domingo 15.09.2019

Conciliar no es un lujo

Avanzar en la conciliación de la vida laboral y personal es un objetivo posible, ahí están los experiencias de algunas empresas que han dado pasos importantes en esta dirección que merecerían ser imitadas.

Conciliar no es un lujo

Conciliar la vida laboral y personal es hablar de mejora de la competitividad y del clima laboral, de retener el talento de las personas y, sobre todo, de legítimos derechos

Si bien aún persisten estereotipos de supuestas diferencias entre hombres y mujeres respecto a su relación con el trabajo, la carrera profesional y la familia, es indiscutible que vivimos una revolución de los roles de género y la estructura familiar, donde las nuevas generaciones comparten la vida doméstica y familiar con mayor solidaridad que la que existía en épocas anteriores entre hombres y mujeres.

Cambios de roles y de prioridades que llevan a cuestionar, hoy más que ayer, si el trabajo debe impedir la atención satisfactoria de los demás ámbitos de su vida. Por esto, oímos a jóvenes trabajadores y trabajadoras preguntarse en voz alta, ‘¿Por qué no puedo llevar a mis hijos al colegio y luego ir a mi puesto de trabajo?’ o si ahora llevamos nuestra oficina, los documentos y el archivo siempre en el bolsillo; ‘¿Qué me obliga a tener que seguir anclado a un lugar físico de trabajo que no me aporta ventajas, cuando podría trabajar con igual eficiencia en cualquier lugar?’, o también ‘¿las nuevas tecnologías y la irrupción de la digitalización no deberían servir igualmente para humanizar el trabajo?’ etc...

Preguntas que siguen sin tener respuesta en la mayoría de nuestras empresas y organizaciones puesto que ponen en cuestión las viejas y arraigadas normas y costumbres, aún presentes en la mayoría de los centros de trabajo, más propias de cuando el varón iba a trabajar mientras la mujer se quedaba al cuidado del hogar y los niños. Cambiar esta realidad se está demostrando no ser nada fácil, ya que en la mayoría de nuestras empresas y organizaciones se sigue valorando el presentismo y el salir del trabajo diez minutos más tarde que el jefe, más que la iniciativa y los resultados del trabajo bien hecho.

Pero no habrá modernización de las relaciones laborales, ni tampoco se debería calificar a una empresa u organización como responsable socialmente con RSE, si no atiende correctamente estas exigencias y las afronta con imaginación e innovación, añadiendo además los esfuerzos y recursos para generar un cambio radical en los usos y costumbres que garanticen la implantación de horarios más racionales y que ayuden a los hombres y mujeres a llevar una vida más plena y armoniosa.

Y para ello es imprescindible que los agentes sociales, patronales y sindicatos lleven a la práctica sus declaraciones y recomendaciones a la negociación colectiva, y con ella a los convenios colectivos, para incorporar avances y nuevos derechos y evitando el riesgo de identificar la conciliación con la etiqueta o epígrafe “problemas que afectan a la mujeres”, como ha venido sucediendo de forma inconsciente en tantas ocasiones. El objetivo es acordar nuevos derechos en jornadas flexibles o medidas que impidan la inercia de las prolongaciones  irracionales de la jornada y  faciliten una mayor flexibilidad mediante sistemas de trabajo a distancia, el teletrabajo, la bolsa de horas individual, los permisos y reducciones de jornada, etc.

Con igual importancia para este cambio es imprescindible que las instituciones públicas pasen de los carteles, trípticos y los bonitos e ingeniosos eslóganes a los hechos. Esto quiere decir que el sistema público asegure la atención temprana a los menores entre 0 y 3 años, residencias y servicios de atención a las personas en situación de dependencia, y financiar permisos laborales que permitan una maternidad y paternidad satisfactoria y aprobar los cambios legislativos pendientes que promuevan la racionalización de los horarios en las administraciones públicas, el trasporte, las escuelas, el comercio y el ocio. 

Avanzar en la conciliación de la vida laboral y personal es un objetivo posible, ahí están los experiencias de algunas empresas que han dado pasos importantes en esta dirección que merecerían ser imitadas. Conciliar la vida laboral y personal y horarios racionales no son sólo bellas palabras y buenas intenciones. Es hablar también de mejora de la competitividad y del clima laboral, de retener el talento de las personas y, sobre todo, de legítimos derechos.

Conciliar no es un lujo
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