sábado. 22.06.2024
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Raquel Ferrández | 

“Esta obra es rara… y larga”, advierte El Brujo al comienzo de su adaptación de la autobiografía de Paramahansa Yogananda (1893-1952). Sabiendo que la autobiografía en cuestión abarca unas setecientas páginas, sería una pena que alguien acudiese a ver esta obra buscando brevedad. Las dos horas de puesta en escena están justificadas, especialmente si las interpreta El Brujo con un saber hacer que combina el humor inteligente, la sensibilidad espiritual y el pensamiento crítico.

En cuanto a su rareza, la obra consiste en un monólogo acompañado de la proyección esporádica de alguna imagen de Yogananda o alguna cita de su autobiografía, aderezado con las notas sueltas de un sitar en vivo que apenas llega a componer una melodía en todo el transcurso de la representación. La sencillez no resta interés a la propuesta, especialmente si tenemos en cuenta que al espectador se le ofrecen dos autobiografías por el precio de una: la de Paramahansa Yogananda y la del propio Rafael Álvarez, El Brujo.

Relatar en el escenario de un teatro la ajetreada vida interior y exterior de uno de los maestros de yoga más célebres del siglo XX, debe considerarse en sí mismo un acto de valentía. Si hay alguien en España que pueda hacerlo a bocajarro –en un discurso frente a frente con el público– es El Brujo. Su monólogo se centra lúcidamente en algunos temas fundamentales de Autobiografía de un yogui, que son al mismo tiempo un legado común en la historia de la filosofía india. Ayudado por las ideas del propio Yogananda, El Brujo desafía las concepciones rígidas acerca del transcurso objetivo de un tiempo lineal y las posibilidades e imposibilidades que solemos dar por hecho como resultado; también se cuestionan las concepciones dogmáticas sobre la muerte, tema fundamental en la historia del yoga.

El Brujo asume el reto de familiarizar al público con conceptos sánscritos complejos tales como karma o saṃskāra

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El Brujo asume el reto de familiarizar al público con conceptos sánscritos complejos tales como karma o saskāra. Por ejemplo, para explicar las huellas o impresiones psíquicas (saskāras) que condicionan la personalidad del individuo en cada nueva vida, El Brujo recurre a un refrán español –“la cabra tira al monte”–. Mediante este dicho popular, trata de hacer entender al público por qué el monte al que tira la cabra está ya inscrito en ella, como resultado de sus experiencias pasadas, a modo de huella o saṃskāra. Dicho de otro modo: por qué nuestro pasado condiciona activamente nuestro presente y determina de una forma relevante nuestro futuro, normalmente sin que nos percatemos. No hace falta dedicarse al estudio académico de la filosofía india para apreciar la hazaña que supone hacer reír a un patio de butacas en España explicando un concepto tan complejo y lleno de matices como el de saṃskāra.

En el transcurso de la obra, las propias anécdotas personales de El Brujo y otras historias dispersas abren paréntesis divertidos, aunque largos, que se alejan de la vida de Yogananda, haciendo difícil recuperar la narración original que nos ha convocado en el teatro. Para quitarle hierro a la “rareza” de la obra, El Brujo menciona jocosamente que está haciendo teatro “moderno”. Desconozco si su propuesta teatral puede considerarse así, pero al menos sí está basada en un libro fundamental del yoga moderno.

'Autobiografía de un yogui' ha sido una obra clave para la difusión del yoga en occidente en el siglo XX

Autobiografía de un yogui ha sido una obra clave para la difusión del yoga en occidente en el siglo XX. Su estilo ameno, las peripecias vitales que describe y la temática profunda que aborda hacen que se disfrute como una novela espiritual que ha inspirado la sed de autoconocimiento de millones de personas. En el contexto de la historia del yoga, se reconoce como un libro clásico del yoga moderno que en Estados Unidos se inaugura con la participación de Vivekananda en el Parlamento Mundial de las Religiones celebrado en Chicago en el año 1893.

A partir de ese momento, el yoga inicia su viaje definitivo fuera de las fronteras indias. Muchos maestros indios se inclinaron a presentar el yoga como una ciencia ante una audiencia occidental u occidentalizada. Yogananda, afincado en Los Ángeles desde 1920 hasta su muerte en 1952, no fue una excepción a este respecto. Por un lado, el yoga se trataría de una “ciencia de vida” en sentido amplio. Por otro lado, ya en la India colonial había comenzado el intento por conciliar algunas prácticas y filosofías yóguicas con el paradigma científico occidental en sentido estricto, a través de pruebas empíricas, narrativas terapéuticas y de la asociación de conceptos sánscritos que aluden a realidades esotéricas e intangibles con la energía electromagnética y diversos descubrimientos científicos. En este contexto, Yogananda defiendió que la luz es el sustrato último de la realidad, tanto de la materia como de la energía que este maestro asoció con el prāa (aliento vital). Siendo fiel al espíritu de su época, Yogananda no dudó en emplear la equivalencia entre masa y energía propuesta por Einstein para reforzar su propuesta cosmológica. El Brujo insiste sobre esta cuestión varias veces a lo largo de la obra, aunque hoy sabemos que la asociación establecida por Yogananda no tiene validez científica. Las tradiciones yóguicas proponen sus propias epistemologías, que no se basan en una epistemología científica y no necesitan de la sanción de la ciencia para plantear sus propuestas sobre la realidad. El recurso a Einstein por parte de Yogananada solo resulta comprensible si tenemos en cuenta el contexto cultural de la autobiografía –publicada en 1946–, y el momento incipiente de globalización y adaptación a otros paradigmas culturales que estaba experimentando el yoga por aquel entonces.

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Además, Yogananda recurre al relato de un supuesto linaje ancestral para presentar el kriya yoga que difunde y enseña. Se trata de ese famoso “unbroken lineage” (linaje ininterrumpido) tan común en las representaciones modernas del yoga por parte de maestros indios en occidente. El método kriya yoga sería entonces una enseñanza milenaria recuperada gracias a Babaji, un avatar o ser liberado que decidió descender al mundo y encarnar en un cuerpo humano. Babaji habría instruido a Lahiri Mahasaya, reactualizando así un linaje de enseñanzas que continúa con Yukteswar y del que Yogananda sería exponente y heredero. Estos relatos cumplen un papel tradicional en la diversa cultura del yoga, donde el factor del linaje y de la antigüedad es fundamental para que una tradición adquiera legitimidad. Hoy en día es común recurrir a estos supuestos “linajes milenarios” para reforzar el mito de un yoga “auténtico y originario”, a pesar de que esta idealización carece de fundamento histórico. Durante la obra, El Brujo nos presenta brevemente este linaje del kriya yoga, relatando algunos de los episodios de la autobiografía que describen el uso de poderes yóguicos por parte de varios maestros. De nuevo, Yogananda intentará justificar algunos de estos poderes recurriendo a teorías científicas como era tendencia en su época. El Brujo también menciona el propio poder de Yogananda para escoger el momento de abandonar el cuerpo, es decir, el instante de su propia muerte.  Esta habilidad del yogui es común en la historia del yoga, incluso en tradiciones que no se corresponden con el ideal de yoga que encarna Yogananda.

El objetivo de la propuesta teatral de El Brujo no es informar al espectador sobre la pluralidad de tradiciones existentes en la historia del yoga a lo largo de sus dos o tres milenios. Son comprensibles e inevitables, por tanto, las generalizaciones constantes sobre el yoga como si se tratase de un camino universal, y, por añadidura, sobre la propia India como tierra mística con cuya “sabiduría” se llena el grial material, pero vacío, de occidente. Esta imagen de una India espiritual por oposición a un Occidente materialista está presente a lo largo de la autobiografía de Yogananda. La construcción colonial de un “Oriente-místico” versus un “Occidente-racional” es propia tanto del orientalismo europeo de los siglos XIX y XX, como de la imagen del yoga ofrecida por célebres maestros indios en la época de Yogananda. Sin embargo, no debemos ignorar que otros filósofos indios de este mismo período se esforzaron por denunciar los sesgos que subyacen a la mistificación de su propia cultura y a la hiper-racionalización de la nuestra. La imagen exagerada de estos dos extremos responde a una distorsión histórica que no hace justicia a ninguna de las partes.

La versión de Autobiografía de un yogui que nos regala El Brujo es una propuesta valiente y valiosa, además de divertida

Más allá de posibles mistificaciones, la versión de Autobiografía de un yogui que nos regala El Brujo es una propuesta valiente y valiosa, además de divertida. Nos invita a la lectura de un libro maravilloso que puede ayudarnos a cuestionar nuestra existencia de forma inteligente, así como arrojar luz sobre el sentido de nuestra vida. También nos anima a “escucharnos a nosotros mismos de todo corazón”, expresión que El Brujo toma de Yogananda, y que asume como una buena definición del ejercicio de meditar. Precisamente con una meditación termina esta obra “rara… y larga”.

Vayamos al teatro para disfrutar de El Brujo, leamos Autobiografía de un yogui para disfrutar de Paramahansa Yogananda y consultemos la obra de Anya P. Foxen, Biography of a Yogi. Paramahansa Yogananda and the Origins of Modern Yoga (OUP, 2017) para disfrutar de un estudio académico y riguroso sobre el contexto del yoga moderno al que tanto contribuyó el kriya yoga de Yogananda.

La obra pudo verse en el Teatro Alcázar.

'Autobiografía de un yogui', de Paramahansa Yogananda interpretada por El Brujo