'Un Dios salvaje', una gran obra coral
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Por Mauro Nicolás Gamboa |
El centenario templo de la actuación, conocido como teatro Alcázar de Madrid, es una parada obligatoria en una nueva temporada de teatro con la excelsa obra Un Dios Salvaje (Le Dieu du Carnage). Una puesta en escena que comenzaba su andadura el pasado día 15 de agosto y lo hará hasta el próximo 28 de junio de 2026.
Siempre es un verdadero honor acudir a esta emblemática sala por la que han transitado ilustres actores y en la cual los telones se entremezclan con el aroma a tablas históricas y leyendas de sublimes libretos.
Un Dios Salvaje se estrenó hace casi dos décadas en Suiza y el éxito fue absoluto e inmediato. Esto conllevó que hubiera diversos montajes alrededor el mundo, España incluida y la posterior adaptación al cine de Román Polanski.
El libreto original corre a cargo de la prolífica Yasmina Reza, en una versión y adaptación de Jordi Galcerán, bajo la dirección de Tamzin Townsend y con un reparto de verdadero lujo que ofrece una actuación coral para enmarcar. El mismo está integrado por Luis Merlo, Natalia Millán, Juanan Lumbreras y Clara Sanchis.
La crítica a veces puede resultar un poco complicada, difícil, espesa o parcial. Pero en absoluto es lo que sucede con esta obra. Al magnifico texto, lo honran estos cuatro interpretes que realizan un trabajo de altura donde contenido y continente se abrazan transformándose en un todo absoluto.
La historia plantea a dos parejas reunidas. El motivo: el hijo de una de ellas, de unos nueve años de edad, ha golpeado al vástago del otro matrimonio en un parque mientras jugaban. Este episodio sirve de lanzadera, de disparador y sobre él, pivotea toda la función.
Debido a este suceso, ambos matrimonios acuerdan reunirse en el domicilio del niño golpeado, para mantener un encuentro donde buscaran encontrar un punto de civismo. Son adultos, es evidente que ese estadio llegará, o no. La tolerancia, tiene distintos prismas en la vida. Como casi todo. A veces, el dialogo puede tomar un camino o comenzar a transitar por una bifurcación que no era la esperada al inicio de la charla.
Durante la obra, se percibe como el texto va aportando matices, aromas y pinceladas a unos diálogos verosímiles y casi enriquecedores, que van desgajando uno a uno a los cuatro protagonistas. Nos desvela ese lado oculto o ese lado latente que no siempre aflora. Hay que darle un pequeño empujoncito y verá la luz. La sutileza va tornando en ironía, la ironía en sentencia y la sentencia en un prejuicio absoluto y pleno entre los integrantes de ambos matrimonios. Unos contra otros. Entre ellos. Con la sociedad. Con el mundo. Con la vida.Nadie se libra.
Los giros son una tónica y uno de los hilos conductores de una función que atrapa al espectador de principio a fin. Los actores encarnan papeles a los cuale,s les imprimen su propio sello, transforman un excelente guion y adaptación, en algo verdaderamente sublime. El público se siente participe. La obra es creíble. Narra situaciones cotidianas o experiencias personales o al menos, cercanas.
La tragedia bien entendida y elevada a la categoría de comedia de autor, es como se podría definir a este original texto. Cada uno de los actores que dota de vida a estos cuatro personajes, nos ofrecen lo mejor de sí. Buena dicción. Gestos oportunos. Puesta en escena trabajada. Entregados a la causa. Una interpretación donde el cuarteto protagónico sabe trasladarlos a ese living, a ese salón, a ese hogar donde tiene lugar el encuentro. Las relaciones humanas están llevas a cabo por humanos. Quizás, en ello radica el éxito de este texto. El respetable se siente reflejado en los diálogos, en los matices y en las situaciones que ofrece durante toda la función.
Por ello, Un Dio Salvaje es una obra imperdible en la cual el espectador se sentirá parte y disfrutará desde que se levante, hasta que caiga el telón.