta que muchos querrían que ella misma se aplicara. Y si no que se lo pregunten a los socialistas que deben estar encantados con la presencia de Leguina en el acto de Aguirre: dos espíritus libres e incomprendidos en las filas de sus propios partidos.

¿Qué tienen en común Esperanza Aguirre, Churchill y Thatcher? Lo sabe...