sábado 25/9/21
OPINIÓN | MARCOS DE CASTRO SANZ

Mondragón, otra forma de hacer empresa es posible

Otra forma de hacer empresa es posible, a pesar de que nos digan lo contrario quienes tanta responsabilidad tienen en lo que nos está pasando

Mondragón ha creado un importante complejo empresarial cooperativo, más estudiado en el exterior de España que dentro. No dejó de ser curioso que en un foro europeo cooperativo organizado por los franceses (Les Rencontres du Mont-Blanc [1]) un ponente canadiense expusiera la experiencia de Mondragón sin saber que estaba presente quien era Secretario General del Grupo Cooperativo. Algunos de los datos expresivos del tamaño de este grupo de empresas son: 32.454 millones de euros en activo total y 3.999 millones en recursos propios, con 82.599 puestos de trabajo, de los que el 82% son socios cooperativistas que aportan un capital social de 1.816 millones de euros. Son casi 100 cooperativas que se unen voluntariamente (sin que existan dependencias de capital entre ellas) para construir economías de escala, mecanismos de gestión potenciadores de la actividad (tiene un modelo de gestión que unifica criterios estratégicos) y para fomentar la presencia empresarial en un mercado que entiende muy poco de cooperación. Sus cooperativas tiene actividad en casi todos los sectores que están asumiendo la crisis actual (construcción, consumo, financiero, automoción…), lo que exige reestructuraciones organizativas bajo la consigna de no generar desempleo y búsqueda de nuevos mercados, o nuevos productos, que permitan reactivar la acción empresarial. Cuenta con 14 centros de I+D+i de alta especialización, que tiene un presupuesto de 61,5 millones de euros y 822 investigadores, además de una Universidad propia [2].

Bien, todo ello le convierte en un grupo empresarial significativo. Pero no son estos números los elementos indicadores de este conjunto empresarial, por importantes que sean (que lo son), sino la creación de un potente sentido de pertenencia donde el trabajador es propietario y empresario, que ha de asumir decisiones estratégicas y participar en el proceso de lo que constituye “su” empresa. Es preciso subrayar que esto en una situación laboral, como la actual, de precariedad creciente, donde las viejas enseñanzas que se impartían en las aulas sobre motivación, pertenencia y creación de grupos de trabajo, que permitan mayor autonomía al trabajador y este pueda aportar su capacidad creativa, se han olvidado dejándolas en el cajón de los conocimientos inoperantes. Peter Druker decía que “está claro que algo está pasando en las relaciones y en la gestión laborales que no encaja en lo que se sigue escribiendo en los libros de gestión y lo que seguimos enseñando en las escuelas de negocios”. Con ello se rompe la capacidad creadora del colectivo empeñado en la empresa, que solo se consigue si quienes han de aportar su creatividad se creen la pertenencia a un grupo que navega en el mismo barco y corre las mismas venturas y los mismos riesgos. Lo que comporta un sentido de propiedad colectiva y un sistema de autoridad participativa, alejada del autoritarismo propio de quien se cree dueño del sistema y de la decisión. Y es que, como afirmaba Ulrich Beck “el capitalismo ha desarrollado tal nivel tecnológico que crecer en PIB ya no implica crecer en empleo. Estamos hablando de un leguaje que quiere imponerse como nueva religión: el lenguaje del mercado”, sin darse cuenta de que, con ello, el capitalismo tan solo provoca desimplicación y distanciamiento.

No es esta la realidad de la empresa cooperativa y, especialmente, de la experiencia de Mondragón. En este esquema se ha de interpretar la creación de un “Fondo de Reestructuración y Empleo Societario (FRES), por importe de 70 millones de euro para que Fagor sea capaz de reestructurarse conservando el empleo que generó (el empleo es un eje estratégico de las decisiones empresariales de Mondragón) la calidad de sus productos y su presencia en el mercado. Lo que expresa esta decisión, tomada por unanimidad por el Congreso Cooperativo (órgano máximo de toma de decisiones del Grupo empresarial) es que “juntos somos más”, que unidos se puede y que el empeño o es de todos o el proyecto no merece el esfuerzo. No es lo relevante la expresión de la crisis sino de que hay salida, no es el problema sino la solución lo que se está expresando. Y si en la solución va el empeño de todos merece el esfuerzo porque lo que se gane será de todos y lo que haya que aportar también lo será.

Se olvidó el mundo empresarial actual, especialmente sus gestores, lo que con tanto empeño se investigó en la sicología industrial, lo que algunas empresas (sin ser cooperativas) decidieron emprender cambiando estructuras (organigramas) y reorganizando el esquema decisional y de autoridad para conseguir un colectivo de trabajadores implicados en el proyecto de la empresa y, por tanto, en el éxito o en el empeño. También en sus consecuencias. Se les olvidó y pretenden demostrar que no hay otras formas de ser empresa. Las cooperativas dicen que sí, que existe otra forma. Y sus socios dicen que sí, que se puede hacer esfuerzos cuando el empeño es de todos. Estamos hablando de otra forma de ser empresa. Y no se debe interpretar esto como “algo extraño y propio de las cooperativas”, descalificando la idea al reducirla a una determinada forma jurídica (que demasiadas veces se intentó descalificar por ser “extraña”). No solo las investigaciones de la sicología industrial afirman sistemas de gestión similar, también lo hace el desaparecido Rafael Termes, nada sospechoso de “izquierdismo” empresarial, cuando  dijo en una conferencia titulada “Qué es una empresa y qué es un empresario” que: “Para mí, empresa económica o mercantil es una comunidad de personas que, aportando unas capital y otras trabajo, se proponen, bajo la dirección del empresario, el logro de un objetivo que constituye el fin de la empresa. Este objetivo, para que la empresa se justifique económica y moralmente, debe ser bifronte: por un lado, añadir valor económico, es decir, generar rentas, crear riqueza para todos los participantes en la empresa y, por otro lado, prestar verdadero servicio a la sociedad en la que la empresa se halla ubicada. Sin estas dos condiciones  -prestar servicio y crear riqueza- la empresa mercantil no se justifica. Precisemos los términos. Por un lado, prestar servicio, en el sentido de verdadero servicio, es decir, un servicio que contribuya al bien común; si no es así, la empresa no se justifica moralmente. De aquí que haya empresas que, a pesar de crear riqueza, no se justifican moralmente por la naturaleza dañina, material o espiritualmente, de la actividad a que se dedican. Por otro lado, crear riqueza, añadir valor económico, es decir, generar rentas para los que integran la empresa como aportantes de capital, trabajo y dirección.  Por eso hay empresas que, aun cuando la naturaleza de su actividad sea irreprochable desde el punto de vista moral, no se justifican económicamente al no llegar a generar rentas suficientes para remunerar satisfactoriamente tanto el trabajo como el capital empleados”.

Evidentemente, otra forma de hacer empresa es posible, a pesar de que nos digan lo contrario quienes tanta responsabilidad tienen en lo que nos está pasando.

Marcos de Castro Sanz | Extrabajador de Mondragón


[1] Ver: https://www.rencontres-montblanc.coop/es/page/los-encuentros-0

[2] Ver: http://www.mondragon-corporation.com/CAS/Conocimiento/I-D-i/Centros-Tecnol%C3%B3gicos.aspx

Mondragón, otra forma de hacer empresa es posible