lunes 25.05.2020
LECTURAS SUMERGIDAS | REVISTA LITERARIA

Tony Judt, el precio del compromiso

Por Emma Rodríguez | Si hay un pensador de las ideas políticas al que merece la pena acercarse si de verdad queremos entender los derroteros de las sociedades contemporáneas, ése es Tony Judt.

Tony Judt © John R. Rifkin
Tony Judt © John R. Rifkin

lecturassumergidas.com |  @lecturass | Por Emma Rodríguez | Si hay un pensador de las ideas políticas al que merece la pena acercarse si de verdad queremos entender los derroteros de las sociedades contemporáneas, ése es Tony Judt, un interesantísimo historiador que falleció en 2010, con apenas 62 años, a consecuencia de una enfermedad degenerativa, dejándonos el legado de una obra en la que ya atisbó los fracasos del presente. Ahora recuperamos su voz, el ímpetu de sus análisis críticos, contrastados y detenidos, a través de la lectura de “El peso de la responsabilidad”, un nuevo libro que acaba de ser publicado en nuestro país por Taurus y que es un compendio de tres cortos y reveladores estudios sobre el pensamiento, las biografías, las decisiones e indecisiones de tres intelectuales esenciales en la Francia del siglo XX, tres figuras que representan todas las contradicciones de una época convulsa: Albert Camus, Raymond Aron y Léon Blum.

Para los que ya conocen títulos suyos como  “Postguerra” o “El refugio de la memoria”; para quienes se hayan acercado a la obra con la que este hombre se despidió del mundo, un deslumbrante testamento, una reveladora conversación con otro historiador, Timothy Snyder, en la que Judt fue desplegando sus experiencias y circunstancias vitales, bajo el título de “Pensar el siglo XX”, este tomo que ahora llega a nuestras manos podría considerarse un enriquecedor apéndice, ya que el autor sigue indagando en el que fue su gran tema de estudio, su gran obsesión, esa Europa precedente con su carga de terror y con el estallido de esperanza que se abrió tras las contiendas, una esperanza apoyada en el convencimiento del avance, de la mejora, de la luz, por fin, que llegaba con la instauración de las democracias constitucionales.

Imagen de Albert Camus

Quienes no le hayan descubierto encontrarán estimulante este nuevo recorrido, pero harían bien en acercarse primero a alguno de sus libros anteriores, siendo en mi opinión recomendable para entablar contacto con su discurso ese testamento ya citado que levantó a pesar de la fatiga, del dolor, de la enfermedad, y, sin duda alguna, “Algo va mal”, el más conocido de sus ensayos, especialmente atrayente por su capacidad visionaria. Judt supo ver anticipadamente de qué forma los habitantes del siglo XXI íbamos a ser atrapados en las garras del capitalismo, en el cinismo de gobernantes más preocupados por defender los intereses de la banca que los derechos de los ciudadanos. Supo ver de qué manera el planeta estaba siendo demolido ante la ceguera de esos poderes que preferían seguir adelante, sin freno, con sus negocios y especulaciones, antes de aceptar el peligro de realidades como la del cambio climático.

Firme defensor de las sociedades del bienestar, convencido de que lo mejor era la socialdemocracia, pero crítico con sus inconsistencias, con su alejamiento de las ideas de la izquierda, Tony Judt ya sospechaba de qué forma tan acelerada ese modelo se iba deteriorando cada vez más. Cuando murió, aún no eran tan escandalosas las cifras del paro en los países del Sur, ni las estadísticas sobre el aumento de la desigualdad tan alarmantes. Aún no se cerraban las fronteras a los emigrantes de un modo tan deleznable ni los enfermos europeos sin dinero temían verse despojados de sus tratamientos, pero el desencanto ya flotaba en el ambiente y también la sensación de que todo podía empeorar. Judt fue de los primeros en aportar perspectiva, argumento, a esa frustración. Publicado en nuestro país en 2010, “Algo va mal” es, en cierto modo, el el último paso de una trayectoria abarcadora, la aproximación a lo que habría de llegar, a lo que ya está sucediendo, después de un larguísimo paseo por los laberínticos corredores del pasado, de la Historia reciente.

“No podemos seguir viviendo así. El capitalismo no regulado es el peor enemigo de sí mismo: más pronto o más tarde está abocado a ser presa de sus propios excesos y a volver a acudir al Estado para que lo rescate. Pero, si todo lo que hace es recoger los pedazos y seguir como antes, nos aguardan crisis mayores durante los años venideros”, señalaba Judt. Todo es lucidez en “Algo va mal”, desde el principio,  desde la cita de Tocqueville que el autor toma para encabezar la introducción a su libro: “No puedo evitar temer”, escribía el político e historiador francés, “que los hombres lleguen a un punto en el que cada teoría les parezca un peligro, cada innovación un laborioso problema, cada avance social un primer paso hacia una revolución, y que se nieguen completamente a moverse”...

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