jueves. 18.04.2024

Marta Olivas | Si bien la comedia La vida es sueño es una de las más conocidas de nuestro repertorio clásico y, quien más, quien menos, ha declamado alguna vez los dos últimos versos del monólogo de Segismundo en algún momento introspectivo de esto que llamamos existencia, no ocurre lo mismo con el auto sacramental homónimo, estrenado décadas más tarde. En él, Calderón mostraba la pugna del Hombre por conocerse a sí mismo, desterrar a La Sombra que intenta gobernar el mundo y abrazar La Luz, la gracia. 

En el montaje de Tuñón, la reflexión que plantea Calderón se trabaja a través de los sentidos en un ritual inmersivo donde el espectador se convierte en el Hombre dormido, despojado de su entendimiento. Tras una loa en la que se canta a los cinco sentidos y se introducen el texto y su historia, comienza el auto con la disputa entre los cuatro elementos y el nacimiento del Hombre. Es entonces cuando tenemos la posibilidad de realizar ese mismo viaje interior realizado por el personaje alegórico de Calderón. 

Cada espectador realizará un viaje distinto pero, cuando esta experiencia termina, somos capaces de, verdaderamente, quedar deslumbrados por la Luz

A través de unos cascos, el texto clásico se entrelaza con música ambient que nos ayuda a abandonarnos y a, como el Hombre, desasirnos de nuestra conciencia. Todos los estímulos de la escenografía: el espacio sonoro generado, la iluminación de Miguel Ruiz Velasco y la declamación de los actores, a veces casi a modo de ASMR colaboran para inducirnos a un sueño real. Resulta complicado tratar de explicar qué se siente al “abandonarse”. Cada espectador realizará un viaje distinto pero, cuando esta experiencia termina, somos capaces de, verdaderamente, quedar deslumbrados por la Luz. 

La apuesta de la compañía [los números imaginarios] es única, va más allá de la representación y apuesta por otorgarle Albedrío al público ofreciéndole un tiempo para parar, para encontrarse consigo mismo, escucharse, descubrirse en su sueño, enfrentarse a sus sombras y ofrecerles un despertar que les reconcilie con lo mejor de ellos mismos. La propuesta recupera así el espíritu de los autos sacramentales tradicionales al plantear una reflexión trascendente que, en este caso, no se interpreta de manera intelectual, sino emocional y sensorial. La condición de rito –entendido aquí a lo profano– nos une también a los que nos rodean y participan del auto con nosotros, potenciando una mágica energía común y una intimidad que muy pocas veces se vive en una sala teatral.

“Soñemos, alma, soñemos […] y acudamos a lo eterno”. 


Autor: Calderón de la Barca (auto sacramental de La vida es sueño
Director: Carlos Tuñón 
Dramaturgia: Gon Ramos, Luis Sorolla, Carlos Tuñón y el equipo del Ensamble
Reparto: Ales Alcalde, Paula Amor, Mayte Barrera, Irene Doher, Pablo Gómez-Pando, Amanda H C, Antiel Jiménez, Daniel Jumillas, Caterina Muñoz, Rosel Murillo Lechuga, Alejandro Pau, Gon Ramos, Patricia Ruz, el Primo de Saint Tropez, Nacho Sánchez, Irene Serrano, Luz Soria, Luis Sorolla junto con el resto del equipo artístico.

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