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Viva Belgrado

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Ángel Monedo López

Viva Belgrado se presentó en la Riviera para ofrecer su espectáculo Cancionero de los Cielos. Los cordobeses son maestros en la manipulación del sonido, aunque el audio en la sala madrileña dejó algo que desear, tanto en términos técnicos como acústicos. Criados en la escena hardcore/screamo, con el paso de los años y discos han ido suavizando su sonido, abriendo paso a nuevas sonoridades, hasta llegar al brillante Cancionero de los Cielos, lanzado el pasado 19 de enero bajo su propio sello, Fueled by Salmorejo.

Un ejemplo de su experimentación fue cuando Cándido utilizó un modulador de voz en Jupiter and Beyond the Universe. Aunque la idea como experimento fue interesante, la voz procesada, con un tono tan grave, desentonó ligeramente con el estilo habitual de la banda. Sin embargo, la energía del grupo se mantuvo alta durante las casi veinte canciones que regalaron al público, una Riviera abarrotada.

Fueron directos y rápidos, enlazando cada tema sin respiro, como es su costumbre, con solo un par de pausas para afinar y agradecer a quienes se acercaron a la Riviera en un sábado frío y desapacible de Madrid. Poco a poco, fueron cayendo los temas de Cancionero de los Cielos: ‘Vernissage’, ‘Chéjov y las Gaviotas’, ‘Gemini’, ‘Ranchera de la mina’, ‘El Cristo de los Faroles’, ‘Saturno devorando a su hijo’ y ‘Elena observando la Osa Mayor’, intercalando ‘Un relato’. Con el acelerador a fondo, el público estaba totalmente entregado, cantando, pogueando y creando una conexión perfecta con la banda. Tras más de una hora, la energía seguía intacta, y se encaraba el último tramo del concierto. ¿Y qué mejor forma de cerrar que con su icónico primer álbum, Flores, carne (2014), encadenando ‘Báltica’, ‘De carne y flor’ y ‘Madreselva’?. La sala se convirtió en una olla a presión, que dio un respiro con ‘Un tragaluz’, una de las mejores canciones de su último disco. Hasta la próxima Viva Belgrado.