jueves. 04.06.2026
TEATRO

Travy. El teatro era esto

Los Pla-Solina llevan en la carretera muchos, muchos años con la compañía Tot Terreny.
LaAbadia_Travy
Foto: Teatro de La Abadía

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Carlos Valades | @carlosvalades

Llevan entre nosotros siglos, haciéndonos reír, conmoviéndonos, obligándonos a reflexionar sobre el sentido tragicómico de la vida, sirviendo dramas o simplemente contándonos historias de las que ya nos gustaba escuchar sentados alrededor del fuego. Son los bardos, los poetas y ditirambos, juglares devenidos en compañías de teatro que terminan por ser una familia. En el caso de este montaje es redundante ya que son una familia de verdad. Los Pla-Solina llevan en la carretera muchos, muchos años con la compañía Tot Terreny.

Oriol Pla, está ahora de plena actualidad por haber protagonizado la serie de televisión “Yo adicto”, basada en el crudo retrato que Javier Giner hizo de su adicción a las drogas.

Oriol, el ideólogo de este montaje, firma junto a Pau Matas un texto que comienza con reminiscencias beckettianas

Oriol, el ideólogo de este montaje, firma junto a Pau Matas un texto que comienza con reminiscencias beckettianas. Dos payasos, Quimet Pla y Nuria Solina, los progenitores de la familia, siempre están en escena con el rostro pintado de blanco, en un homenaje a la tradición de clown que llevan ejerciendo toda la vida. Pone el contrapunto el mismo Oriol, el cual, en un ejercicio de metateatralidad es el encargado de contar la historia de una familia de comediantes, y su hermana, Diana Pla, ambos más orientados a las nuevas corrientes teatrales, más performativas y modernas.

Ya la entrada al patio de butacas, por la parte de atrás del escenario, entre bambalinas, es un guiño donde se nos muestran los entresijos del teatro, las tramoyas y los telones, los focos y cajas de vestuario. Oriol en escena, da un recital de muecas, de expresión corporal y mímica que haría las delicias del mismísimo Jim Carrey. Su hermana, Diana, quiere llevar el montaje a otros niveles, ofreciendo también una serie de acrobacias y posturas anatómicas más extremas, más circenses. Ambas corrientes, la más clásica, de pasacalles y musical, abanderada por los padres, entra en conflicto con las nuevas tendencias sugeridas por sus hijos. Y uno imagina los debates que han debido de darse en esas reuniones familiares los domingos, delante de un plato de pan tumaca y de unos buenos porrones de vino, esas discusiones sobre qué es más conveniente para el montaje, sobre si utilizar una sandía o los peligros de cocinar una tortilla francesa mientras se recita Hamlet. Somos testigos de las dudas de los creadores, de las pruebas en los ensayos, de las improvisaciones fallidas o de la repetición de las actuaciones del payaso Sibartini, alguien a quién nadie vio actuar pero que ninguno quiere que se pierdan en el olvido sus números teatrales.

Un espectáculo total que con pocos medios y mucha imaginación (increíble la escena de la mesa y los bancos) nos hace reír, aunque a veces asoma alguna lágrima, y donde el circo y la comedia se respiran en esta familia que lleva toda la vida escribiendo con mayúsculas la palabra TEATRO.

Travy. El teatro era esto