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jueves. 18.08.2022
FESTIVAL DE JAZZ DE SAN JAVIER

Zaz, "lutine" de la felicidad

La cantante francesa regó sonrisas y emociones durante las casi dos horas de concierto en el Festival de Jazz de San Javier.
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Zaz

Fotos: María Ramos | Cuando se tiene desgastada la escala de los superlativos ocurren estas cosas, cualquier cosa que se escriba parece más de lo mismo, pero Zaz juega en otra categoría.

Tras San Javier vendrán apenas cuatro fechas más en España hasta mediados de octubre (Madrid, Calvia, Mérida y Sevilla) en esta segunda parte de gira española dentro de esta gira mundial tras tres años fuera de los escenarios. Sin embargo, Zaz tiene la capacidad de que cada actuación parezca única e irrepetible. Más allá del cliché del “Sois un público maravilloso”, Zaz lo demuestra en cada actuación.

Después un tiempo alejada de los escenarios en los que, según sus palabras “necesitaba dedicar más tiempo a Isa que a Zaz, más tiempo a la persona que a la artista”, Zaz ha recuperado con ‘Isa’ (2021) la alegría de sus primeros trabajos ‘Zaz’ (2010) o ‘Recto Verso’ (2013), y temas como “Imagine” ya son pequeños clásicos.

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En el acogedor auditorio del Parque Almansa, Zaz se sintió como en casa desde el primer momento, lámpara de araña colgada de la torre de luces incluida. Habrá pocos espacios escénicos donde el título de la gira ‘Organic Tour’ pueda estar tan bien traído. El Festival de Jazz de San Javier es siempre ese lugar de reencuentro en el que sentirse como en casa, reconociendo cada caras como la del que fuera su fundador y director hasta el año pasado, Alberto Nieto, sentado en su sitio de siempre.

Zaz apareció cantando por la bocana de la entrada principal. Vestida con un mono de terciopelo negro y botas militares bajo los cañones acampanados del pantalón, recorrió sonriente el auditorio de extremo a extremo, saludando casi uno por uno al público, como una más de la familia que regresa a casa. Mientras tanto, sobre el escenario el quinteto que la acompaña en esta gira ocupaba su discreto segundo plano tras cantante francesa.

Tras la entrada al escenario, Zaz inició un concierto que duraría casi dos horas y que iría desgranando en veinticinco piezas todos los registros desde los sonidos más gypsy del principio a las más puras a esa personalísima forma de entender la chancon française que tiene la de Chambray-lès-Tours.

Sonrisa y buen rollo, como una pequeña duende que trata de repartir alegría por el mundo, Zaz regaló sonrisa con “Imagine” en el segundo tema del concierto y desde ese momento no paró de sonreír, bailar a su aire, saludar al público y hacer sentir a todo el público como si ese fuera el único día importante, el único concierto, un instante único y especial. Tras “Imagine”, vino  “Si jamais j’oublie” y “Que Vendrá”, como si quisiera pintar todo el escenario de esos “Couleurs Vives” del que habla el tema que interpretó casi a continuación. Zaz atesora ya un repertorio lleno de pequeñas joyas que quiso regar de principio a fin del repertorio.

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Aunque también emuló el dolor trágico a lo Édith Piaf y su voz se adapta al ritmo lento de la chanson, su tendencia natural es hablar rápido y corretear de un lado a otro del escenario, como si de un momento a otro pudiera salir volando sobre el público como Campanilla pidiendo al público que grite "Yo creo en las hadas" y desde ayer creemos en los “lutines” del folklore francés, de manera literal. Al finalizar el show y antes de la primera tanda de bises, se lanzó al público y voló sobre la orchesta, pidiendo, como una niña pequeña, repetir pero más lejos y más alto.

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No faltó el guiño al público con una entrañable versión de “Clavelitos” para la que, con toda naturalidad del mundo, se puso las gafas de leer y explicó que uno de sus recuerdos más entrañables es cuando su madre, profesora de español en Francia, invitó a la tuna de Ávila que fueron los que le enseñaron esta canción, desde entonces “siempre que la escucho me siento feliz”. Y eso hizo básicamente es lo que hizo, hacer un poco más feliz durante dos horas al público que completó el aforo del Parque Almansa en San Javier. Dos horas en las que habitó en el cuento de hadas maravilloso de Zaz. Lo difícil es ponerle adjetivos.

Zaz, "lutine" de la felicidad